
domingo, 13 de diciembre de 2009
domingo, 8 de noviembre de 2009
SOBRE LA OBRA "EL BESO" DE GUSTAV KLIMT
El beso, pintado entre 1907 y 1908, es un óleo sobre lienzo de 180x180 cms.
Esta obra marcó la cumbre del denominado periodo dorado de la pintura de Klimt que se desarrolló entre 1903 y 1909 y que se caracterizó por el profuso empleo del oro, la suntuosidad de los motivos ornamentales y el tratamiento de la superficie pictórica a modo de mosaico, un estilo inspirado en los mosaicos bizantinos que tanto impactaron en el artista tras sus viajes a Rávena en 1903. Si bien esta obra no presenta innovaciones fundamentales en lo ya mostrado anteriormente por el autor, sí sintetiza su especial estilo. El motivo del abrazo amoroso, la esfera mística y simbólica independiente de la realidad, los aspectos formales como el formato cuadrado del lienzo o el esquema piramidal de las figuras, así como el tratamiento decorativo similar a los mosaicos bizantinos y el motivo del campo florido, ya habían sido utilizados por el autor en otras obras. Pero en su conjunto, El beso constituyó la máxima expresión de todo ello.Klimt puso énfasis en la bidimensionalidad de la superficie, anulando toda profundidad espacial. La obra expone la tensión entre el naturalismo de los rostros, manos y pies y la abstracción decorativa de los vestidos, la tensión entre la fuerte carga erótica de la imagen y el sustrato de tipo místico-cósmico del asunto y la tensión entre una pintura concebida para deleitar los ojos de los espectadores y un arte creado para suscitar las fantasías más íntimas del hombre y la mujer.
Sobre una extraña formación rocosa, cubierta por una colorista alfombra de flores, se encuentran los dos amantes tiernamente abrazados, fundidos el uno en el otro. Una especie de abismo se abre a los pies de ella, donde el tapiz de flores se interrumpe repentinamente.
Alfombra de flores:

Un abismo a los pies:

La mujer parece aferrarse a la pradera con los dedos de los pies para evitar precipitarse. Es el riesgo del amor.
Los pies de ella se aferran al suelo:

Bajo una refulgente aureola dorada, la fusión de los cuerpos es tal que resulta difícil interpretar sus figuras individuales. Los cuerpos están, además, ocultos bajo unos mantos muy poco naturales y unos trajes dorados densamente ornamentados. Ceñido el de ella, nos deja ver con claridad las formas de su cuerpo.
Ella muestra su figura sinuosa:

El rostro de él está de espaldas al observador, mostrando la cabeza coronada de flores. El de ella se vuelve hacia el frente, inclinando la cabeza hacia atrás con el rostro ligeramente ruborizado. Mientras él le acaricia la cara, ella tiene los ojos y la boca cerrados, en un estado de ensueño, abandonada a la manifestación de su amor por él.
El rostro de ella:
Los rostros de los amantes: 
En el fondo, salpicado de polvo de oro como si de una cortina se tratara, se ha eliminado el horizonte y cualquier otra referencia espacial. Es un lugar indeterminado, sin tiempo ni espacio real, un espacio cósmico ajeno a la realidad.
El fondo:

El ornamento aísla a los personajes para situarlos en una sensual irrealidad. Así aislados, los enamorados se funden en un abrazo apasionado en el que se diluye toda diferencia de género. Sin embargo, los vestidos muestran claras diferencias. El manto del hombre está adornado con formas duras y angulosas y motivos rectangulares verticales que transmiten las cualidades masculinas. En el traje de la mujer aparecen espirales, óvalos, círculos giratorios con motivos florales y de líneas onduladas, que simbolizan los aspectos de la sexualidad femenina. Ella luce más colores que él. El elemento ornamental se convierte en un elemento simbólico sexual.
El vestido de ella:


En la composición, el hombre ostenta un papel dominante, arrimando con ímpetu a la mujer hacia sí para besarla. Ella adopta una actitud pasiva, aunque se erige como la protagonista del lienzo, arrodillada como en un gesto de entrega, aunque los dedos de sus manos y sus pies aparecen contraídos, ¿acaso una muestra de rebeldía? Algunos críticos lo han interpretado como un rechazo a la muestra de dominio de su pareja.

