miércoles, 8 de julio de 2015

ESTUDIO DE LA HISTORIA. ARNOLD J. TOYNBEE



SOBRE EL "ESTUDIO DE LA HISTORIA"
Arnold J. Toynbee (1889-1975)

Se hace difícil afrontar la tarea de resumir a Toynbee. Su monumental obra “Estudio de la Historia”, escrita a lo largo de varios decenios, en el segundo tercio del siglo pasado, aborda una explicación de los hechos históricos desde una perspectiva global. Escribe una explicación de la Historia, con mayúsculas, llena de causas y efectos y concatenaciones que intentan dar sentido a la evolución de la humanidad en sus últimos 6.000 años.

Hay pocos historiadores que en su vida profesional se hayan propuesto unos planes de estudio tan ambiciosos como los que se marcó Toynbee al emprender la tarea de escribir su obra. Fue tan ingente la tarea y tantas las miles de páginas que abarca, que la obra original sólo existe en las bibliotecas (de hecho, yo aún no la he visto, salvo algún tomo suelto en alguna librería de viejo). Fue otro autor, D. C. Somervell quién se dedicó a escribir un compendio de la obra de Toynbee que contó con el beneplácito e incluso con la revisión pormenorizada del autor original. Son los 3 tomos de Somervell publicados en la serie de libros de bolsillo de Alianza Editorial los que he podido leer y trabajar (y aún éstos no son fáciles de encontrar, sobre todo el tercero y último que sólo pude conseguir de forma casual en un mercadillo de libros de segunda mano). Aunque el tamaño de los libros de bolsillo de Alianza Editorial no es demasiado grande, entre los tres tomos suman 1.500 páginas, por lo que ni siquiera el compendio es de fácil lectura.

El propósito de Toynbee en su “Estudio de la Historia” fue elaborar una tesis clara y sólida respecto a la experiencia histórica de la humanidad desde la aparición de las primeras civilizaciones hasta mediados del siglo pasado. Su Estudio está plagado de ejemplos puntuales de momentos concretos de la historia que por una parte avalan su tesis y por otra convierten la lectura de su obra en una magistral y única clase de historia (o de filosofía de la historia).


En el centro las Civilizaciones

En los libros de historia suelen abordarse los capítulos a partir del estudio de imperios, reyes, estados o naciones; en un contexto geográfico concreto y en un orden cronológico que sólo avanza hacia el siguiente siglo una vez ha quedado explicado lo que sucedió en el anterior.

Toynbee rompe radicalmente con esta explicación histórica y aborda su Estudio de forma muy distinta. En su primer capítulo ya deja claro que en su opinión el fundamento de la historia no deben ser ni las naciones como contexto central ni los periodos contemplados sólo de forma cronológica. Son las “sociedades humanas” o “civilizaciones” las que forman un todo que da explicación a los hechos ocurridos en cada una de sus partes. Sólo con la visión del todo podremos dar explicación a lo observado al enfocar las partes. Así pues, la obra de Toynbee aborda una explicación coherente sobre la evolución de las diferentes civilizaciones de la humanidad.

Para ello, lo primero es clarificar cuántas civilizaciones existen y han existido en el mundo. Toynbee dedica muchas páginas a ello, ya que cada una de las civilizaciones de la humanidad sirve de apoyo para su tesis histórica.

Podríamos definir una civilización como el más amplio agrupamiento cultural y de identidad de personas. Se define por la lengua, la historia común, la religión, las costumbres, las instituciones, pero sobre todo por la autoidentificación subjetiva con ella de sus componentes. Un residente de Barcelona podría definirse como barcelonés, catalán, español, latino, mediterráneo, europeo, católico, cristiano y occidental. El siguiente paso ya nos llevaría a un concepto “mundial” que no nos sería útil para la identificación, ya que sería compartido por el resto de la humanidad. Así pues, para un barcelonés el mayor agrupamiento cultural y de identidad es formar parte de la “Sociedad (o civilización) Occidental”.


¿Cuántas civilizaciones existen y han existido?

