Mostrando entradas con la etiqueta EVOLUCIÓN. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta EVOLUCIÓN. Mostrar todas las entradas

martes, 19 de abril de 2011

NEANDERTALES Y SAPIENS


Es difícil hacerse la idea de que en algún momento llegaron a coexistir varias especies del género Homo. Aunque hay un camino evolutivo bastante aceptado internacionalmente, siguen habiendo huecos importantes entre los diferentes eslabones que llevan de una especie a otra. Parece que hace unos 6 millones de años vivió el antepasado común a los primeros representantes del género homo y los primates. A partir de ese momento, empieza a diversificarse nuestro árbol genealógico. Desde los primeros Australopitecus que habitaron en las selvas africanas hasta nosotros, nuestros antepasados tuvieron que recorrer un largo camino. Todos ellos compartieron la bipedestación, el constante desarrollo craneal y la posibilidad de hacer una pinza de precisión con nuestro pulgar y el índice. 




La coincidencia de especies de homínidos nos parece extraña y anecdótica, pero es fácil comprobar cómo en la naturaleza los diferentes géneros de mamíferos se componen de numerosas especies. No nos extraña la gran diversidad alcanzada por el orden de los roedores, por ejemplo, pero se nos hace difícil de imaginar la existencia de otras especies de humanos. Lo que es seguro es que Neandertales y Sapiens compartieron época y que los primeros desaparecieron en un momento tan cercano en términos evolutivos como hace apenas 35.000 años.




¿Qué hubiera ocurrido si los Neandertales no se hubieran extinguido, si siguieran habiendo miles o millones de ellos entre nosotros? Si la humanidad es racista entre congéneres de la misma especie, ¿cómo hubiéramos tratado a los Neandertales? O ellos a nosotros, que nunca se sabe... Lo que sí se sabe con certeza que los Neandertales dominaban el lenguaje y tenían una mente simbólica como la de nuestros ancestros, enterraban a sus muertos y seguramente tenían su forma particular de arte. Desaparecieron y todo lo que podemos hacer es especular y elaborar teorías sobre las causas: no se adaptaron a los cambios del clima, fracasaron en su competencia por el medio con nosotros, etc. El caso es que podrían estar vivos y coleando junto a nosotros, como coexisten las especies y subespecies del género Panthera: leones, tigres, leopardos y jaguares.






En los últimos años se han encontrado pruebas en nuestro ADN de que se produjeron relaciones entre Neandertales y Sapiens. El mayor inconveniente para ello no debió ser la mayor o menor semejanza física, sino los aspectos culturales que los separaban. Nada que no esté ocurriendo hoy entre nosotros...




======================================

ORIGEN DEL LENGUAJE



Esta semana tuve la ocasión de compartir una larga conversación con el antropólogo José Mª Bermúdez de Castro, codirector del yacimiento de la Sierra de Atapuerca en Burgos, el de mayor valor de nuestro país y, en muchos aspectos, de Europa. Bermúdez, que forma parte del grupo de investigadores que ganaron el Premio Príncipe de Asturias en 1997, es una persona afable, de conversación sencilla y amena y gran conocedor de la evolución del hombre. De lo mucho que tuve ocasión de preguntarle y aprender, me llamó especialmente la atención el abordaje innovador que están haciendo para el estudio de la aparición del lenguaje.


Durante años se ha intentado esclarecer el momento en el que apareció el lenguaje por dos vías: el estudio del lugar donde se interpreta, es decir, el análisis del posible desarrollo de las áreas del cerebro relacionadas con el lenguaje a través de las mediciones que se han hecho en los cráneos encontrados y, por otra parte, el análisis del lugar donde se origina, los huesos cercanos a la zona de la garganta donde tiene su origen el habla. Ni las palabras ni los tejidos blandos con los que están formadas las cuerdas vocales y demás órganos de la lengua se conservan, así que hay que ser imaginativos.


Hay que tener en cuenta que nuestra laringe se encuentra en una posición mucho más baja que en los primates, lo que parece incongruente con la evolución, ya que esta posición tan baja nos provoca la imposibilidad de respirar y beber a la vez, como pueden hacer los chimpancés y que sin duda es una ventaja para vivir en el medio natural, y por otra parte nos provoca atragantamientos con un incremento del riesgo de muerte, lo que también parece chocar con la teoría de la evolución ya que ¿por qué el ser humano tiene una variación en su organismo que parece a priori más perjudicial que la que conservaron otras especies provenientes de los mismos ancestros? El propio Darwin dio respuesta a este caso diciendo que ello era posible cuando el órgano perdía su capacidad para algo a cambio de conseguir otra capacidad aún de mayor beneficio. Como curiosidad, decir que hasta los dos años de vida, los bebés conservan la laringe alta como adaptación a la lactancia, y por ello son capaces de succionar la leche y seguir respirando. A partir de esa edad, se producen cambios morfológicos y nuestra laringe baja. Por desgracia la laringe es cartilaginosa y no fosiliza…
Ninguna de las dos vías antes comentadas han dado resultados concluyentes. Hasta que al paleontólogo profesor de la Universidad de Alcalá de Henares y también miembro del grupo de investigadores de Atapuerca, se le ocurrió una nueva vía de estudio para este asunto: analizar los huesos del oído.


Ignacio Martinez Mendizábal


El supuesto parte de la idea de que nuestra audición está adaptada a lo que nosotros necesitamos, entre otras cosas escucharnos unos a otros, y que es distinta de la de otros primates como el chimpancé por ejemplo. Nuestra frecuencia auditiva es superior a la de los chimpancés, entre otras cosas porque nuestros ancestros se desarrollaron en un medio que no era la selva, donde los sonidos se desplazan de una forma muy distinta que en un medio abierto como por ejemplo la sabana. Al final es tan sencillo como analizar el “ancho de banda” nuestro y de los primates. Sucede como en los ordenadores: cuanta más información y más rápidamente circula, mayor es el ancho de banda que se necesita. En el caso de los humanos, el ancho de banda medido en el tipo de frecuencias que somos capaces de captar, es mayor que el de los primates y, por tanto, que nuestros ancestros comunes.