Es una mujer en estado de trance que se abandona a su amante. Con todo, El beso se convierte en una manifestación simbólica y universal de la felicidad amorosa. Representa la unión pasional del amor físico, el encuentro místico entre el amor espiritual y el amor erótico, bajo una estática armonía de ornamento y oro.
============================================viernes, 30 de octubre de 2009
SOBRE LOS NIVELES DE PENSAMIENTO
Habituados a manejarnos en el blanco o negro, solemos decir con un exceso de vanidad que somos los únicos seres del planeta con la capacidad de pensar. En primer lugar, cabe decir que sería discutible que el pensamiento humano sea motivo de vanidad ó que merezca el premio al mayor éxito en la evolución. Soy un ferviente defensor de que ello no es así: la capacidad de pensar inherente a nuestra especie es un aspecto diferencial como puede serlo la capacidad de volar de un gorrión o la visión nocturna de una lechuza. El éxito evolutivo habría que contemplarlo en medidas de diversidad y cantidad: una especie o una familia de especies ha tenido éxito en los millones de años de evolución si dispone de una amplia gama de variedades y sus especimenes individuales sobrepasan en número a los de otras familias. Y cabe decir que de la familia homo sólo queda un representante, nosotros, (hay docenas de especies de roedores y miles de escarabajos) y que los pocos miles de millones de individuos humanos aguantan poco la comparativa con otras especies, sean insectos o amebas.
En segundo lugar creo que somos un poco drásticos al opinar que somos los únicos seres con capacidad de pensar. Como he dicho al principio, cuando opinamos así nos dejamos llevar por el pensamiento extremo del blanco o negro. Pero el mundo está lleno de matices y lo mismo ocurre con el acto de pensar. Para ser justos tendríamos que hablar de diferentes niveles de pensamiento. Estoy leyendo Cómo el Homo se convirtió en Sapiens, de Meter Gärdenfors, donde el autor expone su opinión sobre cuáles son estos niveles. Voy a atreverme a mezclar sus propuestas con mi propio punto de vista.
Compartimos con el resto de mamíferos una serie de órganos sensoriales que nos conectan con el mundo que nos rodea. También solemos cometer el error de extrapolar estos sentidos al resto de seres vivos, pero ello no es correcto. En concreto, nosotros disponemos de cinco sentidos clásicos que no descarto que en un futuro se amplíen: la vista, el olfato, el gusto, el oído y el tacto. Digo que podrían ampliarse ya que, por ejemplo, el tacto podría con facilidad dividirse en tres: los “sentidos” que nos permiten percibir la temperatura, la presión y el dolor. Creo que estaremos de acuerdo en que son tres sensaciones muy diferentes, tanto como podrían serlo el olfato y el gusto, por poner un ejemplo. Así, el nivel más básico de pensamiento es el que nos llega a través de los sentidos, es decir, las SENSACIONES. Obviamente el tipo de respuesta que estas sensaciones obtienen en el sujeto que las recibe está relacionado con los siguientes niveles de pensamiento. En el libro que he mencionado hay una frase que merece un diez: está claro que si no percibiéramos el mundo a través de las sensaciones, el resto de funciones cognitivas carecerían de sentido, así que el “Pienso luego existo” de Descartes es una afirmación de un intelectual que menosprecia un simple dolor de muelas…

Tras el primer paso, la recepción de sensaciones del entorno, vendría el segundo nivel: el de la ATENCIÓN. La capacidad de poner atención en una sensación concreta que nos llega es un paso fundamental para seguir avanzando en la capacidad de pensar. Ser capaces de centrarnos en una parte concreta de la información, seleccionándola y aislándola de todo lo demás que la acompaña es una habilidad imprescindible sin la que los humanos no podrían desarrollar ninguna otra capacidad cognitiva. Parece sencillo porque constantemente lo estamos poniendo en práctica (ahora mismo, al escribir estas líneas, estoy centrado en el texto y en las ideas que quiero plasmar en él, ajeno a ruidos y movimientos del entorno), pero no es tan común entre los seres vivos como podríamos creer. La mayoría de especies sólo son capaces de centrar la atención sobre las “cosas salientes”, es decir aquellas que sobresalen del entorno. Por poner un ejemplo, una abeja que revolotea a nuestro alrededor es muy probable que no nos aguijonee si permanecemos inmóviles como estatuas. Ahora bien, si intentamos ahuyentarla con bruscos movimientos de manos y brazos, tenemos muchas probabilidades de ganarnos el premio del picotazo: nos hemos convertido en objetos salientes y, en este caso, amenazantes. Algo parecido ocurre cuando se nos recomienda estar muy quietos frente a un perro que se nos encare con agresividad. Los humanos y los primates en cambio somos capaces de centrar la atención incluso si no se trata de objetos salientes. Un primate puede mostrar un interés irresistible frente a una pelota inmóvil que se disponga frente a él. Así pues, no sólo hemos de ser capaces de percibir las sensaciones del entorno, sino que para elaborar el pensamiento hemos de tener la habilidad de centrarnos en puntos concretos de las sensaciones que nos llegan.