Toynbee realiza un estudio comparativo de las distintas civilizaciones, intentando encontrar filiaciones entre ellas que permitan hablar de paternidades y relaciones. Por supuesto, hay una serie de civilizaciones primigenias, que surgieron por sí mismas desde los estados de cultura más primitivos, y que dieron lugar a las que todavía persisten en el mundo.

Toynbee describe las siguientes civilizaciones:

Civilizaciones Primigenias (lugar y tiempo de origen)
1) Egipcíaca. Valle del Nilo. 4.000 a.C.
2) Sumérica. Valle inferior del Tigris y del Eufrates. 3.500 a.C.
3) Indica. Valles del Indo y Ganges. 1.500 a.C.
4) Minoica. Islas del mar Egeo. 3.000 a.C.
5) Sínica. Valle inferior del río Amarillo. 1.500 a.C.
6) Andina. Costa y meseta andinas. Hace 2.000 años.
7) Maya. Península de Yucatán. 500 a.C.

Civilizaciones filiales de segunda generación (parentesco, lugar y tiempo de origen)
8) Yucateca. Filial de la Maya. Península del Yucatán y Centroamérica. Aprox. 700 d.C.
9) Mexicana. Filial de la Maya. Mexico. 700 d.C.
10) Hitita. Laxamente filial de la Sumérica. Capadocia. 1.500 a.C.
11) Siríaca. Laxamente filial de la Minoica. Siria. 1.100 a.C.
12) Babilónica. Filial de la Sumérica. Irak. 1.500 a.C.
13) Del Lejano Oriente. Filial de la Sínica. China. 500 d.C.
14) Hindú. Filial de la Indica. Norte de India. 800 d.C.
15) Helénica. Laxamente filial de la Minoica. Costas del mar Egeo. 1.100 a.C.
16) Iránica. Filial de la Siríaca. Anatolia, Irán. Antes de 1.300 d.C.
17) Arábica. Filial de la Siríaca. Arabia, Irak, Siria, Norte de Africa. Antes de 1.300 d.C.

Civilizaciones filiales de tercera generación (parentesco, lugar y tiempo de origen)
18)Japonesa. Filial de la del Lejano Oriente (China). Archipiélago japonés. 500 d.C.
19) Cristiana Ortodoxa. Filial de la Helénica. Anatolia. 700 d.C.
20) Cristiana Ortodoxa en su cuerpo principal ruso. Rusia. Siglo X.
21) Occidental. Filial de la Helénica. Europa Occidental. 700 d.C.




Toynbee, además, añade la Civilización Islámica, filial de la fusión de la iránica y la arábica a partir de 1.500 d.C. y la Centroamericana, filial de la fusión de la Yucateca y la Mexiacana en 1.500 d.C. y asimilada por los españoles en la Sociedad Occidental. Con ellas suma un total de 23 civilizaciones.

De todo ello se concluye que las civilizaciones existentes hoy en el mundo son:
- Islámica.
- Del Lejano Oriente en su cuerpo principal, China.
- Del Lejano Oriente en su vástago japonés.
- Hindú.
- Cristiana Ortodoxa.
- Occidental.





Comparar civilizaciones

El propósito de comparar la evolución de las civilizaciones es posible si tenemos en cuenta el corto periodo de la historia de la raza humana que abarcan. Apenas 6.000 años de vida para las más antiguas es una cantidad de tiempo que puede considerarse como “filosóficamente contemporánea”, si lo contemplamos dentro del contexto de los cientos de miles de años de vigencia de nuestra especie en el mundo.

Si bien el estudio antropológico de los cientos de culturas de las sociedades primitivas anteriores permite por su elevado número una comparación más fina y con mayores posibilidades de elaborar teorías evolutivas y de comportamiento, en el estudio de las civilizaciones ello se presenta más complejo, dado que sólo tenemos media docena originarias y apenas un par de decenas en total.

