sábado, 4 de julio de 2015

SOBRE GRECIA


A veces ocurre que determinadas corrientes de opinión se imponen de tal manera que hacen difícil mantener el propio criterio y sobre las que si se hace alguna crítica se corre el riesgo de quedar marginado o etiquetado como perteneciente a vete tú a saber qué tipo de clase o estirpe anticuada o fuera de la modernidad.

Confieso que con lo que está ocurriendo en Grecia me ocurre algo parecido. Siempre he defendido que ante cualquier acontecimiento uno tiene que tener criterio para opinar libremente con la información de la que dispone, pero cuando las emociones se desbordan los criterios propios tienden a desaparecer.

Por ello, en plena jornada de reflexión del referéndum griego, voy a atreverme a escribir lo que pienso sobre todo ello.

Los griegos se encuentran en una encrucijada en la que sólo pueden elegir entre lo malo o lo peor. En estas circunstancias, es lógico que el pesimismo y la frustración sean la nota predominante en el país. 

Como en todas las cosas complejas de la vida, no hay explicaciones fáciles sobre cómo ha llegado Grecia a estar en esta situación. Algunas parecen sobresalir, otras están prácticamente ausentes del debate pero no tendríamos que obviarlas.

* Grecia no tenía que haber sido admitida en el seno de la Unión Europea y menos aún en la zona euro sin haberle exigido y por supuesto ayudado a que sus cuentas fueran claras y transparentes. El esfuerzo entonces no hubiera sido ni de lejos el que ahora se les plantea. Pero Grecia no puede evitar ser lo que es: un símbolo, un referente, algo así como la madre cultural de todos los europeos. Ello en sí mismo representa un orgullo para el país, pero lleva añadido algunas servidumbres.

* Que toda Europa sabía que las cuentas de Grecia estaban amañadas parece ser que es así. Pero en la propia Grecia también tenían que saberlo. No vale ahora que todos digamos que eso era cosa de cuatro políticos. Sólo hay que recordar los años previos a la incorporación de España a la UE o de la entrada en el euro y cómo los propios españoles sabíamos que íbamos a cumplir los criterios exigidos por los pelos. 

* Si en nuestro país durante los años de vacas gordas se tiró la casa por la ventana, lo de Grecia aún fue peor. Un país de pequeñas dimensiones comparado con otros de la UE y con un sector como el turismo de enorme potencial hizo bien poco por mejorar estructuras y poner orden en sus cosas. Tampoco me vale en este punto decir que todo fue cosa de los que mandaban. Los ciudadanos griegos también sacaron provecho de esos años. Huyeron de pagar impuestos, establecieron un fraude fiscal de dimensiones descomunales y alimentaron una enorme economía sumergida. La evasión fiscal que ahora que vamos conociendo saca los colores. Engrosaron las filas de los empleados públicos que llegaron a ser el 10% de la población en 2007 (un 20% de las personas con edad de trabajar). Establecieron una enorme red de clientelismo de la que todos sacaban provecho. Ostentaron un salario mínimo muy superior al de otros países como por ejemplo España, a pesar de tener un PIB per cápita sensiblemente inferior. Y mantuvieron cientos de categorías profesionales con derecho a disfrutar de la jubilación a los 50 y pocos años. Por decir algunas cosas. Los que mandaban tenían mucha culpa, pero los ciudadanos que los elegían no eran autistas y sabían lo que ocurría.


* Y así fue cómo llegó la crisis del 2008. Aquello fue como un borrón y cuenta nueva que nos situó a todos en una nueva meta de partida, cada uno en la situación en la que estaba en ese momento. Todos somos conscientes de cómo nos pilló a nosotros y lo poco que nos faltó para resbalar y caer por la pendiente. Aún estamos recuperándonos muy lejos de poder respirar tranquilos. Pero a los griegos los pilló en una situación muchísimo peor. Cuando se acabó el tiempo de hacer la vista gorda y de vivir a costa de créditos, todos nos dimos de bruces con una realidad dolorosa.