Un tercer nivel de pensamiento sería la capacidad de memorizar relaciones entre sensaciones que nos llegan y las consecuencias que tienen. La MEMORIA, por tanto, es un paso necesario en el desarrollo de la capacidad de pensar. Pero la memoria también tiene diferentes niveles. Desde la capacidad de recordar el aprendizaje recibido en el pasado sobre el efecto nocivo que puede tener sobre nuestra supervivencia el olor que nos llega de un felino cercano, es decir, la memoria que necesita de la presencia in situ de la sensación (un olor en el ejemplo anterior), hasta la memoria que nos lleva a recordar aspectos del pasado que no guardan ninguna relación con el entorno que nos rodea y las sensaciones que percibimos de él en este preciso momento, hay un largo trecho. Y aún cabría un tipo de memoria probablemente exclusivo de los humanos que es aquél que nos permite no sólo traer a nuestra mente episodios del pasado que no guardan relación con las sensaciones que estamos percibiendo en el presente, sino que lo hace con orden cronológico y ordenado y no sólo como una imagen aislada de aquello que ocurrió. Este tipo de memoria es el que nos permite el aprendizaje que adquirimos con la lectura, por ejemplo.

El siguiente nivel de pensamiento sería el de las EMOCIONES. El miedo, la alegría, la ira, etc. no tienen receptores identificados en nuestro organismo, como ocurre con las sensaciones y los sentidos, aunque están claramente ligadas a reacciones fisiológicas. Hay muchas teorías sobre cuáles son las emociones básicas, pero no un acuerdo común (al menos yo no lo conozco). Las emociones se mueven en conceptos tan difusos como lo son ellas mismas. Lo que está claro es que nosotros y otros animales, y no sólo mamíferos, “sentimos” emociones provocadas por las sensaciones que nos llegan. El neurólogo Antonio Damasio, conocido por sus investigaciones sobre las emociones, dice que en vez del “Pienso luego existo”, habría que utilizar el “Siento luego pienso”. Antes del acto de pensar, mucho antes, están las emociones, ya que estas son inmediatas y no requieren de complejos procesos mentales. Las emociones más universales, en opinión de Damasio, son Felicidad, Tristeza, Ira, Miedo y Asco, aunque como ya he comentado, no existe un acuerdo sobre las mismas.

Si seguimos avanzando, en mi opinión el siguiente paso sería el de la INTUICIÓN. Si nos llegan sensaciones que somos capaces de captar, si, además, podemos centrar nuestra atención en una parte concreta de estas múltiples sensaciones, si tenemos memoria de las consecuencias que en el pasado ha tenido esta sensación o hemos recibido un aprendizaje sobre las mismas y si sentimos emociones como respuesta a las sensaciones que percibimos, deberemos ser capaces de intuir cuándo va a ocurrir algo. Este punto nos lleva a la habilidad de percibir el futuro más inmediato. Es lo que hace un gato cuando se encrespa ante la presencia de un perro que le ladra. Intuir es avanzar en nuestra mente algo que puede ocurrir en el plano real. Antonio Damasio define la intuición como una “cognición rápida”. No hay que confundir esta capacidad con las reacciones automáticas que muchos seres tienen frente a sensaciones concretas. Muchas de estas reacciones no implican la evocación mental del futuro o de las consecuencias de la percepción de una sensación, sino que son pautas marcadas por la evolución. Cuando una mosca levanta el vuelo si acercamos la mano para capturarla, no lo hace porque haya elaborado una imagen de la consecuencia que nuestro gesto puede tener sobre su supervivencia, sino como un automatismo inherente a su genética que la hace volar ante la presencia de un cuerpo extraño que se aproxima. Estas reacciones automáticas también están pautadas en nuestro comportamiento, por ejemplo cuando cerramos los ojos si alguien juega a hacer ver que nos va a golpear en la cara: es una reacción de protección de un órgano muy sensible y necesario que está marcada en nuestros genes. Lo mismo ocurre cuando un primate grita ante la presencia de un felino: lo hace de forma instintiva y no puede evitarlo (lo que a veces puede ser un problema, ya que puede llamar la atención de la amenaza que intenta evitar).

