sábado, 14 de febrero de 2009

UN LARGO AMOR

Un largo amor


Un largo amor es una travesía oceánica
con muchos puertos.
Un largo amor está plagado de bahías
costas y ensenadas.
El amor breve, en cambio,
apenas permite un corto paseo
a pocas millas de distancia.
¿Cómo apreciar el efecto del viento,
las mareas, las noches estrelladas,
las estaciones, el vuelo de las gaviotas,
las tormentas y los amaneceres?.


Un largo amor no permite engaños
ni fraudes sostenidos
ni alardes permanentes.
El amor breve se consume en fantasías,
consciente de su brevedad,
se reconoce acabado antes de estarlo
y se inunda de prisas y ansiedad,
fugaz y efímero, sin historia ni destino.
El amor breve es una sequía
que se anuncia detrás de desbordamientos
e inundaciones,
una previsión inquebrantable
de batallas por ganar,
de derrotas seguras.
El largo amor, al contrario,
es una tregua cálida y suave,
una solemne declaración de paz.
Un largo amor, como el nuestro,
además, es un enorme álbum de recuerdos.

Cuando te conocí, tenías dedos largos
y muy delgados, como ahora,
y una interminable cabellera rubia,
que se ofrecía como un enorme trigal.


Tus ojos y tu boca eran anchos,
como un universo de promesas,
y sonreías con desparpajo.
Te recuerdo con una camisa fina,
de larga carretera de botones,
sin atajos ni saltos ni sorpresas,
como estaciones de tren a las que ir llegando,
y unos vaqueros sin marca
colmados de atisbos y señuelos.
Éramos jóvenes, muy jóvenes,
apenas una quincena de años
y apenas un indicio de vida.
No recuerdo haber pensado mucho en el futuro,
tú estabas ahí y eso era todo.
Sí recuerdo que escribí un largo poema,
tan largo que te lo iba entregando por capítulos.
Hablaba del paso del tiempo,
de la vida, la muerte y la tristeza.
No sé, nunca lo entendí.
Tampoco ahora lo entiendo
pero fue mi forma de decirte
que ya no había futuro para mi sin ti.
Fue una noche, en un vetusto baile de pueblo,
(si no fue allí, me quedo con ello)
donde nos besamos por primera vez.
Sentí como si de pronto naciera el Amazonas
con su anchura y su caudal,
y fuera abriéndose camino por bosques tupidos,
cavando cañones, saltando precipicios.
Yo creo que ambos supimos ya entonces
que el baile iba a ser largo.
Llevamos más de treinta años bailando.


Por aquel entonces yo llevaba el pelo largo,
con rizos que le daban un aire desordenado.
Lo del bigote fue algo más tarde.
Escuchaba música rock que tú no entendías
(ni falta que hacía)
y tenía veinte centímetros de menos
para ser alto
y diez de más para ser demasiado bajo.
Hablaba mucho de cosas trascendentes
y decía eso de que la luz de las estrellas
tarda miles de años en llegarnos
y muchas las vemos pero ya no existen.

Aquel año inicial
pasó en un sí, no, no, sí
y un día, sin saber cómo ni por qué,
estábamos sentados en el rompeolas de Barcelona.


Nos gustaba ir al rompeolas.
Tú no eras de mar y yo aún no lo amaba,
pero ya tenía algo profético que nos atraía.
Allí juntos sólo había presente, tú y yo,
un par de coca colas y tus manos.
Nunca calculamos años, metas,
deseos por cumplir, horizontes lejanos.
Sólo estábamos juntos en un tic-tac permanente.


Luego tuvimos un dos caballos de hojalata
que fue nuestro primer hogar
y que era capaz de alcanzar los 90 km. por hora.
Ah, cuantas horas de estudio y lectura,
cuanto tiempo de guardia
en el garaje de mi padre,
cuantos libros leídos, cuántas cosas.
Éramos jóvenes, muy jóvenes,
pero estábamos juntos y eso era todo.
Tú me regalabas tu amor,
yo flores y poemas.
Comíamos en casa de tus padres los domingos
y tenías que estar temprano en casa.

Un día, de pronto, acabé la carrera,
me prometieron un título
y el estado me envió a Canarias
a prestar el servicio militar.
Nunca entendí lo de prestar,
ya que nadie me ha devuelto ese tiempo,
ni lo de servicio, ya que no fui útil a nadie,
ni lo de militar, si alguien lo interpreta
como cosas de guerra y fusiles.
Pero estuve un año en Tenerife,
de enero a diciembre, de Reyes a Navidad.


Después de tantos años juntos, fue como un cisma,
yo te escribía poemas y el tiempo se hacía abismo.
Regresé ahogado de distancia
y convertí mi ahogo en un error.
Por fortuna los augurios eran muy fuertes
y un día salío el sol y lo ví claro:
sin tus manos, las mías estaban vacías,
sin tus ojos, no había horizontes,
sin tus besos, no había quimeras,
sin ti era imposible.


Con mi licenciatura de Farmacia en la mano
me estrené de taxista, así son las cosas
y así avanza la vida por nosotros.
El taxi trajo un sueldo y el sueldo ilusiones.
Tras diez años de un poema capitular,
nos dijimos sí, un frío día de abril.
Me recuerdo de pié en el altar,
las manos juntas por no buscarte,
y tú entrando, blanca y pálida,
tus ojos clavados en mí,
y en esas flores que faltaron.