* Sí, todos habíamos vivido durante años a costa de créditos, pero soy de los que no comparto que todas las culpas haya que dárselas a los que prestaban el dinero. Alguna culpa también tiene que recaer sobre el que lo recibía. Porque si lo hubiera recibido para cuestiones de supervivencia aún podría tener disculpa, pero cuando se pide dinero para vivir bien o, peor aún, para malgastarlo, no se puede ser ajeno a las responsabilidades. España es un buen ejemplo de ello: se malgastaron enormes cantidades de dinero durante los años de bonanza, a pesar de que también se construyeron y mejoraron infraestructuras que ahora podemos seguir disfrutando. Cuando decimos que la deuda era bancaria y no estatal olvidamos que buena parte del dinero que prestaron los bancos griegos fue a parar a manos de una administración que lo malgastó de forma descarada. En buena medida, la crisis bancaria griega la ocasionó el propio Estado cuando no pudo pagar los enormes compromisos de deuda que había adquirido. 

* Así nos encontramos con unos bancos griegos que habían concedido más crédito del que deberían haber hecho, tanto al Estado como a las empresas y también a los ciudadanos (no nos olvidemos, en España todos conocemos personas que en esos años estiraron más el brazo que la manga y que actuaron de forma totalmente irresponsable, no todo fue culpa del que prestaba) y que para financiarse habían pedido dinero a otros bancos europeos, la mayoría alemanes y franceses. Cuando los bancos griegos amenazan bancarrota, la UE encuentra la solución prestándole dinero al estado Griego para que salve a sus bancos (ojo, lo de salvar bancos daría para otro artículo de opinión, ya que hay otra de esas corrientes de opinión indiscutibles que dice que eso es un horror pero que no nos dice que pasa con los ciudadanos cuando un banco cae). Claro, "salvar" a los bancos griegos significa que estos cogieron el dinero del estado para cancelar sus deudas con los bancos de Francia y Alemania que recibieron lo que les correspondía y desaparecieron de la ecuación. Es así como una descomunal deuda entre bancos privados se ha convertido en una descomunal deuda entre estados. Lo que quiero resaltar es que no hay que quedarse sólo con esta última frase, sino que hay que ver el origen de todo ello y calibrar las consecuencias de las alternativas que se podían haber tomado.

* El caso es que Grecia estaba atrapada con una deuda enorme con sus propios bancos que podían haber entrado en bancarrota y, con ellos, todo el país y ahora está atrapada con una deuda enorme con los organismos bancarios internacionales, básicamente con la Unión Europea. Y aquí es cuando empieza el relato de David contra Goliat que confieso que a veces me perturba.

* Cuando se escribe este relato como el de una pobre democracia que está luchando contra los poderes del mundo, se olvida que la UE es tanto o más demócrata que Grecia. Sí, sé que eso suena a sacrilegio, pero es una verdad como un templo. No podemos entrar en competir a ver quién es más demócrata, pero desde luego Grecia no puede dar lecciones de democracia a las democracias del resto de países europeos. Se dice que los que mandan en la UE, los miembros de la Comisión con su Presidente al frente o los responsables del Banco Central Europeo, no son elegidos democráticamente. Estoy en total desacuerdo. Todos los representantes europeos emanan de un Parlamento y de unos representantes que han sido elegidos democráticamente por los ciudadanos de los estados miembros de la UE. Aquí no hay manos fantasmas que ponen y quitan. En la UE las cosas se rigen por la democracia. Tenemos los representantes que tenemos y nos gustarán más o menos, pero están ahí porque los ciudadanos europeos lo hemos querido. Pueden no gustarnos las formas en las que se eligen los máximos representantes, pero está en manos de la ciudadanía y de los partidos y parlamentarios que se eligen democráticamente que las cosas cambien. Sí son como son es porque así lo han decidido personas que se han sometido a unas elecciones. Porque últimamente parece que Grecia sea la única democracia de toda Europa y todos sabemos que no es así. No son más demócratas los griegos que mañana votarán en el referéndum que los alemanes cuando votaron a la Sra. Merkel, ni es menos democrático lo que representa ella que lo que representa el Sr. Tsipras.