En el yacimiento de la Sima de los Huesos en la Sierra de Atapuerca se conservan todos los huesos de un buen número de individuos, incluyendo los huesos del oído. El sentido del oído se sitúa dentro de un órgano óseo formado por cavidades donde resuenan los sonidos en unas frecuencias determinadas. Analizar estas cavidades y compararlas con las que tenemos hoy en día es, como dice el profesor Martinez Mendizábal, una cuestión de física.
Estos estudios han concluido que los habitantes de la Sima de los Huesos tenían una capacidad auditiva como la nuestra y que, por tanto, estaban capacitados para el lenguaje, y que sólo éste podría haber dado lugar a esa capacidad auditiva, por lo que se cierra el círculo. Los individuos analizados que habitaron el lugar no son de nuestra especie, ya que se trata de huesos de Homo Heilderbergensis, especie que sí dio lugar a los Neandertales. 






Así, si los Heilderbengensis y nosotros compartimos esta capacidad, cabe pensar que nos la legó nuestro antepasado común, el Homo Antecesor que también habitó hace 1,2 millones de años en la Sierra de Atapuerca, aunque de momento aún no se han hallado huesos del oído de esta especie… El profesor Martinez Mendizábal está seguro de que se encontrarán y de que se acabará demostrando que el lenguaje apareció hace más de un millón de años... por lo menos...
                                     ¿Podría decirnos algo?
==============================

domingo, 11 de abril de 2010

THE BIPEDESTRIAL SPIDER THEORY

La teoría de la araña bípeda

Hace unos años tuve el privilegio de visitar el yacimiento de Atapuerca, en el corazón de la provincia de Burgos, de la mano de dos de sus directores, los profesores José María Bermúdez y Eudald Carbonell. En la cena que compartimos tras la visita y una serie de ponencias sobre el desarrollo de la mente humana, tuve la oportunidad de charlar largamente con el profesor Carbonell, uno de los antropólogos de mayor prestigio de nuestro país y una persona muy peculiar, de las que hay que conocer. En aquella época yo estaba muy interesado en la evolución y me parecía que tanto alarde humano era exagerado. Sigo pensando que no somos más que una anécdota si contemplamos la globalidad de la vida. Así que mientras él argumentaba a favor del papel del homo sapiens en la evolución, yo humildemente quise arrojar un guante a favor del resto de los seres vivos del planeta y poner en duda tanto argumento antropológico. Le comenté al ilustre profesor que si se considera que la bipedestación fue de gran ayuda en el desarrollo del cerebro humano, ya que liberó nuestras manos y éstas pudieron dedicarse a otros menesteres como la fabricación de instrumentos, todo ello con el lógico feed back positivo para la evolución de nuestro intelecto, ¿qué podría ocurrir el día que una araña decidiera ponerse en pié sobre sus dos patas traseras y liberara nada más y nada menos que sus otras seis patas? A eso lo llamé en mi improvisado comentario la “bipedestrial spider theory”, hice un dibujo de una araña puesta en pié sobre un papel y le pedí que me dedicara un autógrafo, cosa que el profesor Carbonell hizo con una mueca de desconcierto. Días después plastifiqué el documento que guardo con cariño.

Eudald Carbonell

===================================

domingo, 21 de marzo de 2010

SOBRE EVOLUCIÓN Y PROGRESO

Ayer compré un libro de entrevistas a personajes de nuestra época y he vuelto a encontrarme con mi divulgador científico preferido, el zoólogo y geólogo Stephen Jay Gould (http://www.stephenjaygould.org/). Evolucionista convencido, sus teorías explicadas de forma sencilla y divertida en sus numerosos libros, han influido enormemente en mi forma de entender la evolución. S. J. Gould falleció en 2002, pero su legado y su forma de interpretar de dónde venimos y cómo hemos llegado hasta aquí, permanece viva y actual en las páginas de toda su prolífica obra.


En la entrevista en cuestión, Gould explica las diferencias que hay entre evolución y progreso. No podemos afirmar que la evolución en sí misma tenga ninguna tendencia hacia lo que consideramos progreso. Los mismos seres vivos que poblaron y ocuparon la Tierra hace casi 4.000 millones de años son los que lo hacen hoy en día: las bacterias siguen siendo los organismos más diversos y extendidos del planeta. Lo demás, los seres pluricelulares, siendo como somos muy vistosos, no somos más que consecuencias colaterales. Por supuesto que la evolución ha producido de forma creciente formas cada vez más variadas, en adaptación al medio cambiante, pero ello no prueba que haya un objetivo concreto, una tendencia determinada hacia el progreso.

De la obra de Jay Gould recomiendo sin duda “La vida maravillosa”. En este pequeño libro se resume toda su visión sobre la evolución. Para mí fue toda una revelación.



De forma convencional aún se interpreta la evolución según el esquema del “cono de diversidad creciente”, representado de la siguiente forma:

La interpretación de esta imagen muy arraigada en nuestras percepciones conduce a significados erróneos. La altura nos habla del tiempo transcurrido y la anchura de la diversidad morfológica. Pero, ¿cómo interpretamos el “arriba” y el “abajo”? Deberían significar sólo más reciente y más antiguo, pero también nos lleva con facilidad a pensar en más complejo y más sencillo, más avanzado y más primitivo. Es decir, la localización de cada ramita en su posición vertical nos lleva a situarla en el tiempo y además, por desgracia, a dotarla de valor. Y encima de todo ello, situamos al ser humano, como la cúspide de la “pirámide de la vida”. Si fuera así, y teniendo en cuenta que en la escala de tiempo de la evolución aparecimos hace un instante, ¿deberíamos considerar todos los miles de millones de años de evolución como una gran preparación de nuestra llegada? La enorme mayoría de los seres que consideramos más simples que nosotros no son ni de lejos antepasados nuestros, sino ramas colaterales en la evolución de la vida.

S. J. Gould propone un esquema diferente que resume mejor lo que realmente significa la evolución: el esquema de "Diezmación y Diversificación".