Llegaríamos ya al nivel del PENSAMIENTO, que como veremos no es el último, aunque también en este caso nos encontraríamos con diferentes escalones. Pensar es razonar, planificar, imaginar, soñar, analizar, recordar y unas cuantas cosas más, todas ellas muy distintas unas de otras. Algunas, además, no son sólo propias de los humanos. Por ejemplo, una serpiente sólo atacará a un ratón si éste se encuentra en su entorno de percepción directa, es decir, si está a la vista y es percibido. Si el ratón, por ejemplo, se esconde detrás de un objeto, la serpiente es incapaz de imaginar su presencia oculta. Un gato actúa de forma muy distinta y aunque el ratón se esconda detrás de una cortina, seguirá sabiendo que está allí y lo seguirá acosando. El gato es capaz de evocar en su cerebro la presencia del ratón aunque no lo tenga en su campo de percepción directa. Cuando más capaces somos de evadirnos de las sensaciones inmediatas, mayor capacidad de pensamiento. Queda mucho por investigar sobre la capacidad de planificar, imaginar, soñar o recordar de especies diferentes a la nuestra y es posible que en el futuro vayamos teniendo respuestas sorprendentes sobre sus capacidades cognitivas. No está clara la atribución exclusiva a nuestra especie de estas capacidades. Otro ejemplo, cuando un ratón es capaz de escapar con facilidad de un laberinto hay que suponerle cierta capacidad de análisis de la situación, de razonamiento y planificación. En conclusión, si nos referimos al acto de pensar, tenemos que concluir que lejos de lo que muchos creen, no se trata de nada propio sólo de nuestra especie.

Un paso adicional sería la CONCIENCIA DE UNO MISMO, que no es lo mismo que reconocerse como individuo. Un chimpancé, por ejemplo, es capaz de reconocer su imagen en un espejo, algo vedado a la enorme mayoría de seres vivos del planeta, pero ello no quiere decir que sea capaz de elaborar pensamientos pensando en sí mismo como un individuo único, es decir, que sea capaz de centrarse en sus procesos internos de forma deliberada. Ello sólo es posible si se tiene el conocimiento de finitud, la percepción de que nuestro cuerpo, el nuestro, va a morir un día. Con mucha probabilidad, estamos llegando ya a niveles de pensamiento propios y exclusivos del ser humano.

Si seguimos avanzando, nos encontramos con la capacidad del LIBRE ALBEDRÍO, es decir, de la conciencia de que podíamos haber actuado de otra forma, de que hay múltiples comportamientos posibles frente a una acción y que somos capaces de elegir entre ellos de forma consciente y voluntaria. Los filósofos nunca se han puesto de acuerdo sobre el significado último de este concepto, pero lo que está claro es que forma parte de nuestra forma de pensar.

Por último, llegaríamos al último nivel de pensamiento, el LENGUAJE. No nos dejemos engañar por las apariencias: muchos seres vivos tienen pautas de comunicación que les permiten interaccionar entre ellos, pero el lenguaje humano está a años luz de cualquiera de estos sistemas o pautas. Cabe decir que el lenguaje es un nivel de muy reciente incorporación, si comparamos los pocos miles de años de su existencia con los millones de evolución del género homo. El lenguaje dio lugar a algo inaudito en la naturaleza y con toda seguridad propio sólo de nuestra especie: el diálogo interior. Un día empezamos a “hablar” con nosotros mismos y en ello seguimos. Esto sólo es posible con la capacidad de disponer de un lenguaje propio, de lo contrario, sin poder nombrar el mundo que nos rodea, tendríamos que limitarnos a interpelarnos a nosotros mismos a base de sensaciones, emociones y, como mucho, imágenes de la realidad. Sin el lenguaje no sería posible el pensamiento humano que conocemos y utilizamos.
Los puntos anteriores no son más que una propuesta de niveles de pensamiento, llena de matices y con toda seguridad opinable y modificable, pero es una propuesta que espero que al menos tenga sentido. SENSACIONES, ATENCIÓN, MEMORIA, EMOCIONES, INTUICIÓN, PENSAMIENTO, CONCIENCIA DE UNO MISMO, LIBRE ALBEDRÍO y LENGUAJE configuran los pasos a seguir para llegar a lo que nos referimos cuando hablamos de PENSAR.
lunes, 26 de octubre de 2009
SOBRE LAS COSAS SENCILLAS

más arrullo que el que nos ofrece el mar,

ni más brisa que la de la mañana.