* En democracia hay que respetar la decisión soberana de la ciudadanía, así que hay que tener la máxima consideración respecto a los actuales gobernantes griegos. Desde luego, algo diferente había que hacer, porque los gobiernos anteriores al actual no habían encontrado solución a los problemas helenos, antes al contrario, las cosas no hacían más que empeorar. Así es como nos encontramos con unos gobernantes que habían prometido soluciones diferentes. De hecho habían prometido soluciones con el mínimo sacrificio. Y aquí es donde surgen los problemas, aunque no sólo aquí.

* Yo creo que todos somos conscientes de que Grecia no tiene otra solución que la aplicación de la quita de una importante cantidad de la deuda que tiene y a este punto se tiene que llegar a través de la negociación. Cuando dos negocian, ambas partes son responsables de los avances y, por supuesto de los resultados. No me vale decir que los pobres gobernantes griegos no han tenido otra salida que la de convocar el referéndum de mañana. Sólo con ver la arrogancia con la que se presentaron en Bruselas al principio de su gobierno ya se veía venir que la negociación no iba a ir por buen puerto. De hecho los propios griegos vieron que tenían que cambiar de tono y hace ya unas semanas apartaron al inicial equipo negociador de las mesas de negociación. Demasiado tarde quizás.

* Ahora, como un arma más de negociación (no nos engañemos, se trata de eso), el Gobierno griego convoca un referéndum. Tenemos poca memoria ya que cuando el Parlamento autónomo de Crimea convocó el referéndum de anexión a Rusia (seguramente auspiciado por el propio Putin), dio quince días de margen para la campaña y a todos nos pareció algo irresponsable y muy poco democrático. Sólo hay que tirar de google para ver la cantidad de artículos que se escribieron respecto a que no era democrático convocar un referéndum de esas características con sólo quince días de debate. Pues bien, el referéndum de mañana ha contado con una semana y a la corriente de opinión a la que me refería al principio de este artículo le parece una muestra incuestionable de democracia.

* Es decir, un Gobierno que fue elegido para plantear soluciones y negociar una salida a los problemas del país, tras meses de nefasta negociación entre unos y otros (en eso creo que podemos estar todos de acuerdo), ahora pasa la patata caliente a sus ciudadanos para que sean ellos los que tomen decisiones sobre aspectos económicos cuyas consecuencias dudo mucho que se puedan conocer de forma clara y transparente. ¿Cuánto hay de ello de agarrarse a la silla y mantenerse en el poder? A priori, planteándolo como una cuestión de orgullo nacional, parecía que los ciudadanos griegos iban a sumarse en bloque por la opción planteada por el Gobierno. Estos días hemos visto que no es así. En los artículos de opinión y en las tertulias donde se habla de que el pueblo griego está cansado de ser pisoteado y todas esas cosas, se obvia por completo que a cada manifestación a favor del no se ha realizado otra de iguales dimensiones a favor del sí. 

* A todos aquellos que dicen desde muy lejos estar en las carnes de los ciudadanos griegos y que ellos votarían por el no, hay que recordarles que las consecuencias de la bancarrota no las van a sufrir ellos, pero los griegos sí. Cuando vemos que el corralito de esta semana no ha desembocado en desórdenes públicos lo que parece dar a entender que los griegos apoyan la decisión de su Gobierno, olvidamos que hace semanas y semanas, meses, que los griegos han estado sacando su dinero de los bancos, unos para guardarlo debajo del colchón y otros, muchos, para sacarlo fuera del país. Se estima que han salido del país miles de millones de euros, una cifra que ha vuelto a poner en riesgo a los bancos griegos, otra vez. Los griegos no están rompiendo escaparates y quemando mobiliario público como protesta sencillamente porque su dinero ya no está en los bancos. Eso sí, los más desfavorecidos, los que menos recursos tienen, los que no contaban con saldo bancario positivo y que viven al día, entre ellos miles de pensionistas, no saben cómo van a poder seguir adelante si esta situación se mantiene y menos aún si se agrava.