Nuestro planeta contiene hoy muchas más especies que en su origen, pero la gran mayoría de ellas deriva de unos pocos diseños morfológicos que aparecieron ya en un principio, en el momento en que explota la vida pluricelular, hace unos 600 millones de años. Los océanos y continentes de hoy en día gozan de un número mayor de especies, pero están basadas en muchos menos planes anatómicos. La máxima gama de posibilidades aparece en el primer impulso de diversificación, el resto es una historia llena de restricciones, desapariciones y adaptaciones a un mundo cambiante.
El cono de diversidad creciente ha llenado los libros de texto de ejemplos erróneos. Todavía aparece en ellos como gran ejemplo de la evolución, los cambios que fueron sufriendo las diferentes especies precursoras de nuestro caballo moderno. Diferencias en tamaño corporal, en los dedos de las pezuñas, la longitud de los dientes, hasta dar con el caballo que conocemos. Y todo ello se describe como un éxito evolutivo, como los pasos necesarios para llegar a la cúspide de la perfección.
S. J. Gould nos habla de una visión totalmente contraria: cuando de una determinada línea evolutiva queda una sóla especie presente hoy en día no debemos hablar de éxito evolutivo, sino de fracaso al borde de la extinción. El éxito evolutivo hay que contemplarlo en los roedores o los murciélagos, verdaderos campeones de la vida mamífera en palabras de Gould. Hay más de 2.000 especies diferentes de roedores clasificadas y un millar del orden de los murciélagos. Estos son ejemplos de ramas diversificadas y vigorosas. ¿Y qué pensar sobre el hombre, única especie viva del orden de los homínidos? Hace unos pocos miles de años éramos aún un par de especies, nosotros y los Neandertales, y un poco más atrás, con el Homo Erectus, posiblemente tres. Ahora sólo una, ¿éxito de la evolución? El 80% de las especies de seres pluricelulares que se conocen son artrópodos. Deberíamos reflexionar un poco acerca de ello.

Por último, decir que quienes defienden la supremacía de la especie humana sobre el resto de seres vivos esgrimen nuestro poderoso cerebro y nuestra capacidad de “dominar” al resto de vida del planeta como argumentos sólidos de nuestra superioridad. Y yo suelo contestar que si un ratón tuviera nuestro cerebro, no sería un ratón, sino otra cosa, pero lo cierto es que los ratones, con sus cualidades y sus desventajas, han llegado hasta aquí, igual que nosotros con nuestro gran cerebro. Aún más, han llegado hasta aquí siendo muchos más y más variados. Y sobre nuestro poder de dominación, siempre me pregunto si las hormigas son conscientes de ellos o si realmente seríamos capaces de “dominarlas” o eliminarlas de la faz de la Tierra sin eliminarnos a nosotros mismos primero.
==========================================

miércoles, 25 de marzo de 2009

SOBRE LA EVOLUCIÓN

UNA LECCIÓN DE HUMILDAD

(Noviembre 2004)


La conclusión de un artículo que he leído recientemente, en el que se reproduce una conversación entre un periodista y un paleontólogo, es que la evolución de la vida en la Tierra ha tenido una dirección única. Una dirección que ha dado lugar a la aparición del ser humano. Es más, llega a decir que si en otro planeta en el que se dieran las mismas circunstancias que se dieron en la Tierra, se desarrollara vida, ésta acabaría conduciendo a algún tipo de ser muy parecido a nosotros. Por último, como consecuencia de lo anterior, también se afirma que los mamíferos tienen muchas cualidades que los hacen "superiores" al resto de seres vivos del planeta.

Mi punto de vista es radicalmente distinto. No conozco demasiado el desarrollo de los homínidos, pero he leído algo sobre evolución. En primer lugar, suponer que los mamíferos, cuyas cerca de 4.000 especies diferentes representan mucho menos del 1% del total de las especies de animales existentes en el planeta, tienen algún tipo de "ventaja" respecto al resto de seres vivos, es mucho suponer. De entrada decir que existen millones de tipos diferentes de seres unicelulares que, desde hace 3.800 millones de años, no han dejado de prosperar, diversificarse y vivir completamente a sus anchas. Pensar que los mamíferos o el propio ser humano tienen alguna ventaja competitiva respecto a las bacterias es mucho decir. Pero centrándonos en los seres pluricelulares, ocurre exactamente lo mismo. ¿Un hombre es "superior" a un pájaro, como se afirma en el artículo?. Vamos, eso lo decimos como "hombres", probablemente si les preguntáramos a los pájaros dirían otra cosa. Dice el artículo que "parir representa una ventaja respecto a poner huevos". ¿Y si intentamos dejar de verlo desde el punto de vista del ser humano?. Imaginemos qué pensaría una gallina al respecto: si una gallina no pusiera huevos y tuviera que engendrar crías en su seno, ¿qué ocurriría?... ¡pues que no existirían las gallinas! (tendrían que tener un diseño diferente y, por lo tanto, ya no serían "gallinas" como las que conocemos). El ser humano no es precisamente un ejemplo de "éxito evolutivo", teniendo en cuenta que de todos los homínidos que han existido sobre la Tierra sólo sobrevive una sola especie: la nuestra. Podríamos hablar de éxito evolutivo si nos refiriéramos a los escarabajos, de los que hay miles de especies diferentes (el 80% de las especies animales existentes son artrópodos...) o, entre los mamíferos, los roedores, de los que hay docenas de representantes.

Nos cuesta imaginar que aquello que nos define a nosotros como especie no tiene por qué ser el objeto al que deben dirigirse en su evolución todas las ramas de seres vivos. Y yo me pregunto, aunque suene a absurdo, ¿qué haría un abeto con nuestra inteligencia o una araña desplazándose sobre sus dos patas traseras en perfecta bipedestación? (por cierto que en este último supuesto, ¿podemos imaginarnos el cerebro que podría haber conseguido una araña con ¡6 “manos” libres!?). Y hay más especies vivas de abetos y arañas que de homínidos. La inteligencia o cualquier otro atributo de nuestro diseño físico o psíquico, no son fines para la evolución ni para la vida. La vida es algo mucho más simple. Sobre las teclas del ordenador hay más seres vivos que personas habitan la tierra, aunque no podamos verlos con nuestros desarrolladísimos ojos. Seres vivos que ahora mismo están naciendo, desarrollándose, generando descendencia y muriendo. Así de sencillo. Y no vale el tópico que dice que los humanos tenemos que tener algo “mejor” pues “dominamos” al resto de los seres vivos. Me gustaría saber de qué manera “dominamos” a las diferentes especies de hormigas, por ejemplo. Podemos “dominar” un fox-terrier, pero poco más. Tenemos tanto “poder” sobre el resto de los seres vivos, como el que podrían tener algunos “microbios” sobre nosotros.