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martes, 6 de octubre de 2009
SOBRE EL PROCESO DE CREACIÓN
y dices bosque.
Buscas en tu mensaje
el horizonte en el océano
y encuentras prados de amapolas.
Lo quieres azul
y aparece verde o rojo o amarillo.
Y luchas
para que sea lo que quieres que sea
y se resiste y se plaga de robles,
encinas, pinos y enredaderas.
Y tú buscas el oleaje,
las mareas y la espuma.
Quieres aguas insondables
y te sorprendes
con tupidas madreselvas.
Deseas oler a sal
y dejarte acariciar por suaves brisas
y huele a tierra húmeda
y a frutas maduras.
Y en esa lucha,
de pronto aparece una playa,
y la maleza se retira,
y llega una ola
y después otra.
Se azulea el entorno y lo engulle todo
y, sin darte cuenta,
tienes frente a ti la bahía que buscabas.
¡Qué delicioso proceso de búsqueda!.


jueves, 24 de septiembre de 2009
SOBRE LA OBRA DE GUSTAV KLIMT

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Buscando por internet he encontrado una página dedicada a este autor. En el siguiente enlace encontrarás una presentación en diapositivas de todos sus cuadros.GUSTAV KLIMT SLIDESHOW OBRA
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Gustav Klimt
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SOBRE EL CONSUMO DE AGUA (II)

Para producir los alimentos que consume una familia de cuatro personas se necesitan más de 10.000 litros al día.
O encontramos soluciones eficientes, baratas y ecológicas de utilizar el agua marina para el consumo o nos esforzamos por encontrar una nueva forma de cultivar las plantas que nos alimentan, bien directamente o a través del consumo de los animales que forman parte de nuestra dieta. Lo primero sería una gran solución, en un planeta que no debería llamarse Tierra, sino Agua, por la proporción de esta última en relación a la primera. Y lo segundo sería ya hora de pensarlo en serio, después de más de 10.000 años inundando los campos para regar y desaprovechando más del 80% del agua utilizada.
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viernes, 18 de septiembre de 2009
SOBRE LA MENTE CONTEMPLATIVA
Estamos acostumbrados a escuchar que tenemos dos hemisferios cerebrales con formas complementarias de interpretar el entorno. El cerebro lógico, en el hemisferio izquierdo, que se apoya en lo mental, y el cerebro intuitivo, en el derecho, que se apoya en la emoción. Por lo general, es frecuente que en la toma de decisiones, el cerebro lógico se apodere de la situación con la forma racional y estructurada de elaborar el pensamiento, anulando en gran medida al lado emocional, salvo en aquellas decisiones que hay que tomar en momentos de gran peligro o que necesidad de gran rapidez de acción, donde no hay tiempo para grandes elucubraciones y la emoción toma el control (o el descontrol, depende como se mire).
Ante esta forma de enfocar el pensamiento, cabe una tercera opción mental: la mente contemplativa. Su existencia se basaría en el hecho de que si aceptamos que las células de nuestro cuerpo se organizan en tejidos y estos en órganos que se agrupan en sistemas para dar lugar al cuerpo humano… ¿por qué tenemos que detenernos aquí? ¿Por qué no aceptar que más allá del cuerpo individual que somos cada uno de nosotros existe una organización superior de la que todos formamos parte y que de alguna manera nos influye? En esta organización superior, que sería como una conciencia colectiva que está a nuestro alrededor, en el entorno, en todo aquello que nos rodea, en los demás, la naturaleza, en el mundo que gira y cambia, en las estaciones y los ciclos lunares y la fuerza de las mareas, hay mucha información y hay personas que creen ser capaces de descubrir minúsculas partes de la misma. Si reconocemos que hablamos con nosotros mismos cuando nuestro cerebro está activo, implícitamente estamos reconociendo que dentro nuestro hay dos personajes como mínimo, dos voces, pero también hay un observador que, si trabajamos nuestra mente, podemos llegar a conocer y dejar que nos influya. Sería esta tercera vía, lo que podríamos llamar mente contemplativa, la más acertada para encontrar respuestas y soluciones a los enigmas que nos atrapan en las decisiones relevantes que tomamos en la vida. Sólo hay que ser capaces de desligarse de lo mental, del razonamiento sagaz y astuto de la mente racional e incluso ir más allá del pensamiento centrado en la intuición y la emoción, que no deja de ser bastante infantil, para poder captar aquello que está en la conciencia superior que nos abarca a todos. Escucharnos, evadirnos de la razón, meditar profundamente y esperar a que las respuestas lleguen, de pronto, con una certeza y una fuerza irrefutables: así actuaríamos si fuéramos capaces de dejarnos influir por la mente contemplativa. Todo ello con el cuidado de que la mente racional no interfiera y se adueñe de cualquier idea o decisión que venga de ella, reconstruyéndola con la voz de la razón. Esto es lo realmente complicado y difícil.