La iglesia estaba en la calle Pujades,
pero no fue un pronóstico,
veintidós años después
ha habido más pendientes suaves,
que altas escaladas.
Qué poco sabíamos del mundo.
Nos fuimos de viaje a recorrer Europa,
con un anciano Renault que supo portarse bien.
Conocimos Roma, Pompeya, Venecia, Pisa y París.
Y tras tres semanas y 6.000 kilómetros,
estrenamos una casa que ahora es hogar,
con un par de maletas grises,
un ajuar escaso y cinco mil pesetas en el banco.


El taxi daba para anécdotas y poco más,
pero un día la fortuna quiso viajar conmigo
y me paró en la calle Pedro IV esquina con Maresma.
Y del que hace un chico como tú en un sitio como éste,
pasé a estrenar traje, corbata y futuro.


Algo había escrito en algún sitio
cuando fue una editorial la que me sacó del taxi.
Podría haber sido una gestoría,
un supermercado, una panadería
o una correduría de seguros.
Pero fue una editorial, médica para más señas.
Y en esto que ocurrió un hecho insólito:
la luna se hizo llena y dejó de dar vueltas,
colgada permanentemente en nuestro cielo.
Como vimos que iba para largo,
le pusimos nombre y Mónica se llama.


Y cuándo aún estábamos cautivados por ello,
ocurrió lo mismo con el sol.
No hay que buscar explicación, fue así.
Y al sol le llamamos Daniel.


Con la constelación completa una cosa llevó a la otra,
y el embalse se cubrió de pañales primero,
de idas al pediatra y tareas escolares después
y de fiestas de cumpleaños, noches en vela,
lloros y risas, muchas risas y alegrías.
Pero el tiempo es muy sagaz
y sabe avanzar cauteloso, sin hacer ruido.
Así que un día habían pasado dieciocho años,
como dieciocho rosas, de luna llena
y sol radiante ocupándolo todo.
Y mi pelo era ya blanco,
y si antes fuimos jóvenes, ya no lo éramos.

Es curioso como se pasa del aún soy joven
a la orilla de la cincuentena en un parpadeo.
Con tanto quehacer y mucho no hacer,
el poso de múltiples heridas banales
era una montaña inexpugnable.
Un día te encontré mirándome
como el que mira a un extraño.
Tuve la tentación de darme la vuelta,
por si había entrado un desconocido,
pero era yo.
Y al caer en el espacio que había entre ambos,
allí, sentados en el sofá, tranquilamente leyendo,
descubrí que se había abierto un cráter
de dimensiones inconmensurables.
¡Qué desconcierto!
Un océano inabarcable.
Pero decidiste coger el timón
para navegarlo juntos, de la mano.
Y aquí estamos: casi medio centenarios,
en este largo amor,
varando en nuevos puertos,
recorriendo millas a fuerza de entusiasmo.


¿Qué nos queda?
Una memoria de olas y mareas
y un horizonte que alcanzar
y al que por fortuna nunca llegaremos,
lleno de augurios, sueños y proezas.
Más de tres décadas es mucho tiempo.
O no. Depende. Da gusto tenerte aquí,
sentada con tus crucigramas,
mientras busco en internet
reproducciones de códices mayas.



Y el silencio ahora es abrigo
que nos cobija y da calor.
¿Cómo describir la maravilla que nos une?
Un largo amor que ahora tomamos a sorbitos,
con delicadeza, en unas tacitas
de preciosa porcelana China.


Ah, Marisol, qué feliz renacimiento.



Josep Crusellas
,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,,

viernes, 13 de febrero de 2009

SOBRE EL "ESTUDIO DE LA HISTORIA" DE A.J.TOYNBEE



SOBRE EL "ESTUDIO DE LA HISTORIA"
Arnold J. Toynbee (1889-1975)

Se hace difícil afrontar la tarea de resumir a Toynbee. Su monumental obra “Estudio de la Historia”, escrita a lo largo de varios decenios, en el segundo tercio del siglo pasado, aborda una explicación de los hechos históricos desde una perspectiva global. Escribe una explicación de la Historia, con mayúsculas, llena de causas y efectos y concatenaciones que intentan dar sentido a la evolución de la humanidad en sus últimos 6.000 años.

Hay pocos historiadores que en su vida profesional se hayan propuesto unos planes de estudio tan ambiciosos como los que se marcó Toynbee al emprender la tarea de escribir su obra. Fue tan ingente la tarea y tantas las miles de páginas que abarca, que la obra original sólo existe en las bibliotecas (de hecho, yo aún no la he visto, salvo algún tomo suelto en alguna librería de viejo). Fue otro autor, D. C. Somervell quién se dedicó a escribir un compendio de la obra de Toynbee que contó con el beneplácito e incluso con la revisión pormenorizada del autor original. Son los 3 tomos de Somervell publicados en la serie de libros de bolsillo de Alianza Editorial los que he podido leer y trabajar (y aún éstos no son fáciles de encontrar, sobre todo el tercero y último que sólo pude conseguir de forma casual en un mercadillo de libros de segunda mano). Aunque el tamaño de los libros de bolsillo de Alianza Editorial no es demasiado grande, entre los tres tomos suman 1.500 páginas, por lo que ni siquiera el compendio es de fácil lectura.