Estoy convencido que tras la tormenta llegará la calma y que mañana, sea el que sea el resultado del referéndum, Grecia saldrá adelante y lo hará con un acuerdo con la UE. Al final habrá quita y estructuración de la deuda. No hay otra. Y Grecia ni saldrá del euro y mucho menos de la UE. Estaríamos todos locos si lo consintiéramos. Como también los griegos tendrán que aceptar que se incremente su presión fiscal, que se persiga el fraude como nunca, que el peso del estado se vaya reduciendo, que la edad de jubilación tendrá que ajustarse, que su gasto de defensa tendrá que reducirse (poco se habla de ello por cierto), etc. Pero me resisto a aceptar que estemos en una película de buenos y malos, de orgullos soberanos, de poderes fácticos vengativos o de inocentes sometidos a injusticias irresponsables.


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lunes, 15 de junio de 2015

UNA BUENA VIDA


Aspirar a una buena vida. Una buena vida, una expresión que nos hace pensar en disfrutar de lujos, viajes y dinero. Pegarse la buena vida decimos para ilustrar una existencia de excesos y gastos descontrolados. Pero en mi opinión una buena vida no es eso. ¿Cómo definir adecuadamente lo que es disfrutar de una buena vida?.

Para empezar, para vivir necesitamos tener cubierto un mínimo nivel de necesidades básicas y para ello hay que disponer de ingresos o recursos suficientes. Esta es una parte vital de la definición que cada uno quiera darse a sí mismo sobre lo que es tener una buena vida. Si ese nivel mínimo de necesidades incluye lujos a los que uno está acostumbrado o que desea por encima de otras cosas, los ingresos o recursos tendrán que ser altos y para ello, con una probabilidad también muy alta, tendrá que dedicar unos esfuerzos que minimizarán la posibilidad de disfrutar de la vida. Esto conduce a una espiral sin fin en la que muchas personas están atrapadas sin encontrar nunca el punto de equilibrio en el que decir basta. O peor aún, sin llegar nunca a pensar en que deberían buscar ese punto de equilibrio.


Así que hay que tener claro este primer requisito: una buena vida necesita tener las necesidades básicas cubiertas y cuanto menos cosas metamos en la definición de básicas, más sencillo y menos costoso nos será superar esta condición.


Después, una buena vida debe permitirnos desarrollar nuestras inquietudes naturales, debe permitir nuestro crecimiento personal, debe hacernos sentir que de alguna manera estamos vivos. En definitiva, una buena vida debe darnos la oportunidad de ser nosotros mismos.


¿Queda algo más para definir lo que es una buena vida? No creo en dogmas ni en definiciones incuestionables, por lo que entiendo que cada uno tendrá sus propios matices. En mi opinión, una buena vida además de lo anterior es aquella que se da en buena medida a los demás. Colaborar en proyectos sociales, comunitarios o humanitarios es una forma. Pero no se debería dar ese paso sin dedicarse lo suficiente a las personas más cercanas: familia y amigos. Así que aquí tenemos el otro requisito para experimentar una buena vida: poder atender, apoyar y ayudar a las personas que queremos y nos quieren y disfrutar de su compañía. 


Si sumamos las tres condiciones, ya podemos atrevernos a lanzar una definición:


Una buena vida es aquella:

* en la que se dispone de suficientes recursos para cubrir las necesidades básicas, 
* que nos permite ser nosotros mismos y desarrollarnos como personas 
* y que, además, permite también atender, apoyar y ayudar a las personas que queremos y nos quieren, familia y amigos, y disfrutar de su compañía.

En el fondo, la vida, sin adjetivos, es la lucha por el equilibrio razonable de estos tres puntos


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martes, 10 de febrero de 2015

VARANASI #India #Varanasi #Benarés


Varanasi al atardecer

Conocida por nosotros como Benarés, una de las ciudades santas de India, situada en el estado de Uttar Pradesh, a unos 800 kms. al este de Delhi. 
Desde Delhi, hora y media de avión, y desde Mumbai un par de horas.

Debe su nombre a estar situada entre los ríos Varana y Asi, afluentes del Ganges. 