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miércoles, 9 de septiembre de 2009
SOBRE LA FELICIDAD
El desarrollo del lenguaje marca la gran diferencia entre nosotros y el resto de la materia viva del planeta. Ha sido el lenguaje y lo que significa de representación del mundo el que nos ha traído hasta aquí. Él ha posibilitado la racionalización del entorno, su descripción, su conocimiento y, en definitiva, el descubrimiento de las formas de dominarlo (organización social, planificación de los medios de subsistencia, conservación y transmisión del conocimiento, etc.). El lenguaje cumple con tres funciones básicas:
* La función comunicativa. El lenguaje transmite información sobre lo que observamos con nuestros sentidos.
* La función interpersonal. El lenguaje también es el instrumento que nos permite relacionarnos unos con otros, sin necesidad de transmitir cosas concretas del entorno. Por ejemplo, sirve para crear una atmósfera de confianza y paz o al contrario, un ambiente de conflicto. Sirve para acunar a un bebé en la cuna, para tranquilizar, estimular, animar, etc.
* La función representativa. El lenguaje nos permite no sólo representar lo que observamos, sino organizarlo de forma coherente. Permite relacionar objetos con espacios, momentos y acciones de planificación y anticipación, en un paso mucho más allá de la simple función comunicativa. Por decirlo de otra forma, es el lenguaje el que nos permite pensar. Sin él, no seríamos capaces de hacerlo. Así de claro.
Según los expertos, el lenguaje se inició con la necesidad de describir situaciones concretas, a modo de representación de fotografías del momento, mediante expresiones que algunos líderes sociales eran capaces de imponer al resto que los imitaban. De ese modo, una expresión sonora tenía un significado amplio, poco concreto, pero suficiente para el momento (por ejemplo, “he visto animales que cazar cerca de aquí” ó “cuidado, hay peligro en la zona”). Poco a poco estas expresiones se vieron forzadas a desglosarse en partes más clarificadoras, básicamente por la confianza que iban adquiriendo los usuarios del uso cada vez más frecuente de expresiones descriptivas. De ese modo fueron apareciendo expresiones que cada vez más se centraban en algo concreto, hasta llegar a poder transmitir el concepto “monte” ó “ciervo”. Si ponemos orden en la aparición de los conceptos intelectuales tan llenos de concreción que ahora gobiernan nuestro cerebro, puros artificios creados por nosotros mismos para, insisto, sobrevivir, encontraremos lógico que el lenguaje se iniciara cerrándose sobre objetos del entorno (bosque, cueva, serpiente, hoja). A continuación posiblemente llegaron las expresiones con significado de acción (correr, cortar, romper, lanzar), aunque éstas ya exigían el conocimiento de la individualidad y de la existencia personal (como les ocurre a los recién nacidos, que tardan un tiempo en darse cuenta de que son un ser vivo e independiente del entorno). Por ello creo que las expresiones de acción tuvieron que ser simultáneas a las que definían y transmitían sensaciones (dolor, frío, hambre, sueño, cansancio). Lo que sí tengo claro es que al final de este camino, muy al final, estuvieron las expresiones con el mayor contenido ideológico, las relativas a los conceptos abstractos: justicia, honestidad, esperanza, amor, palabras que exigen grandes dosis de imaginación para ser descritas y en las que todavía no hay un acuerdo unánime entre todos sus usuarios (¿nos pondríamos de acuerdo fácilmente, más allá de la definición del diccionario, sobre qué significa la palabra amor?) Entre estos conceptos reducidos a palabras esta la felicidad.
Sin echar mano del diccionario, cada uno podría hacer su propia definición de felicidad (es interesante probarlo). En mi particular visión, felicidad es un estado pasajero de dicha y placer que nos deja en paz con nosotros mismos y con lo que nos rodea y que nos incita a permanecer en él de forma permanente. Insisto en lo de estado pasajero, ya que la felicidad es un estar no un ser. Uno puede estar feliz durante un tiempo, pero ser feliz significaría mucho más. Por hacer una comparación fácil de entender, uno puede “estar” dormido, pero no “ser” dormido. Esta es una propiedad que la felicidad no comparte con otros conceptos abstractos. Por ejemplo, una persona puede “ser” justa de una forma en que la justicia forme parte de su propia definición como individuo, y serlo siempre, de forma constante, en cada momento de su vida (no sería una tarea fácil, pero sí posible). En cambio, no es fácil imaginar un estado permanente de felicidad. Entre otras cosas porque sería un peligro para la propia supervivencia. La felicidad nos llena de tanto placer que nos anula la percepción de las amenazas que constantemente nos acechan (recordemos a Darwin).