El propósito de Toynbee en su “Estudio de la Historia” fue elaborar una tesis clara y sólida respecto a la experiencia histórica de la humanidad desde la aparición de las primeras civilizaciones hasta mediados del siglo pasado. Su Estudio está plagado de ejemplos puntuales de momentos concretos de la historia que por una parte avalan su tesis y por otra convierten la lectura de su obra en una magistral y única clase de historia (o de filosofía de la historia).


En el centro las Civilizaciones

En los libros de historia suelen abordarse los capítulos a partir del estudio de imperios, reyes, estados o naciones; en un contexto geográfico concreto y en un orden cronológico que sólo avanza hacia el siguiente siglo una vez ha quedado explicado lo que sucedió en el anterior.

Toynbee rompe radicalmente con esta explicación histórica y aborda su Estudio de forma muy distinta. En su primer capítulo ya deja claro que en su opinión el fundamento de la historia no deben ser ni las naciones como contexto central ni los periodos contemplados sólo de forma cronológica. Son las “sociedades humanas” o “civilizaciones” las que forman un todo que da explicación a los hechos ocurridos en cada una de sus partes. Sólo con la visión del todo podremos dar explicación a lo observado al enfocar las partes. Así pues, la obra de Toynbee aborda una explicación coherente sobre la evolución de las diferentes civilizaciones de la humanidad.

Para ello, lo primero es clarificar cuántas civilizaciones existen y han existido en el mundo. Toynbee dedica muchas páginas a ello, ya que cada una de las civilizaciones de la humanidad sirve de apoyo para su tesis histórica.

Podríamos definir una civilización como el más amplio agrupamiento cultural y de identidad de personas. Se define por la lengua, la historia común, la religión, las costumbres, las instituciones, pero sobre todo por la autoidentificación subjetiva con ella de sus componentes. Un residente de Barcelona podría definirse como barcelonés, catalán, español, latino, mediterráneo, europeo, católico, cristiano y occidental. El siguiente paso ya nos llevaría a un concepto “mundial” que no nos sería útil para la identificación, ya que sería compartido por el resto de la humanidad. Así pues, para un barcelonés el mayor agrupamiento cultural y de identidad es formar parte de la “Sociedad (o civilización) Occidental”.


¿Cuántas civilizaciones existen y han existido?

Toynbee realiza un estudio comparativo de las distintas civilizaciones, intentando encontrar filiaciones entre ellas que permitan hablar de paternidades y relaciones. Por supuesto, hay una serie de civilizaciones primigenias, que surgieron por sí mismas desde los estados de cultura más primitivos, y que dieron lugar a las que todavía persisten en el mundo.

Toynbee describe las siguientes civilizaciones:

Civilizaciones Primigenias (lugar y tiempo de origen)
1) Egipcíaca. Valle del Nilo. 4.000 a.C.
2) Sumérica. Valle inferior del Tigris y del Eufrates. 3.500 a.C.
3) Indica. Valles del Indo y Ganges. 1.500 a.C.
4) Minoica. Islas del mar Egeo. 3.000 a.C.
5) Sínica. Valle inferior del río Amarillo. 1.500 a.C.
6) Andina. Costa y meseta andinas. Hace 2.000 años.
7) Maya. Península de Yucatán. 500 a.C.

Civilizaciones filiales de segunda generación (parentesco, lugar y tiempo de origen)
8) Yucateca. Filial de la Maya. Península del Yucatán y Centroamérica. Aprox. 700 d.C.
9) Mexicana. Filial de la Maya. Mexico. 700 d.C.
10) Hitita. Laxamente filial de la Sumérica. Capadocia. 1.500 a.C.
11) Siríaca. Laxamente filial de la Minoica. Siria. 1.100 a.C.
12) Babilónica. Filial de la Sumérica. Irak. 1.500 a.C.
13) Del Lejano Oriente. Filial de la Sínica. China. 500 d.C.
14) Hindú. Filial de la Indica. Norte de India. 800 d.C.
15) Helénica. Laxamente filial de la Minoica. Costas del mar Egeo. 1.100 a.C.
16) Iránica. Filial de la Siríaca. Anatolia, Irán. Antes de 1.300 d.C.
17) Arábica. Filial de la Siríaca. Arabia, Irak, Siria, Norte de Africa. Antes de 1.300 d.C.

Civilizaciones filiales de tercera generación (parentesco, lugar y tiempo de origen)
18)Japonesa. Filial de la del Lejano Oriente (China). Archipiélago japonés. 500 d.C.
19) Cristiana Ortodoxa. Filial de la Helénica. Anatolia. 700 d.C.
20) Cristiana Ortodoxa en su cuerpo principal ruso. Rusia. Siglo X.
21) Occidental. Filial de la Helénica. Europa Occidental. 700 d.C.




Toynbee, además, añade la Civilización Islámica, filial de la fusión de la iránica y la arábica a partir de 1.500 d.C. y la Centroamericana, filial de la fusión de la Yucateca y la Mexiacana en 1.500 d.C. y asimilada por los españoles en la Sociedad Occidental. Con ellas suma un total de 23 civilizaciones.