Las palabras "superior" e "inferior" son un ejemplo del egocentrismo con el que actuamos los humanos. Lo correcto sería hablar de "complejidad", eso sí es aceptable. Pero hay que tener en cuenta que el camino hacia la complejidad es una anécdota comparada con la diversidad de seres vivos que pueblan la Tierra. La evolución de la vida podría representarse en una gráfica de coordenadas en la que en el margen izquierdo tuviéramos la máxima sencillez, es decir, el principio de todo, y hacia la derecha se tendiera hacia la complejidad. Obviamente la evolución no puede tomar el sentido hacia la izquierda, pues la vida no puede ser más simple que los más simples seres vivos existentes. En cambio sí puede caminar hacia la derecha, aumentando en complejidad. Pero la inmensa mayoría de seres lo único que han hecho en los cerca de 4.000 millones de años de posible evolución, ha sido diferenciarse y aumentar en variedad, manteniéndose cerca de la sencillez. Así, las bacterias y el mundo de los protistas, ha llegado a ocupar todos y cada uno de los posibles ecosistemas del planeta. ¡Hay miles de millones de bacterias en cada uno de nuestros propios estómagos! (la llamada "flora intestinal", que conserva su nombre de la época en que las bacterias se adjudicaron al mundo de las plantas..). En definitiva, todos los seres complejos (más complejos que una ameba) no somos más que anécdotas en la diversidad de la vida animal. Y de esas "anécdotas" el hombre no es más que una minúscula ramita.

Gráfica de la Evolución de la Vida:





La vida la definimos como una asociación entre proteínas y ácidos nucleicos que dio lugar a un ente individual y autónomo capaz de aprovecharse de la energía del medio para desarrollar un ciclo de existencia tras el que desaparecer dando lugar a descendencia. Considerado así, no hay más seres “superiores” o “inferiores” que los que nos queramos inventar. Todo lo demás han sido variaciones que han permitido mayor diversidad y complejidad, dando lugar a la aparición de seres vivos capaces de aprovechar nichos de vida y subsistir.

Por otra parte, decir que si en otro planeta del universo se dieran las mismas circunstancias que se dieron en la Tierra hace 4.000 millones de años se llegaría a algún tipo de ser vivo muy parecido a nosotros.... es una afirmación inaudita. En mi opinión nada estaría más lejos de la realidad. Hay una frase de un conocido evolucionista (que por cierto se menciona en uno de los artículos que nos has enviado), Stephen Jay Gould, que me impresionó la primera vez que la leí. S. Jay decía que "si pudiéramos rebobinar la película de la vida sobre la Tierra varios cientos de millones de años atrás y la volviéramos a poner en marcha, probablemente muy poco de lo que hoy reconocemos sobre la faz del planeta sería tal como es". Y si nos quitamos complejos, eliminamos los tópicos y usamos el sentido común, la mezcla de azar con selección natural que explica la evolución tendría a la fuerza que haber dado lugar a resultados diferentes. Por lógica, se partiría de un ser sencillo, capaz de surgir desde los elementos más simples existentes en la base de la vida, y desde ese ser la variedad tomaría el camino de la diversidad y de la complejidad. Todo lo demás sería diferente (sería... o "es", dado que el inimaginable número de estrellas y planetas que existen en el Universo tiene que hacernos pensar que HAY vida en algún otro lugar... Otro concepto que nuestro egocentrismo nos impide ver con toda su lógica).

Pero eso sería ya otro tema…

.....................................................................................

jueves, 5 de marzo de 2009

SOBRE LA TEORÍA DE LA EVOLUCIÓN

Cuanto más leo sobre evolución y darwinismo, más encajan todas las piezas. De lo último que he leído, un par de cosas me han llamado la atención (lo más interesante de leer es encontrar cosas que te hagan parar la lectura, pensar unos instantes, releer algunos párrafos para entenderlos bien y decir algo parecido al "eureka" de los griegos).

La primera es una de las tres bases fundamentales de la teoría de la evolución de Darwin. Yo tenía una imagen un tanto bucólica de lo que era un ecosistema. Un lugar donde conviven una determinada diversidad de seres vivos en cierta armonía, con un equilibrio que parece ser la consecuencia de una tranquila estabilidad. Pues no, no es así. Cualquier ecosistema que nos imaginemos es un lugar durísimo, donde la lucha por la supervivencia es diaria y constante y en la que, a la más mínima debilidad o flaqueza que muestra una especie, es aprovechada por otras para su inmediata aniquilación (lo que a su vez suele provocar la aniquilación de la especia aniquiladora...). La estabilidad que pueda aparentar un ecosistema es consecuencia de una guerra sin cuartel sorda pero real. Esta visión que aportó Darwin a la biología, fue muy criticada en su tiempo, ya que hasta ese momento la "paz" en la naturaleza, la coexistencia de las especies vivas en el planeta, era posible gracias a que Dios lo quiso así, por lo que solo podría ser consecuencia de la bondad y la fuerza benefactora de ese ser divino. Los animales y las plantas convivían en paz, porque Dios así lo había querido... ¡Nada más lejos de la realidad!...

Como he mencionado lo de las tres bases fundamentales de la teoría de la evolución, aprovecho para exponerlas brevemente. La primera es la que he comentado: los seres vivos luchan sin cuartel por su supervivencia. De esta premisa se derivan muchas otras. Sólo por poner un ejemplo, esa lucha por la supervivencia conduce a que los seres vivos tengan mucha más descendencia de la que puede sobrevivir (o de la que llegará a reproducirse), ya que sólo de esta manera pueden asegurar en parte su propia existencia como especie.

La segunda base de la teoría es la que explota el hecho de que la mutación es no solo posible sino absolutamente cierta y natural y que, cuando se mezcla con la selección, conduce a cambios permanentes. Y ésto es una fuente inagotable y rica de argumentos. Por ejemplo, la relación entre mutación y azar es de una riqueza impresionante. El azar no tiene que ver con la mayor o menor dificultad en que un hecho suceda, sino en la cantidad de veces que tiene que repetirse un acontecimiento para que algo ocurra. En fin, es un tema apasionante por si mismo.

Y la tercera premisa de la teoría es el esfuerzo que hizo Darwin para demostrar que los pequeños cambios que se producen en cada momento por mutación/selección, repetidos tantas veces como la probabilidad permite y durante miles, millones de años, pueden dar lugar a que un mamífero parecido a una minúscula musaraña acabe diversificándose y dando lugar a un elefante...

(2004)

jueves, 12 de febrero de 2009

¡FELIZ ANIVERSARIO, CHARLES!

200 ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DE CHARLES DARWIN

200 aniversario del nacimiento de Charles Darwin


Hoy se cumple el 200 aniversario del nacimiento de Charles Darwin. Una buena fecha para recordar...