Cuenta con unos 4 millones de habitantes y, según la tradición, todo hindú debe visitarla al menos una vez en la vida. Es una ciudad con más de 3000 años de historia, una de las más antiguas del mundo.

Se la conoce como la ciudad de Shiva. En el panteón hinduista hay tres deidades supremas, Brahma, el dios creador del universo, representado con cuatro cabezas de las que normalmente sólo tres son visibles en las representaciones ya que una queda a la espalda, y cuatro brazos. Su color es el rojo. Vishnú, el dios protector o conservador, que se representa de color azul, con cuatro brazos sosteniendo una flor de loto, una caracola, una maza dorada y un disco. Y Shiva, el dios destructor, representado con el tercer ojo en la frente y un collar en forma de cobra. Su color también es azul. Los hindús tienen cierta preferencia por uno u otro de estos dioses, siendo más asiduos en los templos dedicados a su deidad preferida. Varanasi es la ciudad de Shiva, el dios que destruye la vida para que pueda volver a ser creada. Para los hindús, ser incinerado en Varanasi representa liberarse del ciclo de las reencarnaciones y retornar al universo espiritual.
Brahma, Vishnu y Shiva (también llamado Mahesh)

El río Ganges, considerado un dios en sí mismo por los hindús, nace en el Himalaya y recorre más de 2500 kms. hasta desembocar en el Golfo de Bengala. El Ganges es Varanasi y Varanasi es el Ganges. No tendrían sentido el uno sin el otro. En una de sus orillas se suceden, uno junto al otro, los Ghats, escalinatas que conducen hasta las aguas del río. Durante siglos, diferentes personalidades indias fueron construyendo edificios a orillas del río con sus propio acceso a las aguas. Cada una de estas construcciones forma un Ghat, de los que se conservan 85. A través de las escaleras puede recorrerse la zona de los Ghats de Varanasi desde un extremo al otro, con una extensión de unos tres kilómetros. Los Ghats sólo ocupan una orilla del río. En la otra orilla se extiende una ancha y desnuda playa de arena amarilla.
 Amanece en los Ghats



 El sol se levanta en la orilla opuesta a la ciudad, como para contemplar el despertar de los Ghats


 En una orilla el bullicio, en la otra la calma


Hay dos Ghats dedicados a las cremaciones, el principal es el Manikarnika Ghat, al norte. El otro es el Harishchandra Ghat, en el sur. Este último es menos visitado que el principal por encontrarse más lejos del Main Ghat o Ghat principal, donde se concentran las ceremonias y los turistas y donde desemboca la calle principal que conduce a los Ghats.

Para los hindús es un honor ser incinerado en Varanasi. Manikarnika y Harishchandra funcionan las 24 horas del dia ininterrumpidamente, con varios cientos de cremaciones diarias. Son lugares a los que hay que acercarse con precaución y respeto. La mejor forma de hacerlo es alquilando un bote desde el mismo río. También por respeto, las fotografías sólo pueden tomarse a distancia.
El ritual de la cremación se desarrolla con poco bullicio y sin excesivas aglomeraciones. No es un lugar de duelo, tristeza y llantos, no es así como conciben los hindús el adiós a sus seres queridos. Al contrario, es una alegría saber que el fallecido ha podido ser incinerado a orillas del Ganges y que ello representa su pasaporte para acceder al lugar de reposo celestial. En cada uno de estos dos Ghats pueden verse al menos media docena de piras funerarias quemando sin cesar.
 Manikarnika Ghat

Los troncos de madera se amontonan en las barcazas que los transportan. El humo sale de las piras y las vacas se pasean tranquilamente por el lugar.

Las piras se construyen con troncos de madera que llegan hasta el Ghat en barcazas cargadas y se amontonan sobre las escaleras. Esta madera parece ser que tiene un precio exagerado para las familias más pobres, por lo que en el Harishchandra funciona también un horno eléctrico como crematorio, en un edificio que tiene una chimenea de la que sale constantemente un humo negro.