De todo ello se concluye que las civilizaciones existentes hoy en el mundo son:
- Islámica.
- Del Lejano Oriente en su cuerpo principal, China.
- Del Lejano Oriente en su vástago japonés.
- Hindú.
- Cristiana Ortodoxa.
- Occidental.





Comparar civilizaciones

El propósito de comparar la evolución de las civilizaciones es posible si tenemos en cuenta el corto periodo de la historia de la raza humana que abarcan. Apenas 6.000 años de vida para las más antiguas es una cantidad de tiempo que puede considerarse como “filosóficamente contemporánea”, si lo contemplamos dentro del contexto de los cientos de miles de años de vigencia de nuestra especie en el mundo.

Si bien el estudio antropológico de los cientos de culturas de las sociedades primitivas anteriores permite por su elevado número una comparación más fina y con mayores posibilidades de elaborar teorías evolutivas y de comportamiento, en el estudio de las civilizaciones ello se presenta más complejo, dado que sólo tenemos media docena originarias y apenas un par de decenas en total.

Por último, podríamos pensar que cada hecho histórico individual es algo único e irrepetible, en absoluto sometido a ningún tipo de leyes o normas históricas de desarrollo. Y ello es así, pero Toynbee opina que ocurre lo mismo con cualquier especie animal, por ejemplo, que es única e irrepetible y, en muchos casos goza de una autonomía muy amplia en sus actos, pero ello no impide que existan las ciencias de la fisiología, la biología, la zoología, etc. Por ello cabe concluir que aún aceptando la individualidad de cada hecho histórico aislado, es posible abordar la visión global de la civilización en la que se produjo ese hecho, en qué contexto y bajo qué condiciones, qué causas tuvo y en qué fase de desarrollo civilizatorio tuvo lugar, e intentar buscar una explicación general del desarrollo histórico.

El desarrollo de las civilizaciones

Toynbee encuentra una explicación general al desarrollo de las civilizaciones que es compartida por todas ellas. En resumen, las fases de este desarrollo son:
- Génesis
- Crecimiento
- Tiempos revueltos
- Colapso
- Estado universal
- Desintegración

La explicación de Toynbee huye del determinismo. Aunque puede contemplarse el desarrollo de las distintas evoluciones desde la globalidad atendiendo a las fases mencionadas, la historia es cíclica y permite la regeneración o renacimiento una y otra vez, lo que ocurrió por ejemplo varias veces en la civilización egipcia.


La Génesis

Las sociedades primitivas, previas al origen de las civilizaciones, apenas avanzaron en su cultura, costumbres, tecnología, etc. en miles de años. ¿Qué ocurre cuando una sociedad inicia el camino hacia la creación de una civilización?. ¿Qué ocurre en una sociedad estática, que apenas sufre modificaciones en su perfil, para convertirse en dinámica y creativa?.

Según Toynbee, la diferencia esencial está en la mímesis o imitación que se produce en cada caso. En las sociedades primitivas, la mímesis se dirige hacia el pasado, hacia los miembros de mayor edad y los ancestros. En estos casos domina la costumbre y la sociedad permanece estática.



En las sociedades en proceso de civilización, la mímesis cambia de dirección. Aparece una minoría creadora capaz de romper con el uso de la costumbre y conseguir mayor adhesión que la minoría dominante anclada en el pasado.





Obviamente, este cambio de lo estático a lo dinámico se produce también en sentido contrario y debe haber ocurrido en multitud de ocasiones, tanto en la génesis de las civilizaciones, como en las propias sociedades primitivas. Hace docenas de miles de años se produjeron cambios en las sociedades humanas que dejan entrever avances hacia el dinamismo y la creación que superan a cualquier otro que pueda haberse dado en el contexto del desarrollo de una civilización.


Las virtudes de la adversidad

¿Qué es lo que origina la aparición de una minoría creadora?. El uso de la costumbre es tan adormecedor que tienen que existir motivos muy contundentes no sólo para que aparezcan estas minorías, sino para que además generen la suficiente adhesión por el resto de los componentes de la sociedad (o por un número relevante de ellos por lo menos).

Toynbee deja claro que no son motivos ligados a la raza ni a las condiciones físicas en las que habita un grupo social, sino las dificultades que se presentan en momentos concretos en la vida de una sociedad que obligan a tomar decisiones ligadas a la propia supervivencia. Es en estos casos en los que pueden aparecer minorías creadoras que superen el poder ejercido por las minorías dominantes.

En el caso de la génesis de las civilizaciones egipcia y sumeria, la adversidad vino dada por el cambio climático sufrido en el área de confluencia afroasiática después de la época glacial. Las praderas habitadas por las sociedades primitivas de la zona sufrieron una desecación tan importante que obligó a tomar decisiones en contra de la forma de vida basada en la costumbre. Los que permanecieron en el mismo hábitat sin cambiar su forma de vida, se expusieron a una segura extinción. Los que emigraron hacia el norte manteniendo sus formas de vida, se expusieron a nuevas incitaciones en su futuro. Pero los que buscaron en la zona hábitats algo más propicios y, además, adaptaron su forma de vida a las nuevas condiciones del entorno, estuvieron obligados a la creatividad. Y en este caso la creatividad fue tan atrevida como cambiar el modo de subsistencia basado en la caza y la recolección por la agricultura, con los radicales cambios sociales que ello implica (sedentarismo, aparición de las primeras ciudades, nuevas instituciones, aumento de la demografía, etc.).