Por último, podríamos pensar que cada hecho histórico individual es algo único e irrepetible, en absoluto sometido a ningún tipo de leyes o normas históricas de desarrollo. Y ello es así, pero Toynbee opina que ocurre lo mismo con cualquier especie animal, por ejemplo, que es única e irrepetible y, en muchos casos goza de una autonomía muy amplia en sus actos, pero ello no impide que existan las ciencias de la fisiología, la biología, la zoología, etc. Por ello cabe concluir que aún aceptando la individualidad de cada hecho histórico aislado, es posible abordar la visión global de la civilización en la que se produjo ese hecho, en qué contexto y bajo qué condiciones, qué causas tuvo y en qué fase de desarrollo civilizatorio tuvo lugar, e intentar buscar una explicación general del desarrollo histórico.

El desarrollo de las civilizaciones

Toynbee encuentra una explicación general al desarrollo de las civilizaciones que es compartida por todas ellas. En resumen, las fases de este desarrollo son:
- Génesis
- Crecimiento
- Tiempos revueltos
- Colapso
- Estado universal
- Desintegración

La explicación de Toynbee huye del determinismo. Aunque puede contemplarse el desarrollo de las distintas evoluciones desde la globalidad atendiendo a las fases mencionadas, la historia es cíclica y permite la regeneración o renacimiento una y otra vez, lo que ocurrió por ejemplo varias veces en la civilización egipcia.


La Génesis

Las sociedades primitivas, previas al origen de las civilizaciones, apenas avanzaron en su cultura, costumbres, tecnología, etc. en miles de años. ¿Qué ocurre cuando una sociedad inicia el camino hacia la creación de una civilización?. ¿Qué ocurre en una sociedad estática, que apenas sufre modificaciones en su perfil, para convertirse en dinámica y creativa?.

Según Toynbee, la diferencia esencial está en la mímesis o imitación que se produce en cada caso. En las sociedades primitivas, la mímesis se dirige hacia el pasado, hacia los miembros de mayor edad y los ancestros. En estos casos domina la costumbre y la sociedad permanece estática.



En las sociedades en proceso de civilización, la mímesis cambia de dirección. Aparece una minoría creadora capaz de romper con el uso de la costumbre y conseguir mayor adhesión que la minoría dominante anclada en el pasado.





Obviamente, este cambio de lo estático a lo dinámico se produce también en sentido contrario y debe haber ocurrido en multitud de ocasiones, tanto en la génesis de las civilizaciones, como en las propias sociedades primitivas. Hace docenas de miles de años se produjeron cambios en las sociedades humanas que dejan entrever avances hacia el dinamismo y la creación que superan a cualquier otro que pueda haberse dado en el contexto del desarrollo de una civilización.


Las virtudes de la adversidad

¿Qué es lo que origina la aparición de una minoría creadora?. El uso de la costumbre es tan adormecedor que tienen que existir motivos muy contundentes no sólo para que aparezcan estas minorías, sino para que además generen la suficiente adhesión por el resto de los componentes de la sociedad (o por un número relevante de ellos por lo menos).

Toynbee deja claro que no son motivos ligados a la raza ni a las condiciones físicas en las que habita un grupo social, sino las dificultades que se presentan en momentos concretos en la vida de una sociedad que obligan a tomar decisiones ligadas a la propia supervivencia. Es en estos casos en los que pueden aparecer minorías creadoras que superen el poder ejercido por las minorías dominantes.

En el caso de la génesis de las civilizaciones egipcia y sumeria, la adversidad vino dada por el cambio climático sufrido en el área de confluencia afroasiática después de la época glacial. Las praderas habitadas por las sociedades primitivas de la zona sufrieron una desecación tan importante que obligó a tomar decisiones en contra de la forma de vida basada en la costumbre. Los que permanecieron en el mismo hábitat sin cambiar su forma de vida, se expusieron a una segura extinción. Los que emigraron hacia el norte manteniendo sus formas de vida, se expusieron a nuevas incitaciones en su futuro. Pero los que buscaron en la zona hábitats algo más propicios y, además, adaptaron su forma de vida a las nuevas condiciones del entorno, estuvieron obligados a la creatividad. Y en este caso la creatividad fue tan atrevida como cambiar el modo de subsistencia basado en la caza y la recolección por la agricultura, con los radicales cambios sociales que ello implica (sedentarismo, aparición de las primeras ciudades, nuevas instituciones, aumento de la demografía, etc.).