Y este año también celebramos el 150 aniversario de la publicación del "Origen de las especies"


He encontrado un artículo fascinante en la edición de La Vanguardia del domingo 6 de julio de 1884 en la que se etiqueta a Darwin de "moderno"... El tiempo es inexorable, aunque cabe decir que las ideas de Darwin fueron tan modernas... que siguen estando de actualidad.

miércoles, 4 de febrero de 2009

SOBRE EL ORIGEN DE LA VIDA

SOBRE EL ORIGEN DE LA VIDA
(Enero 2003)

* Pero, ¿qué es la vida?

Lo primero que hay que considerar al hablar del origen de la vida, es a qué nos referimos cuando hablamos de “vida”. Instintivamente todos podemos reconocer lo vivo de lo no vivo, al menos cuando se trata de macroorganismos. Pero si nos vamos a los extremos, las cosas no son tan fáciles. Cabe preguntarse ¿qué es la vida?. Un ser vivo puede definirse desde muchos puntos de vista. Podemos realizar una definición fisiológica, centrándonos en las funciones que son capaces de realizar los seres vivos, es decir, alimentarse, excretar, respirar, moverse, reproducirse, etc. Una definición metabólica se basaría en el intercambio de materiales que lleva a cabo un organismo vivo con su entorno (el metabolismo). Una definición bioquímica nos hablaría de enzimas y ácidos nucleicos, y otra termodinámica diría que un ser vivo es un sistema abierto que intercambia energía y materiales con su ambiente.

Eligiendo una de las múltiples definiciones, podemos decir que un ser vivo es una entidad individual, de dimensiones muy variables pero concretas, que utiliza la química del carbono para efectuar una serie de funciones agrupadas, en general, bajo las tres denominaciones siguientes:
- Autoconservación.
- Autoreproducción.
- Autoregulación.

La Autoconservación es la capacidad que tienen los seres vivos de evitar la tendencia que todos los sistemas tienen al desorden, es decir, la capacidad de conservar su entropía, lo que hacen a expensas del medio ambiente a través de la respiración y la nutrición y, como última fuente de energía, la energía solar. Cuando un organismo vivo, a causa de la acumulación de desperdicios en su medio interno y a la desincronización de las reacciones metabólicas, no es ya capaz de almacenar la energía ambiental necesaria para su conservación, muere.

La Autoreproducción es la facultad de utilizar la energía para sintetizar los elementos constituyentes de su propio organismo. Esta función no se detiene aquí: un ser vivo llega a ser capaz de duplicarse a sí mismo y sintetizar otro individuo enteramente nuevo semejante a él, gracias a la réplica del ADN y a la división celular.

La Autoregulación es la posibilidad que tienen los seres vivos de reemplazar cualquier elemento celular depauperado y adaptarse lo mejor posible a su entorno a fin de mantener su constantemente amenazada individualidad. Una modificación en el medio que atente contra la integridad del organismo, desencadena un cambio de comportamiento tendente a restablecer el equilibrio, lo que hace posible la adaptación al medio cambiante.

Estas tres funciones ilustran la complejidad que oculta cualquier organismo vivo, por diminuto y simple que sea. ¿Cómo, a partir de simples átomos, pudo llegarse a esta extrema complejidad?.


* La vida, ¿un proceso irrepetible?

Es importante tener en mente una referencia temporal. Nos dicen los físicos que el famoso big-bang que dio lugar al universo que hoy conocemos, se produjo hace entre 13 y 15.000 millones de años. Hay que dar otro salto importante para llegar a la formación de la Tierra. Nuestro planeta existe como tal desde hace unos 4.500 millones de años. Por cierto, que a los que piensen que la vida en la Tierra durará eternamente o a todos aquellos que nunca se lo han planteado, hay que decirles que tenemos fecha de caducidad. Nuestro apreciado sol, como todas las estrellas, tiene una existencia limitada y cuando nos falte él (en realidad mucho antes), nuestro planeta volverá a ser biológicamente estéril. Estamos aproximadamente a la mitad del camino.

¿Es la vida un fenómeno único en el Universo, un hecho que se produjo en un lugar privilegiado, a través de una serie de circunstancias tan especiales que no se ha dado en ningún otro lugar o bien es un hecho banal, común en cientos, miles o millones de lugares distintos?. En realidad no hay término medio. O bien hemos de pensar en algo irrepetible, en cuyo caso es imprescindible contemplar la intervención divina, o si se trata de un proceso difícil, pero posible, si tenemos en cuenta las magnitudes del Universo ha tenido que producirse necesariamente en multitud de lugares distintos. Y ello no sería una consecuencia posible, sino totalmente cierta y verosímil. En el primer caso sería vano encontrar ningún tipo de explicación científica. En el segundo, la vida es un hecho habitual, banal, presente en incontables mundos y debe seguir una cierta lógica. En las próximas líneas seguiremos la estela de esta última explicación.

Si consideramos la vida un hecho “posible” (y lo es, ya que la vida es una realidad) y científicamente explicable, lo primero que hay que tener en cuenta es que en nuestro planeta se desarrolló a través de un antepasado común. Un ancestro único que se deduce de las múltiples similitudes existentes entre todos los seres vivos conocidos sin excepción:

- Mismos monómeros componentes de los elementos básicos que componen la vida: las proteínas y los ácidos nucleicos.
- Mismo sistema de replicación, a través del ADN y del ARN.
- Procesos metabólicos muy similares en todas las células: qué moléculas hacen qué cosas, cómo y dónde se producen las proteínas, cómo se almacena y se libera la energía, etc.

Ahora bien, este primer ancestro común no tuvo porque ser necesariamente el primer ser vivo de la Tierra, es más, probablemente no lo fue. La vida pudo haber surgido varias veces y extinguirse antes de la última y definitiva. Durante sus primeros quinientos millones de años de existencia la Tierra sufrió un impresionante bombardeo de meteoritos, cometas y asteroides. Un impacto de un objeto de “sólo” 60 Km. de diámetro liberaría suficiente energía como para hacer hervir todos los océanos del planeta y esterilizar cualquier atisbo de vida. ¡Y esto sucedió en varias ocasiones!. Se cree que sólo 10 Km. de diámetro fueron suficientes para la extinción de los dinosaurios (en realidad, tras el impacto de hace 65 millones de años no sólo se extinguieron los dinosaurios, sino ¡todo animal terrestre de un peso superior a los 25 kg.!).