La civilización maya surgió por la necesidad de vencer a la naturaleza exuberante de la selva tropical, solo dominable por el esfuerzo común de la sociedad. La civilización andina se enfrentó a una tierra árida, seca y dura en la meseta, apenas un desierto en la costa. La colectividad hizo posible en ambos casos crear riqueza a través de la agricultura y la génesis de civilización.

La explicación de Toynbee de la génesis de la civilización minoica es aún más original. Los primeros restos de hábitat humano en las islas del egeo están en la isla de Creta y parece demostrado que también se trató de seres humanos provenientes de la zona afroasiática, parte de los que prefirieron cambiar de hábitat y avanzar hacia el norte. Parte de ellos afrontaron el mar, lo cruzaron, encontraron hábitats donde quedarse e hicieron frente a esta nueva incitación marina.

En el caso de la civilización Sínica, la incitación vino dada por el caos acuático existente en el valle inferior del río Amarillo cuando se instalaron allí los primeros seres humanos. Tuvieron que afrontar un río no navegable en aquel tiempo y que en las fases de deshielo producía continuas y devastadoras inundaciones.

Por último, la civilización Indica tuvo que hacer frente a los bosques tropicales húmedos del valle del Ganges.

En todos los casos, la extinción o asimilación de todos los grupos sociales que con seguridad habitaban en las cercanías de estas civilizaciones primigenias y la génesis de éstas y su supervivencia en el tiempo, confirman la teoría de que la incitación proveniente de la adversidad genera una fuerza creadora capaz de vencer las ataduras con el pasado y de cambiar radicalmente las sociedades precedentes.

En resumen, la geografía dura y el estímulo del suelo nuevo y el cambio de hábitat obligado explicarían la génesis de todas las civilizaciones originales.




Otras incitaciones

En la aparición de las civilizaciones filiales encontramos nuevos tipos de incitación, aunque todos centrados en la adversidad estimuladora.

El estímulo de los golpes. Son muchos los hechos históricos que nos muestran como derrotas súbitas y aplastantes pueden ser un estímulo suficiente para recomponerse y prepararse para una respuesta vigorosa y creativa. Como ejemplo tenemos la génesis de la sociedad Occidental, conseguida tras el terrible golpe final sufrido por la sociedad helénica representada en ese momento por el imperio romano. Su definitiva caída y desaparición dio lugar, tras un cierto periodo de tiempos revueltos, a la génesis de nuestra civilización.

El estímulo de las presiones. Toynbee relata muchos hechos históricos centrados en las presiones de unas sociedades o civilizaciones sobre otras y que dieron lugar al fortalecimiento y la creatividad en las sociedades sometidas a presión. Desde la presión de los bárbaros sobre occidente y la creación del primer reino franco, hasta la presión del islam a través de la península ibérica y la fortaleza que provocó en el periodo de Carlomagno, o la presión del imperio otomano sobre las fronteras orientales de Europa y el fortalecimiento que ello produjo en el imperio austrohúngaro que sólo empezó a perder fuerza tras el aniquilamiento y la caída en desgracia de su opositor fronterizo.

Toynbee también deja claro que una incitación “máxima” no tiene por qué producir siempre una respuesta “óptima”. El estímulo de los golpes puede ser excesivo en un momento y un tiempo determinados (por ejemplo, antes de que la tecnología permita afrontar determinados condicionantes físicos), pero en cualquier caso, Toynbee afirma que no hay incitaciones excesivas, sino que toda incitación puede generar respuestas creativas, aunque éstas se centren en avanzar en la dirección de conseguir evitar la fatalidad de la incitación.


El crecimiento de las civilizaciones

Hay dos criterios falsos que cabe descartar. Uno es que una civilización crece cuando es capaz de dominar el contorno, a través de las conquistas de las tierras vecinas (el militarismo) y la otra que la incitación centrada en la mejora continuada de las condiciones del terreno de origen es también el factor clave en el crecimiento de la sociedad. Toynbee opina en el primer caso que el militarismo es más un síntoma de decadencia que de crecimiento y que en las fases de decadencia también puede darse un desarrollo acertado de la tecnología.

La fuente de crecimiento de una civilización es lo que Toynbee llama “el progreso hacia la autodeterminación”. Todo crecimiento nace de individuos creadores o pequeñas minorías de individuos creadores que tienen una doble función: realizar sus creaciones superando a las minorías dominantes y conseguir que la sociedad a la que pertenecen, la “masa” de miembros de la misma, se adhiera, cambie y haga suyo este nuevo estilo de vida, adaptándose y superando las continuas incitaciones internas producidas por respuestas creativas a incitaciones precedentes. Incitación, respuesta que genera una nueva incitación que requiere una nueva respuesta y así sucesivamente. Es el camino que encuentran las sociedades en crecimiento.








El colapso y la desintegración

Para Toynbee, aparte de la obviedad del colapso y desintegración de todas las civilizaciones ya desaparecidas, todas las actualmente supervivientes están ya en fase de desintegración, a excepción de la nuestra. Hay que tener en cuenta que las sociedades nunca mueren de muerte natural, sino por asesinato o suicidio.