Harishchandra Ghat

                                                  

El lugar donde se sitúa la pira funeraria depende de la casta del fallecido, en un lugar menos privilegiado y cercano a la orilla para la casta más baja y, en Manikarnika, en lo alto de un edificio junto a las escaleras del Ghat para los de la casta más alta, los Brahmanes. Hay que tener en cuenta que las castas no significan un determinado nivel de riqueza. Hay intocables ricos y brahmanes pobres, pero sólo estos últimos tienen derecho a incinerar a sus muertos en la terraza del edificio comentado. Conocimos a un Brahman que era barquero en el Ganges y nos comentó que había incinerado a su padre en Manikarnika hacía un par de años y lo había hecho, como su casta le permitía, en la terraza elevada. Nos dijo también que toda la ceremonia, la compra de la madera y todo lo demás que hay que comprar o pagar para la incineración, le costó alrededor de 300.000 rupias, más de 4.000 euros al cambio actual.

Ram, que así se llamaba nuestro barquero brahmán, era un joven que hablaba un perfecto inglés y conocía perfectamente la historia de la ciudad y de los Ghats. Trabajaba en el Meen Ghat, donde estaba nuestro hotel, y fue allí donde nos lo recomendaron. Fue un total acierto. Por la mañana de nuestro primer día contratamos un barquero para dar una vuelta justo al amanecer, pero no hablaba inglés y fue un recorrido impresionante por ser nuestro primer contacto con los Ghats, pero silencioso. Después, por la tarde, al atardecer, ya dimos con Ram y la cosa cambió por completo. Ram nos fue llevando por los Ghats dándonos completas informaciones de su construcción, antigüedad, etc. Y lo mejor fue cuando llegamos a la orilla del Manikarnika Ghat, donde nos preguntó si queríamos bajar para pasearnos por él. No dudamos en decirle que sí, a pesar de que en Manikarnika la ausencia de turistas es casi completa. Los turistas sólo se acercan hasta unos metros de la orilla con las barcas, pero no se pasean entre las piras. Nosotros lo hicimos con Ram. Estaba anocheciendo y los fuegos lanzaban sus llamas entre la oscuridad. 
Acercándonos a Manikarnika con Ram a los remos




Ascendimos por las escaleras, escuchando con atención las explicaciones y los detalles que Ram nos iba dando sobre la ceremonia de cremación. Entramos en el templo de Shiva, justo en lo alto de las escaleras, donde quema el fuego eterno encendido por el propio dios hace miles de años. Los familiares toman el fuego que prenderá la pira de este fuego eterno. En las calles de atrás del templo hay un trasiego de personas que van y vienen sin cesar y a todas horas. Los familiares directos del fallecido se afeitan cara y cabeza para la ceremonia, a excepción de una pequeña coleta en la coronilla, y se visten de blanco.
El templo de Shiva, en Manikarnika, donde arde el fuego eterno

Al fallecido lo cubren con una tela de lino blanco y, sobre ella, con otras telas de colores vivos, naranjas, blancos, dorados. Sobre una especie de camillas de madera son primero llevados hasta la orilla del Ganges y sumergidos en el río, para después ser untados con diferentes productos, entre ellos esencias como el sándalo. Estas esencias consiguen que, contra lo que pudiera parecer, la zona de las cremaciones no tenga ningún olor desagradable.
En la zona no hay lloros, sólo grupos de personas que se reúnen en silencio alrededor de cada pira, no demasiadas, ya que imagino que sólo los familiares más próximos están presentes. Los encargados de que las piras prendan y de otros detalles, son miembros de la casta Dom de los intocables. Ellos encienden el fuego y se encargan de mantenerlo vivo. Las piras tienen un tamaño considerable, de un metro de altura por lo menos, con los troncos entrecruzados dejando espacio para que el aire circule entre ellos, un tamaño suficiente para que el cuerpo del fallecido tenga que adivinarse, pero apenas sea percibido entre la montaña de troncos. Verlo de cerca, a pié de pira, produce un gran respeto, pero no se perciben duras imágenes. Solo maderas, fuego, humo y un calor exagerado si te sitúas muy cerca.