Tengo claro que el concepto de felicidad cumple con la función comunicativa del lenguaje, ya que comunica algo que estamos percibiendo con nuestros sentidos. También nos individualiza y permite que nos relacionemos con el entorno. Pero tengo mis dudas respecto a que cumpla con la tercera función del lenguaje, precisamente la que más aporta a nuestra supervivencia. La sensación de plenitud que nos embarga cuando nos sentimos felices no ayuda a prever, planificar, organizar, anticiparnos a las amenazas. Y me temo que por ello tenemos la historia plagada de mártires, felices en sus ideales incluso hasta el martirio y el fin de su existencia.
Volviendo al origen de este relato, imaginemos por un momento los momentos de felicidad a los que podían aspirar nuestros antepasados hace, por ejemplo, 20.000 años, en la época de las pinturas de Altamira:
* Tener a mano algo que comer durante el día.
* Gozar de unas horas de sueño no interrumpidas por cualquier ruido desconocido y amenazante.
* Disponer de un trozo de tela o piel para cobijarse del frío.
* Encontrar un curso de agua para saciar la sed.
Este era el dintel de felicidad al que cabía aspirar en ese momento. El nivel posible de infelicidad, en cambio, era terroríficamente superior. No hace falta poner ejemplos, pero las posibles penurias que amenazaban cada día al ser humano era enorme. Digamos que no se trataba de una situación de equilibrio.
Ahora ocurre algo parecido. En los países desarrollados gozamos de un nivel de subsistencia garantizado ni siquiera posible de imaginar hace no miles, ni siquiera cientos de años. Y desde esta base hemos de construir nuestras posibilidades de felicidad. Sigue siendo una situación en desequilibrio, pues de igual modo que hace miles de años, las amenazas de infelicidad superan con creces a las posibilidades de gozar durante un periodo de tiempo de este anhelo. Si bien es cierto que hoy sí podríamos considerar la felicidad cómo un destino asequible y buscado. La felicidad como aspiración es algo razonable en nuestro tiempo y en nuestro entorno, aunque no hay que olvidar que somos una pequeña parte de privilegiados los que podemos aceptar esto, ya que la gran mayoría de los seres humanos aún tienen como aspiración la simple supervivencia. No podemos olvidarnos de ello, por respeto a los que no gozan de nuestro estado de bienestar y a nuestros antepasados.
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domingo, 23 de agosto de 2009
SOBRE EL CONSUMO DE AGUA
Por tener una idea cuantitativa, cabe saber que sólo el 2,5% de toda el agua del planeta es agua dulce y que la mayoría de ésta está depositada en los polos y los glaciares, quedando sólo un 0,5% del total del agua planetaria a nuestra disposición.
La presión demográfica a la que el ser humano está sometiendo el planeta está poniendo a prueba la capacidad de negociación sobre los recursos hídricos entre los diferentes colectivos humanos. No hay que ir muy lejos para constatar esta afirmación, ya que sólo hay que dar un vistazo a lo que ocurre en nuestro propio país, donde el acceso a suministros de agua está cobrando un protagonismo en los medios de comunicación que apenas existía hace unos pocos lustros.
El agua será en consecuencia el diamante del futuro, moneda de cambio que posiblemente acabe teniendo un precio que obligue a su racionalización. También soy optimista en este punto, ya que no parece razonable que sigamos utilizando el agua en los medios de producción agrícolas como empezamos a hacerlo hace miles de años, inundando los campos de cultivo y desaprovechando el 90% del agua utilizada para ello. El 65% del agua que se consume se dedica a la agricultura, el 25% a la industria y sólo el 10% al consumo humano. Estos porcentajes son medias mundiales, si nos referimos sólo a países en desarrollo, el porcentaje dedicado a la agricultura se incrementa de forma significativa, llegando a más del 80%. Ya existen fórmulas eficientes para utilizar el agua precisa que necesitan los cultivos, pero su coste aún es elevado y la mayoría de países en desarrollo no podrían hoy atender a obligaciones de uso de sistemas alternativos. Cuando el agua sea un problema grave, la cosa cambiará (las cosas a veces necesitan estropearse mucho para acabar teniendo solución). Actualmente se estima que 2.300 millones de personas están sometidos a presión hídrica, es decir, están sometidos al riesgo de sequías y restricciones, y 1.700 millones sufren ya directamente penurias por el acceso al agua.