Cuando una civilización está en crecimiento genera una mímesis positiva en las sociedades externas e irradia aspectos positivos en los planos económico, político y cultural. En esta situación las fronteras se diluyen y se genera un aura alrededor del área de influencia de la civilización. Cuando la civilización entra en descomposición, cierra sus puertas hacia las sociedades externas a las que empieza a considerar como enemigas. Esto genera el desencanto de estas sociedades y la pérdida de mimesis positiva. Aparecen fronteras fijas y claramente definidas alrededor del área dominada por la civilización y el fin se acerca.




Una civilización en desintegración encuentra un cierto alivio en su caída en el sometimiento a una unificación política enérgica en forma de un “Estado universal”. El ejemplo más claro para nosotros sería la creación del imperio romano, que fue el Estado universal de la civilización helénica. Toynbee percibe el colapso de esta civilización en el desgaste producido por las guerras púnicas entre romanos y cartagineses. Sólo la creación del Imperio romano pudo prolongar durante varios siglos la existencia de la sociedad helénica y detener el deterioro de la misma que se inició ya en el segundo siglo antes de Cristo.







Una civilización en desintegración no ejerce atracción, se encierra en sí misma y se torna violenta contra sus sociedades primitivas vecinas. Ataca y conquista, hasta que la distancia complica el avance militar. Este avance ha destruido el áurea protectora que se ha convertido en una auténtica frontera en forma de una línea definida que separa a la “civilización” de los “bárbaros”. Este es el primer paso hacia la desaparición de la civilización. La combinación de la rebelión del descontento interno de una sociedad frente a la mayoría dominante opresora y del empuje del exterior, atacado y expulsado de los beneficios de la sociedad vecina superior, han generado el fin de múltiples civilizaciones.



Para Toynbee todas las civilizaciones actuales, excepto la occidental y quizás la islámica, han tenido ya su Estado universal en el pasado. El ritmo puede darse a base de recuperaciones y caídas momentáneas.



El colapso se produce cuando fracasa el “progreso hacia la autodeterminación”. En ocasiones, la minoría creativa se contagia del efecto mecánico de la mimesis del resto de la sociedad y pierde su impulso inicial. También puede ocurrir que los conductores cambien “las mansas armas de la persuasión por el látigo de la compulsión”. En estos casos, la minoría creativa se convierte en minoría dominante, perdiendo el efecto mimético sobre la sociedad que empieza a mostrarse refractaria hacia ellos.


Las iglesias universales

Todas las religiones “universales” que existen en la actualidad (cristianismo, islam, budismo, confucionismo, hinduismo) aparecieron en civilizaciones de segunda generación y han sido herencias trasladadas a las de tercera. En ningún caso pervivió una religión universal generada en una de las civilizaciones originales. Parece que los motivos de cambio y renovación no estuvieron influidos por el empuje de religiones internas presentes en las civilizaciones numérica, minoica, sínica, etc.

Las iglesias universales se desarrollan en los cuerpos sociales decadentes de los Estados universales. Así ocurrió con la religión cristiana, por ejemplo. Esto motiva diferentes visiones de estas religiones:
- Iglesias como cánceres. Así las vieron los opositores contemporáneos pertenecientes al Estado universal y algunos historiadores revisionistas que las culpan de la desintegración de una civilización, sin percibirse que lo que fueron es fuente de inspiración para las nuevas minorías creativas y para la génesis de nuevas civilizaciones.
- Iglesias como crisálidas que dieron lugar al nacimiento de nuevas civilizaciones.


Perspectivas de la sociedad occidental

Toynbee se mostró optimista respecto a las perspectivas de la sociedad occidental. Hay que pensar en la opinión que se podía tener respecta a nuestra civilización a mediados del siglo pasado. Aunque estábamos en plena guerra fría, en occidente se consolidaban las democracias, las libertades, los derechos humanos.



Toynbee reconoce que la sociedad occidental tuvo su momento débil respecto al militarismo. “Occidente se debatió sin éxito en esta enfermedad”. Pero consideraba que se había curado de la misma. También cabía observar minorías dominantes, grupos internos desalentados y grupos externos descontentos. Pero el dominio sobre la naturaleza y la rapidez acelerada de los cambios sociales, sin paralelo en ninguna civilización anterior, hacían pensar a Toynbee que cabía la posibilidad de que una civilización, la nuestra, no tuviera que padecer su desintegración.

A pesar de ser un defensor a ultranza de la no-occidentalización de la historia y de que en su Estudio critica con dureza los conceptos históricos que toman sólo como punto de vista válido el occidental (por ejemplo la clasificación de la historia en Antigua, Medieval, Moderna y Contemporánea, que son sólo válidos para la Civilización Occidental y que en cambio en muchos libros de historia se utilizan para encajar el curso de la historia de todas las civilizaciones del mundo), al final Toynbee se deja llevar por su optimismo respecto a los valores de nuestra civilización.

=======================================

jueves, 12 de febrero de 2009

¡FELIZ ANIVERSARIO, CHARLES!

200 ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DE CHARLES DARWIN

200 aniversario del nacimiento de Charles Darwin


Hoy se cumple el 200 aniversario del nacimiento de Charles Darwin. Una buena fecha para recordar...