Hasta hace algo más de 3500 millones de años no se redujo el número de impactos a un nivel similar al actual. Sólo entonces fue posible el desarrollo de la vida sin más interrupciones. Ello conduce al primero de los dilemas que la vida ofrece a los científicos: su desarrollo fue increíblemente rápido: ¡hay rastros de vida de hace 3800 millones de años!.

¿Cómo fue posible ese desarrollo?. ¿Cómo se produjo el paso de la materia inorgánica, inerte, a esa complejidad enorme que significa la vida?. En el fondo la vida se resume en Metabolismo y Reproducción (ó replicación). Todo lo que envuelve a la vida y le da su significado, la autonomía, la nutrición, la complejidad, la organización, el crecimiento, el contenido en información, la permanencia, el cambio, la muerte, etc., todo puede ubicarse en el ámbito de ambos conceptos. En realidad la vida es un acuerdo mutuamente beneficioso entre las proteínas (el metabolismo) y el ADN (la reproducción). El ADN y sus genes precisan a las proteínas para “hacer cosas”, alejarse del peligro, protegerse, buscar materias primas, crear biomasa para ganar competitividad, etc. Y las proteínas necesitan a los genes para su replicación y permanencia.


* ¿Cómo pudo suceder?

¿Cómo pudo empezar todo?. Antes de que hubiera vida los procesos geofísicos y químicos dejaron sus huellas en las rocas. Después, los procesos evolutivos, biológicos, son observables en los fósiles y en las propias especies vivas. Pero, ¿cómo fue la transición entre la actividad meramente química inerte y el metabolismo biológico organizado?. No existe ninguna evidencia directa, no hay ningún rastro observable de ese instante. Y probablemente nunca lo encontremos, lo que obliga a la comunidad científica a trabajar con hipótesis.

La puerta a la investigación científica sobre este tema la abrió Darwin, que con sus escritos y teorías rompió los moldes que habían impedido toda discusión al respecto. Sólo después de Darwin los científicos fueron capaces de abordar el origen y el desarrollo de la vida desde un ámbito ajeno a los conceptos míticos y religiosos. Hasta ese momento las cosas eran como eran y siempre habían sido así. Todas las especies presentes en la Tierra y las extinguidas, todas, absolutamente todas habían sido creadas en el mismo instante por un ente sobrenatural en el origen de los orígenes. Y no había más discusión. Hubo que esperar hasta finales del siglo XIX y principios del XX a que aparecieran las primeras explicaciones atrevidas que contradecían los dogmas religiosos. Y fue uno de los primeros científicos postulantes el que ofreció una explicación al tema que nos atañe que aún hoy en día sigue siendo la más plausible y clara. A pesar de que modernas teorías ofrecen distintas soluciones, la que dio el ruso Alexander Oparin en un pequeño libro publicado en 1927 y posteriormente ampliado por el mismo autor, es de una lógica fácil de asimilar. En realidad se trata de decidir el orden de los acontecimientos: ¿qué fue primero, los enzimas (es decir, las proteínas, el metabolismo), los genes (el sistema de replicación) o el marco físico celular donde se contienen todos los procesos del organismo?. Oparin expuso una teoría que señalaba el inicio en el marco físico, en el que posteriormente se instauraron los enzimas y en el que finalmente se hicieron un lugar los genes. En los últimos decenios otros autores han expuesto teorías que anteponen los genes a los enzimas y al marco celular, por este orden, (el llamado “mundo de ARN”) e incluso otros que inician sus explicaciones con los enzimas a los que siguieron el marco y finalmente los genes. Por su sencillez y tratándose de un breve espacio en el que hacer una pequeña aproximación, en este artículo se describen someramente sólo las ideas de Oparin.

Todos los seres vivos están compuestos de Carbono, Hidrógeno, Oxígeno, Nitrógeno y pequeñas trazas de otros elementos. ¿Por qué éstos y no otros?. La explicación es sencilla: se trata de cuatro de los cinco elementos más abundantes en el Universo (el quinto es el Helio, pero éste no cuenta ya que se trata de un gas inerte no reactivo, incapaz de formar enlaces). La vida, al menos la conocida, en realidad se sustenta en la química del Carbono, las posibilidades de este elemento para combinarse con los otros átomos presentes en la vida lo convierten en el eje central de toda la historia.


* Un proceso de millones de años.

Y ahora hay que situarse a casi 4000 millones de años de distancia en el tiempo, en un planeta todavía cargado de erupciones volcánicas, violentos terremotos, extraordinarias tormentas eléctricas, asediado por las radiaciones ultravioletas (aún no se había desarrollado la capa protectora de ozono, que fue un producto de la propia vida). Fue ese a nuestros ojos violento e inhóspito lugar el que proporcionó el medio ideal para el inicio de todo el proceso. Es importante también considerar que nuestro planeta goza de la presencia de agua líquida desde hace más de 4000 millones de años. Sin ella no hubiera sido posible el desarrollo de la vida (al menos la vida que conocemos). Entre las primeras moléculas elementales presentes en la Tierra, básicamente el agua (H2O), el metano (CH4), el dióxido de carbono (CO2) y el amoníaco (NH3), se produjeron las incipientes reacciones en cadena que dieron lugar a los primeros monómeros, moléculas básicas que combinaban los cuatro elementos antes mencionados. En realidad este proceso no es tan complicado e incluso ha podido ser reproducido a nivel de laboratorio de forma bastante aproximada. Los científicos han sido capaces de crear ese ambiente reactivo y hostil descrito y “producir” moléculas básicas como son los aminoácidos. Pero, ¿cómo pudieron formarse los polímeros, es decir, el siguiente paso, la unión de las sencillas moléculas básicas para producir moléculas mucho más complejas?.

Los polímeros tenían muchos “enemigos”:

- La propia agua, el medio fundamental, el disolvente universal, donde las proteínas y los ácidos nucleicos tienden a descomponerse.
- Las radiaciones ultravioleta, que no permiten la estabilidad de las moléculas complejas.
- El oxígeno presente en el ambiente, que se une con el carbono secuestrándolo e impidiendo de ese modo su participación en otras moléculas (proceso que constituye la oxidación).

Las moléculas encontraron soluciones para hacer frente a estos “enemigos”. La primera protección fue buscar refugio a los rayos ultravioleta. Y ese refugio lo encontraron en el medio líquido, en la llamada sopa primordial, a unos 10 metros de la superficie, donde podían aprovechar el calor del sol para las reacciones químicas y evitar el daño de los rayos ultravioleta.