No todos los cuerpos son incinerados. Las embarazadas o niños pequeños que fallecen, las personas muertas por el ataque de una cobra o de una vaca o los leprosos no necesitan de ese ritual, ya que se supone que estas personas ya están en unión con los dioses. A estas personas se las lleva también a Manikarnika, lugar donde son cubiertos por mantos dorados y, tras el pertinente ritual, son llevados en una barca hasta el centro del curso del Ganges, frente al Ghat, donde son depositados en el río con un peso para que se hundan en su cauce. Cuando nosotros visitamos Manikarnika, había el cuerpo de un niño pequeño envuelto en una túnica dorada que fue llevado hasta un bote río adentro.


Una vela encendida en un lecho de flores flotando en las aguas del Ganges

Pero los Ghats de Varanasi con mucho más que un lugar de cremaciones. En realidad, el espacio que ocupan éstas es mínimo en comparación con la extensión de los Ghats. En ellos las imágenes sorprendentes se suceden una tras otra. Santones con sus túnicas naranja y las caras pintadas de blanco, familias enteras que suben y bajan de sus barcas, niños jugando, vacas y cabras paseando por el lugar, monos que se pasean por las ramas de los árboles cercanos y las azoteas de los edificios y muchas personas, hombres y mujeres, bañándose en el río para purificarse, los hombres con apenas un taparrabos, las mujeres completamente vestidas. Para los ojos occidentales, un paseo por los Ghats de Varanasi es un derroche de impactos inesperados, de sonidos, colores y olores que saturan nuestros sentidos.

 La vista desde el balcón de nuestra habitación. Al fondo el Main Ghat




Shiva en lo Ghats

El Dasashwamedh Ghat o también llamado Main Ghat (Ghat principal) es el más concurrido de todos. En él desemboca la calle principal que conduce a los Ghats. En Dasashwamedh cada tarde a las 18,00 h. los shadu o monjes hindús celebran una ceremonia con ofrendas, fuego, incienso y campanillas sonando sin parar. Dura aproximadamente una hora y concentra a cientos de personas, muchas de ellas turistas, en las escaleras. Nosotros preferimos contemplarla desde el mismo río, en un bote junto a otras docenas llenas de gente extasiada por el espectáculo, encendiendo pequeñas velas con flores que se depositan sobre las aguas del río.
 La ceremonia en el Dasashwamed Ghat desde las aguas del Ganges


Varanasi es más que sus Ghats, pero ellos solos valen una visita a la ciudad. Uno no se cansa de pasear por ellos, a pie por las escaleras o en bote arriba y abajo. En tres días de estancia nosotros hicimos cuatro viajes en bote, el último en uno con motor que nos permitió llegar más lejos y contemplar casi todos los Ghats que se conservan. Un viaje en un amplio bote con a remo de una hora de duración sale por unas 150 rupias (un euro y medio). El mismo tiempo en un bote con motor nos costó 300. Hubiéramos estado todo el día paseando sobre el río maravillándonos del espectáculo de vida y muerte que se presencia en la orilla.







Más allá de los Ghats, están las calles estrechas que van a dar a ellos. Forman parte de la zona más antigua de la ciudad. Callejuelas como las que podemos encontrar en los zocos árabes, llenas de gente y tiendas con ofertas de todo tipo. Ruido, aglomeraciones, vacas paseando que apenas dejaban seguir el camino y suciedad, mucha suciedad. Si se viaja a Varanasi hay que estar dispuesto a entender que la suciedad forma parte intrínseca de la ciudad. Es algo tan asumido que en general no genera ningún rechazo. Pero las calles alrededor de los Ghats están muy sucias. Desde excrementos de vacas y de cualquier otro tipo de animal de los muchos que se pasean por allí hasta aguas residuales o la basura de las casas. Será porque uno se acostumbra rápido o porque hay numerosos puestos donde se cocina comida a pié de calle o se queman esencias, las calles no huelen especialmente mal. Al menos a mi no me lo pareció. Eso sí, pasear por la noche es correr un alto riesgo de pisar el particular regalo de alguna vaca.