Y este año también celebramos el 150 aniversario de la publicación del "Origen de las especies"


He encontrado un artículo fascinante en la edición de La Vanguardia del domingo 6 de julio de 1884 en la que se etiqueta a Darwin de "moderno"... El tiempo es inexorable, aunque cabe decir que las ideas de Darwin fueron tan modernas... que siguen estando de actualidad.

miércoles, 11 de febrero de 2009

SOBRE EL ORIGEN DEL LENGUAJE

SOBRE EL ORIGEN DEL LENGUAJE
(Diciembre 2004)


De entrada, el lenguaje no fue ninguna "invención" que llegó cuando los humanos fueron intelectualmente capaces de realizarla (otra idea preconcebida que se me ha derrumbado, como lo fue en su momento el descubrir que ni siquiera la agricultura fue un invento o una innovación, sino una necesidad). El lenguaje se fue gestando con el tiempo, poco a poco, y fue creciendo conforme lo fueron haciendo los propios humanos, modificando con su uso incluso aspectos físicos de la estructura del cuerpo humano.

Por supuesto que todo son teorías, ya que no no hay forma de confirmar nada al respecto (no se puede hacer un "experimento" para confirmar estos temas), pero probablemente todo empezó por la fuerza del binomio mutación/selección, cuando alguno de nuestros antepasados homínidos fue capaz de controlar algún sonido instintivo. Por ejemplo, los primates actuales emiten sonidos a la vista de un felino y no pueden evitar hacerlo. Probablemente sea un método de defensa del grupo, pero por otra parte es también una forma de ponerse en evidencia y... en peligro. Imaginemos en un pasado remoto que un homínido, por alguna mutación hacía lo contrario, guardara silencio, quizás así tendría más posibilidades de sobrevivir al ataque de las fieras. Los primates actuales también están instintivamente programados por sus genes para emitir sonidos de aviso cuando encuentran alimento. De esa forma, el resto del grupo puede acercarse y disfrutar entre todos del alimento. Hace millones de años, alguno pudo tener un error de programación y permanecer callado al encontrarse con los restos de algún animal muerto. Ello le podría haber permitido aprovecharse él sólo del alimento y le hubiera dado mayores probabilidades de sobrevivir. En fin, son ejemplos de este tipo lo que aparecen en los libros para remontarse al origen. Por lógica, los descendientes de estos homínidos "diferentes" que heredaran estas "diferencias" hubieran también tenido mayores probabilidades de seguir existiendo y reproduciéndose generación tras generación.

Obviamente ésto no era lenguaje ni nada que se le parezca, pero pudo ser el principio del mismo. El lenguaje empezó cuando un antepasado nuestro fue capaz de controlar la emisión de sus sonidos vocales y emitirlos de forma voluntaria. Sin esta premisa, no hay lenguaje posible. Todos los mamíferos emiten sonidos, pero ninguno tiene "lenguaje".

Dando un paso de gigante en el tiempo, podríamos encontrarnos ya con el lenguaje propiamente dicho. Aún se discute si homo neandertalensis o incluso homo erectus eran capaces de articular sonidos como palabras y de "hablar" de algún modo. Lo que está claro es que el homo sapiens sí que fue capaz de hacerlo. Lo primero es clarificar para qué sirve el lenguaje. Si nos hacemos esta pregunta, la respuesta lógica es: para comunicarnos o bien para transmitirnos información. Estas son las únicas respuestas que yo hubiera sido capaz de dar antes de intentar profundizar un poco más en el tema. Pero hay más, mucho más. Resumiendo, el lenguaje tiene tres funciones básicas:

1. La función comunicativa. La que hemos dicho antes, el lenguaje permite comunicar información sobre la realidad.

2. La función interpersonal. Una función muy importante, el lenguaje también permite mantener relaciones interpersonales y la coherencia de grupo. Por ejemplo, cuando le decimos al niño en la cuna: "Gugu, tata, hola, hola, anda cariñito ríete, vidita, gugu, gugu", ¿qué estamos comunicando?. Nada, absolutamente nada. Lo que estamos haciendo es que el niño se sienta bien, arropado, que juegue con nosotros, que participe en la vida social del grupo en el que está inserto. Los enamorados se hablan de amor sin comunicarse ni transmitirse ninguna información, sólo con el fin de reforzar sus sentimientos y su relación. Contamos chistes para mantener una atmósfera agradable, simpática, cálida entre los amigos. Contamos cuentos a los niños para muchas cosas, entre ellas favorecer y estimular su propia imaginación, pero no para comunicarles nada. Y así muchos ejemplos más.