La otra solución protectora, la más importante, la que Oparin situó en primer lugar en el orden de los procesos biológicos, se obtuvo cuando se formaron los primeros fosfolípidos, moléculas con un extremo hidrófilo y otro hidrófobo. Estas moléculas se formaron cuando el metano presente en la Tierra, bajo la influencia de los potentes rayos ultravioleta, dio lugar a la aparición de grandes formaciones de hidrocarburos condensados que se oxidaron y se solubilizaron en el agua, formando las cadenas de fosfolípidos. Estas moléculas tienen la peculiaridad de formar pequeñas esferas estables en presencia de agua, uniendo entre sí las partes hidrófobas y ofreciendo al medio líquido exterior las hidrófilas. Estas microesferas o coacervados fueron una invención fundamental porque facilitaron a las moléculas básicas un lugar privilegiado, protegido, aislado del medio, para el desarrollo de la vida.

Las microesferas de fosfolípidos podían subdividirse, chocaban unas con otras, explotaban y volcaban al medio su contenido: moléculas elaboradas que habían sido posibles gracias a su protección, que se habían formado de forma aislada al medio que las rodeaba. Bolsas lipídicas, protegidas de los rayos ultravioleta, flotando a cierta profundidad en los océanos primordiales, con contínuos aportes e intercambios de material orgánico: ese fue el principio. De alguna forma (es muy difícil asegurar hechos que ocurrieron hace casi 4000 millones de años) estas microesferas llegaron a constituir entidades autónomas, con una membrana protectora que con el paso del tiempo consiguió hacerse selectiva al paso de las moléculas del medio. ¡Se convirtieron en un sistema separado, independiente, capaz de establecer una frontera entre él y los demás!.

Apliquemos por un momento las teorías de la evolución del propio Darwin a ese proceso inicial: esferas cargadas de material orgánico compitiendo por su estabilidad y permanencia. Aquellas que contuvieran las reacciones internas a un nivel que no llegara a la autodestrucción permanecerían. Las otras desaparecerían. Las que consiguieran a través de lo que inicialmente pudieron ser pequeños defectos de forma, que sus membranas evitaran el paso de moléculas o enzimas perjudiciales para su estabilidad o, al contrario, permitieran el paso selectivo de moléculas necesarias para su equilibrio interno también tendrían más probabilidades de permanecer en el medio. Estas esferas más estables fueron siendo cada vez más numerosas y en ellas se formaron por primera vez muchos de los enzimas que aún hoy catalizan procesos biológicos fundamentales para la vida.

Algunas teorías apuntan a que el sistema de replicación (ARN, ADN) pudo también formarse de la misma forma. Otras en cambio prefieren apuntar a que las moléculas replicantes se formaron en el propio medio, de forma autónoma, a base de combinaciones y recombinaciones de la materia orgánica presente en el caldo prebiótico. Hay que tener en cuenta que sólo tuvo que formarse una molécula capaz de replicarse... El resto fue un incesante e interminable proceso de replicación y mejora. Hasta que una molécula replicante “infectó” una microesfera capaz de contener procesos metabólicos. Una “infección” que resultó beneficiosa para ambos y que se convirtió con el tiempo en simbiosis y finalmente en una asociación definitiva. La bolita de enzimas proporcionó a la molécula replicante protección frente a un medio ávido de moléculas complejas y, además, una fuente de material para la replicación. La molécula replicante ofreció a la microesfera metabólica algo de extraordinario valor: la capacidad de perpetuarse en el tiempo más allá de la permanencia de ella misma.


* Casualidad, azar, aleatoriedad.

De este sencillo modo nos explica Oparin todo el proceso. Pero esta aparente sencillez se desmonta si la dejamos exclusivamente en manos del azar: monómeros que se forman al azar, reacciones que tienen lugar casualmente, combinaciones que se producen siguiendo pautas aleatorias, cualquier cosa sería posible. Si nos atuviéramos sólo al azar, la casualidad, sería prácticamente imposible que coincidieran todas y cada una de las reacciones necesarias para producir las moléculas precisas, los sistemas reactivos necesarios que conforman la complejidad interior de la más simple de las células. Sería como pretender que al lanzar al suelo el contenido de un sobre de sopa de letras se formaran “por azar” unos versos de Machado. Hay que concluir que no estuvo todo sometido al azar. En química existe una lógica que hace que las combinaciones y asociaciones no sean casuales. Pongamos un ejemplo: ¿cuánto tardaría un chimpancé en escribir El Quijote golpeando al azar las teclas de un ordenador, si sólo cada vez que acertara con una letra del texto pudiera pasar a buscar la siguiente?. En todos y cada uno de los pasos se partiría de cero y las probabilidades de acierto y error en cada avance serían las mismas. La química no funciona así. Para entenderlo podemos pensar en otro ejemplo: ¿cómo adivinaríamos nosotros una frase en un texto?. No actuaríamos como el chimpancé probando con todas las letras del alfabeto en cada paso, sino que tras descubrir que la primera letra es una “E”, probaríamos con una “L”, ya que es probable que la frase se inicie con el artículo “EL”, o si tuviéramos el artículo “GA” propondríamos no sólo una letra, sino directamente las sílabas “TO” o “LLO” para formar las palabras “GATO” o “GALLO”. La química también funciona así: hay una tendencia natural de los elementos y las moléculas a combinarse de una forma concreta y no de otra, en determinadas circunstancias, en un proceso continuo de principio a fin.

Podemos aún ir un poco más allá. Casualidad, probabilidad, azar, aleatoriedad: palabras que necesariamente tienen que estar en nuestra mente cuando pensamos en los inicios de la formación de la vida en la Tierra. Pero ¿qué significa “seguir una pauta aleatoria”?. ¿Quiere decir que puede suceder cualquier cosa?. Detengámonos un momento en este punto. Una pauta aleatoria es aquella que no puede reducirse a una fórmula o algoritmo. Por ejemplo, la secuencia siguiente: 1313131313131313 puede describirse fácilmente con el siguiente algoritmo o “receta”: “repítase 8 veces 13”. En cambio, la secuencia 15241507392 se nos muestra más compleja y tiene, por tanto, un algoritmo más complejo: “multiplíquese el número 123456 por sí mismo y al resultado súmesele el mismo número de partida, es decir: (123456x123456)+123456”. Así pues, a mayor complejidad buscada en la secuencia, más complejo será el correspondiente algoritmo. Si lo que buscamos es una secuencia o código con la mayor de las dificultades, es decir, con el más alto contenido posible de información, debemos recurrir a las secuencias aleatorias, o sea, a aquellas no resumibles en una “receta”. El genoma es la secuencia que define la creación de un ser vivo y la que contiene el paquete de información necesario para ello. ¿Es aleatoria la secuencia que define el código genético de un ser vivo?. Si no lo es, al menos lo parece. Aunque siempre debemos dejar la puerta entreabierta a que pueda existir un algoritmo, una receta detrás de la secuencia del genoma. Un código dentro del código genético cuya receta sería: “hágase un ser vivo”.