El motivo de este texto es difundir unos datos que encontré recientemente en un artículo en la edición española de la revista Foreign Policy y que me dejaron muy sorprendido. La sorpresa no viene tanto por la complejidad del dato, sino por no haber caído en la cuenta de ello antes. Lo presento como en la revista, mediante preguntas con diversas opciones de respuesta y la solución al final, ya que así los datos aún sorprenden más.
Ø ¿Qué cantidad de agua se necesita para cultivar un kilo de trigo?
a) 10 litros b) 100 litros c) 1.000 litros
Ø ¿Qué porcentaje de las enfermedades del mundo en desarrollo puede atribuirse al agua no potable?
a) 20% b) 50% c) 80%
Ø En los países en desarrollo, ¿qué distancia media diaria debe caminar la mujer para traer agua? (Las mujeres son las que suelen encargarse de esta tarea…
a) 1 kms. b) 3 kms. c) 5 kms.
Ø ¿Qué porcentaje de la población mundial no tiene acceso a sanitarios?
a) 12% b) 23% c) 38%
Ø ¿Qué porcentaje de la población mundial depende del agua extraída de la llanura tibetana?
a) 12% b) 24% c) 47%
Ø ¿Cuánto se necesita para producir 1 litro de agua embotellada?
a) 1 litro b) 2 litros c) 3 litros
Las respuestas son:
Ø Para conseguir un kg de trigo se necesitan 1.000 litros de agua. Nada comparable a los más de 10.000 litros necesarios para conseguir un kg de carne de ternera. Para estos cálculos podemos utilizar lo que se llama la regla del 10x100: para alimentar 500 kg de un animal carnívoro se necesitan 5.000 kg de herbívoro que, a su vez, han necesitado 50.000 kg de masa vegetal (trigo, maiz, cebada) que para ser cultivadas han necesitado nada más y nada menos que ¡más de medio millón de litros de agua!. Es uno de los motivos por los que los herbívoros son mucho más numerosos que los carnívoros, cuestión de eficiencia y posibilidades.
Ø El agua en mal estado es responsable de más del 80% de las enfermedades en los países en desarrollo, según un estudio de la ONU. El 30% de las muertes en estos países deben atribuirse al agua de mala calidad. Es una cantidad desorbitada e impresionante.
Ø Según UNICEF, en los países en desarrollo las mujeres y las niñas caminan una media de 5 kms diarios transportando de media 20 litros de agua. En las zonas rurales de África, las mujeres a menudo llegan a caminar 10 kms diarios que llegan hasta los 20 en época seca. Y no sólo se trata de un problema derivado del esfuerzo físico que acarrean estos desplazamientos, sino que además obligan a las mujeres a distanciarse de sus poblados e incrementa el riesgo de que sufran agresiones de todo tipo, aparte de privarlas de asistir a las escuelas y recibir formación.
Ø Los servicios sanitarios constituyen uno de los mayores avances en cuestión de salud pública, pero 2.600 millones de seres humanos, dos de cada cinco, carecen de acceso a ellos y no tienen conexión a redes de alcantarillado. Se calcula que cada día esta triste realidad cuesta no menos de 5.000 muertes de niños por infecciones.
Ø Otro dato increíble: la meseta del Tibet es la principal fuente de recursos hídricos de Asia (y del planeta), alimenta a 10 de sus mayores ríos y proporciona agua a prácticamente la mitad de la población mundial (47%). Hay que tener en cuenta que más de una cuarta parte de la geografía China está catalogada como desierto y que los glaciares de las cordilleras tibetanas abastecen a gran parte de su población, así como la de otros países superpoblados de la zona, como India por ejemplo. Que tanta gente dependa de algo ecológicamente tan sensible como son los glaciares de una zona tan concreta del planeta representa un peligro a medio plazo que debería tenerse muy presente.
Ø Se estima que para producir un litro de agua embotellada se precisan 3 litros de agua natural, el que va dentro de la botella y dos más que se consumen en el proceso de producción.
Desde nuestra aparente seguridad occidental, duele darse de bruces con estas cifras. Pero si observamos lo que ya está pasando en nuestro país, con las peleas políticas, manifestaciones, etc. que está dando lugar la distribución del agua, imaginemos por un momento el futuro que nos espera si no espabilamos y nos ponemos de verdad a investigar en un mejor aprovechamiento de los recursos hídricos y en ayudar a los países en desarrollo para la mejora de sus infraestructuras sanitarias.
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