3. La función representativa. Confieso que ésta es la que más me sorprendió descubrir, quizás por evidente, pero nunca había caído en ella. El lenguaje nos permite representar la realidad y organizarla de forma coherente. Es decir, sin el lenguaje seríamos incapaces de "pensar".
Increíble, tan sencillo y tan extraño. El lenguaje no es un invento, sino algo inherente al ser humano. Sin él no tendríamos la capacidad de imaginar, crear, etc. Nuestros sentidos, sobre todo la vista y el oído nos permiten percibir lo que nos rodea, captan las ondas lumínicas y sonoras y, gracias a ello, podríamos movernos por el mundo sin chocar contra las paredes o caernos por el abismo. Nos permiten ser conscientes de las "cosas que destacan" del resto. Un paso más allá es ser capaces de reconocer las cosas que nos son biológicamente útiles, básicamente el alimento. Y estos pasos se van dando si vamos ascendiendo por la escala de complejidad de los seres vivos. Un ejemplo: una rana puede estar frente a un insecto que, si éste permanece quieto, es incapaz de reconocerlo como algo biológicamente útil para ella. Sólo si se mueve, lanzará su lengua para capturarlo. En cambio un chimpancé tendrá una irresistible tentación de tomar entre sus manos todo aquel objeto que encuentre a su alcance y de probar a comer lo que le parezca útil (una manzana "quieta" en el suelo, por ejemplo). Por ello, cuando estamos frente a un perro agresivo lo mejor es permanecer muy quietos, tanto para no parecerle un enemigo peligroso como para no "destacar", no ser un "objeto saliente" del entorno y motivarle a fijar su atención en nosotros. El perro es incapaz de simbolizar en su cerebro algo así como "es una persona lo que tengo delante de mi". En cambio el lenguaje nos permite representar la realidad sin necesidad de ningún otro de nuestros sentidos. No estamos sujetos a la necesidad de reconocer los "objetos salientes" o los "biológicamente útiles", pues podemos imaginárnoslos, representarlos en nuestra mente y, lo más importante, relacionarlos con otros objetos u otros sucesos. Por ejemplo, imaginemos que decimos "la teja de la esquina del techo del cobertizo está a punto de caerse" estamos relacionando objetos (teja, techo, cobertizo), con espacios (la esquina), con momentos (a punto de) y acciones (caerse). ¡Santo cielo, es increíble!. Pero hay aún más. Si nos lo dicen en el salón de casa, tomaremos nota de la información, pero si nos lo dicen cuando estamos pasando por debajo del cobertizo, daremos de inmediato un salto para protegernos ¡sin estar viendo "físicamente" la teja!. En conclusión, el lenguaje nos permite sustituir la realidad por el símbolo.

Pero me he apartado un poco del motivo de este escrito, el origen del lenguaje. Cabe suponer que al principio todo consistió en sonidos y gritos desorganizados y no adaptados por todo el grupo, en momentos muy concretos, por la comida, el fuego, el agua, los peligros. Tampoco hay que desdeñar el lenguaje gestual, que debió ser básico y significativamente mayoritario durante miles de años. Todavía ahora, los gestos son una parte fundamental de apoyo al lenguaje humano. Gestos, gruñido y gritos voluntarios. Hasta que llegaron las primeras palabras. Aquí también estaba yo confundido. Creía erróneamente que los seres humanos empezaron a poner nombres a objetos concretos, por ejemplo un palo o un árbol, para facilitar su mención. No fue así. Por lo que dicen los expertos, al principio, lo primero que se podrían considerar como palabras, fueron sonidos convencionales que el grupo estuvo de acuerdo en adoptar y reconocer, y que describían cosas muy complejas. Por ejemplo, una sólo palabra podía significar "cueva alta y profunda muy adecuada para pasar la noche" ó "río peligroso que no podemos cruzar, por lo que tenemos que seguir buscando otro punto para hacerlo". Hay que tener en cuenta que hace miles de años los seres humanos tendrían muy poco que decirse, aparte de cosas muy concretas como las que acabo de mencionar (otra cosa que me sorprendió cuando la leí, pues tendemos a juzgar el pasado con los conocimientos del presente y si no nos paramos a pensar un momento, podemos caer en la tentación de imaginar a un grupo de homo sapiens de hace 75.000 años sentados alrededor de un buen fuego manteniendo una conversación de cómo ha sido el día, o contándole un cuento al niño para que se duerma...). Pero poco a poco fueron necesitando mayor concreción y fueron "desglosando" esas palabras repletas de contenido en otras más específicas que emitían simplemente con un orden ligado a la realidad (primero el río que no se puede cruzar, después hay que seguir buscando otro paso, y no al revés). Por ejemplo, inicialmente pudo ser suficiente con "comer fruta", pero un día empezaron a concretar, ya que "comer manzanas" es comer una cantidad inconcreta, pero "comer una manzana" es comerse una y punto.

Finalmente apareció la gramática, que empezó a poner orden al número creciente de palabras y conceptos que iban utilizando nuestros antepasados. Tiempos verbales, adverbios, conjunciones, pronombres, etc., fueron ligando con sentido una palabra con otra, con orden y lógica.

Hay aproximadamente unas 6.000 lenguas distintas en el mundo, y todas ellas son igualmente útiles e importantes. Muchas todavía conservan palabras repletas de contenido simbólico. Otras, como la nuestra, han llegado a disponer de sonidos concretos para casi todo lo que nos rodea. Algunas apenas disponen de gramática, simplemente porque no la necesitan. Otras son de una complejidad e inflexibilidad increíbles. Pero al final, todas han sido y son importantes, porque todas han servido y sirven para cohesionar grupos de seres humanos, para simbolizar realidades. Su fuerza está en su propia existencia. Y todas merecen el mayor de nuestros respetos.

…………………………………………………………………………..