 En Varanasi hay que estar dispuesto a contemplar estas imágenes


 Un grupo de búfalos sobre las escaleras

La cabra en el pedestal observando el río

 Este es el punto en el que la calle principal llega al Main Ghat




Más allá de las estrecheces junto a los Ghats, las calles se ensanchan y aparece el tráfico rodado, imposible en las calles estrechas a excepción de las motos que se meten por todos lados. Los coches sólo pueden llegar a una distancia aproximada de 500 metros de la orilla. A partir de un determinado punto, no pueden acceder, aunque la calle siga siendo ancha. Ello no impide que el tráfico siga siendo horroroso y peligroso, porque la calle se llena de motos, bicicletas, rickshaws y carromatos de todo tipo, sin contar los animales que son omnipresentes en cualquier lugar de la India.







Si se reserva un hotel a la orilla del Ganges hay que asumir que el taxi sólo podrá llevarnos hasta esa distancia y que los últimos cientos de metros tendremos que llevar la maleta a rastras o contratar un ciclo-rickshaw para que nos lleve lo más cerca posible. Aún así, los últimos metros tendremos que hacerlos por calles estrechas donde no caben ni los rickshaw. Lo suyo es avisar al hotel para que alguien venga a buscarnos al punto donde paran los taxis y que nos ayude con el equipaje hasta la recepción.



 No lo dudéis: un hotel a orillas del Ganges es la mejor opción si visitáis la ciudad. Estas son las vistas nocturnas desde nuestra habitación, con la ceremonia en el Dasashwamedh desarrollándose al fondo, llena de luz y sonido y gente disfrutándola desde los botes. Procurad que el hotel no esté muy alejado de este ghat.


El Ganges tiene fama de estar muy contaminado. Parece que si te tocan sus aguas se te puede caer la piel a tiras. Los indios se bañan sin problemas, pero es como si fuera un río prohibido para occidentales. No quise irme de Varanasi sin romper con este mito. Pero tampoco es cuestión de ponerse un bañador y bajar por un ghat hasta la orilla. Hay que ser respetuoso con los rituales y no me parece adecuado hacer una "turistada" de ese calibre. Nosotros buscamos a un Brahman y le solicitamos una ceremonia de buena suerte para la familia. Nos citamos con él a las 7 de la mañana en la orilla de la playa y allí, entre la niebla matinal y mientras el sol se alzaba poco a poco, sentados sobre unas esterillas bajo una rudimentaria carpa de tela, participamos en un ritual lleno de calma, en el que acabamos ofreciendo nuestra vela encendida al río y, finalmente, nos mojamos hasta las rodillas. Una experiencia inolvidable.
 Descargando mi inseparable mochila


 El escenario de la ceremonia


 La playa con la niebla matinal

 



Ram llevándonos de nuevo a la ciudad, cubierta de niebla

Plantearse un viaje a India para ir directamente a Varanasi puede resultar un poco duro. En Varanasi se concentra lo más extremo de India, desde su vertiente religiosa, con las cremaciones como símbolo, hasta el propio atractivo del Ganges, el bullicio y el tráfico agobiantes, las olores, la suciedad, etc. Todo nos parecerá exagerado, inmenso, extraño, desconcertante. Por ello, en mi opinión, antes de llegar a Varanasi sería aconsejable conocer un poco el país y su cultura, pasando algunos días en Delhi y aprovechando para visitar el Taj Mahal, por ejemplo. Yo no pondría Varanasi al principio de una ruta por India, creo que es una ciudad que se disfruta más si se conocen un poco las costumbres indias y uno sabe ya manejarse por sus calles, entre su tráfico, en sus restaurantes, con sus tuc-tucs o rickshaws, etc. De cualquier modo, si se viaja a India, hay que visitar Varanasi. Hay vuelos directos desde los principales aeropuertos de entrada al país, por lo que es una ciudad que se puede incluir sin dificultad en cualquier visita al país.



 Escenas de las calles de Varanasi





 Para llamar la atención, la persona que tenía amaestrado a este mono decía "Paquistaní, paquistaní"


 La vaca como monumento y como una realidad omnipresente


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