Aceptando que el ser vivo está plagado de secuencias aleatorias, no lo está de cualquiera de ellas. Sólo forman parte del genoma, por ejemplo, aquellas secuencias aleatorias capaces de codificar información biológicamente relevante. Es decir, un genoma es a la vez aleatorio y altamente específico, propiedades que en sí mismas parecen contradictorias. ¿Cómo puede una mezcla de azar y ley cooperar para dar lugar a una estructura aleatoria específica?. ¿Podría la “aleatoriedad específica” ser el producto de algún proceso determinista consecuencia de leyes similares a las de la física y la química?. No conocemos ninguna ley en la naturaleza capaz de conseguirlo, lo que no quiere decir que no exista. Pero aún podemos encontrar cierta explicación bebiendo de nuevo en las fuentes de Darwin: el azar, en forma de mutaciones aleatorias, y la ley bajo el paraguas de la selección forman la combinación óptima de aleatoriedad y orden necesarios para crear el “objeto imposible”: el ser vivo.


* Las primeras células.

Tras todo este largo y complejo proceso (pero posible, no lo olvidemos) aparecieron los primeros seres vivos: las células procariotas. Las células procariotas son pequeñas bolsitas con filamentos de ADN, membranas lipídicas con poros formados por proteínas y un citoplasma interior sin orgánulos específicos pero repleto de todas las moléculas esenciales para la vida: enzimas, ARN y ADN. Tuvieron un éxito abrumador, ya que ocuparon todos y cada uno de los hábitats posibles del planeta y permanecieron como únicos representantes de la vida ¡durante 2500 millones de años!. Hace 1400 millones de años aparecieron las células eucariotas, dotadas ya de un núcleo en el que se refugia el ADN y de múltiples orgánulos, cada uno de ellos con misiones específicas (síntesis del material proteico, almacenamiento y producción de energía, evacuación de residuos, etc.). ¡Y hace sólo 600 millones de años que aparecieron los primeros metazoos, o animales formados por un gran número de células diferenciadas!. Un largo proceso de variación en el que las múltiples posibilidades de avance hacia una u otra dirección hacen que si procediéramos al rebobinaje de la película de la vida, con toda seguridad el resultado final no sería el que todos conocemos: la vida seguiría siendo vida, pero bajo formas distintas a las actuales. Es por ello por lo que no cabe esperar que en algún lugar del Universo existan formas de vida iguales a las de la Tierra. Similares quizás, pero iguales prácticamente imposible. La vida sería también posible si nuestros ancestros iniciales hubieran seleccionado aminoácidos distintos para la formación de las proteínas biológicas y no cabe pensar que el único sistema replicador posible sea el que está presente en nuestras células. Hay tantas posibilidades distintas que hay que imaginar un Universo plagado de vida bajo infinitas formas y sistemas imposibles de adivinar.


* ¿Es la vida un fin programado?

Algunos autores, aún dando crédito al proceso descrito por Oparin o a procesos similares presentes en nuevas teorías, apuntan a la posibilidad de que la vida quizás no haya “empezado” nunca. ¿Podríamos pensar que la vida estuviera presente en el Universo desde el principio del mismo, viajando de un lugar a otro en sus formas más simples y elementales, ella misma o sus componentes fundamentales, junto a meteoritos, cometas, etc.?. ¿Pudo la vida desarrollarse de alguna forma similar a la descrita en algún lugar inimaginable del Universo al principio del principio, inmediatamente después del big-bang?. No tuvo más que suceder en un lugar y, a partir de él, distribuirse por todo el Universo. Se han encontrado rastros de aminoácidos y proteínas en fragmentos de meteoritos caídos sobre la Tierra. No es aún suficiente prueba para sostener esta teoría, llamada de la Panspermia, pero sí para hacernos reflexionar al respecto.

Y, por último, como última reflexión, si la vida es un hecho posible y, por tanto, común en el Universo, tan común como lo es en nuestro planeta (¡hay vida por todas partes!), ¿podrían existir unas aún desconocidas leyes o normas que empujen a la materia inorgánica hacia la vida?. ¿Es la vida un estado alternativo de la materia?. O más aún, ¿hay propiedades inherentes a los átomos y las moléculas que los dirigen hacia la vida?. El hecho es que la vida, cuando surge como es el caso de nuestro planeta, tiene una irrefrenable tendencia a formarse, extenderse y permanecer en cualquier medio. ¿Es el fin último del Universo ordenar la materia en forma de vida para dar lugar a seres capaces de pensar en ello?. Tengo la impresión de que en los próximos decenios las investigaciones respecto a todo ésto darán mucho que hablar.


BIBLIOGRAFÍA

· Paul Davies. “El quinto milagro” (Edición del año 2000). Editorial Crítica. Barcelona.
· Juli G. Peretó. “Orígenes de la evolución biológica”. (Edición del año 1994). EUDEMA. Madrid.
· Joël de Rosnay. “La aventura del ser vivo”. (Edición del año 1998). Editorial Gedisa. Barcelona.
· Erwin Schrödinger. “¿Qué es la vida?”. (Edición del año 1997). Tusquets Editores. Barcelona.
· Ian Stewart. “El segundo secreto de la vida”. (Edición del año 1999). Editorial Crítica. Barcelona.
· Carl Sagan. “Los dragones del Edén”. (Edición del año 1993). Editorial Crítica. Barcelona.
· Claus Emmeche. “Vida simulada en el ordenador”. (Edición del año 1998). Editorial Gedisa. Barcelona.
· A. I. Oparin. “El origen de la vida”. (Edición del año 2000). Ediciones Akal. Madrid.
· Freeman J. Dyson. “Los orígenes de la vida”. (Edición del año 1999). Cambridge University Press. Madrid.
· J. W. Schopf. “La cuna de la vida”. (Edición del año 2000). Editorial Crítica. Barcelona.
· Stephen Jay Gould. “El libro de la vida”. (Edición del año 1999). Editorial Crítica. Barcelona.
……………………………………………………………………………