La civilización maya surgió por la necesidad de vencer a la naturaleza exuberante de la selva tropical, solo dominable por el esfuerzo común de la sociedad. La civilización andina se enfrentó a una tierra árida, seca y dura en la meseta, apenas un desierto en la costa. La colectividad hizo posible en ambos casos crear riqueza a través de la agricultura y la génesis de civilización.

La explicación de Toynbee de la génesis de la civilización minoica es aún más original. Los primeros restos de hábitat humano en las islas del egeo están en la isla de Creta y parece demostrado que también se trató de seres humanos provenientes de la zona afroasiática, parte de los que prefirieron cambiar de hábitat y avanzar hacia el norte. Parte de ellos afrontaron el mar, lo cruzaron, encontraron hábitats donde quedarse e hicieron frente a esta nueva incitación marina.

En el caso de la civilización Sínica, la incitación vino dada por el caos acuático existente en el valle inferior del río Amarillo cuando se instalaron allí los primeros seres humanos. Tuvieron que afrontar un río no navegable en aquel tiempo y que en las fases de deshielo producía continuas y devastadoras inundaciones.

Por último, la civilización Indica tuvo que hacer frente a los bosques tropicales húmedos del valle del Ganges.

En todos los casos, la extinción o asimilación de todos los grupos sociales que con seguridad habitaban en las cercanías de estas civilizaciones primigenias y la génesis de éstas y su supervivencia en el tiempo, confirman la teoría de que la incitación proveniente de la adversidad genera una fuerza creadora capaz de vencer las ataduras con el pasado y de cambiar radicalmente las sociedades precedentes.

En resumen, la geografía dura y el estímulo del suelo nuevo y el cambio de hábitat obligado explicarían la génesis de todas las civilizaciones originales.




Otras incitaciones

En la aparición de las civilizaciones filiales encontramos nuevos tipos de incitación, aunque todos centrados en la adversidad estimuladora.

El estímulo de los golpes. Son muchos los hechos históricos que nos muestran como derrotas súbitas y aplastantes pueden ser un estímulo suficiente para recomponerse y prepararse para una respuesta vigorosa y creativa. Como ejemplo tenemos la génesis de la sociedad Occidental, conseguida tras el terrible golpe final sufrido por la sociedad helénica representada en ese momento por el imperio romano. Su definitiva caída y desaparición dio lugar, tras un cierto periodo de tiempos revueltos, a la génesis de nuestra civilización.

El estímulo de las presiones. Toynbee relata muchos hechos históricos centrados en las presiones de unas sociedades o civilizaciones sobre otras y que dieron lugar al fortalecimiento y la creatividad en las sociedades sometidas a presión. Desde la presión de los bárbaros sobre occidente y la creación del primer reino franco, hasta la presión del islam a través de la península ibérica y la fortaleza que provocó en el periodo de Carlomagno, o la presión del imperio otomano sobre las fronteras orientales de Europa y el fortalecimiento que ello produjo en el imperio austrohúngaro que sólo empezó a perder fuerza tras el aniquilamiento y la caída en desgracia de su opositor fronterizo.

Toynbee también deja claro que una incitación “máxima” no tiene por qué producir siempre una respuesta “óptima”. El estímulo de los golpes puede ser excesivo en un momento y un tiempo determinados (por ejemplo, antes de que la tecnología permita afrontar determinados condicionantes físicos), pero en cualquier caso, Toynbee afirma que no hay incitaciones excesivas, sino que toda incitación puede generar respuestas creativas, aunque éstas se centren en avanzar en la dirección de conseguir evitar la fatalidad de la incitación.


El crecimiento de las civilizaciones

Hay dos criterios falsos que cabe descartar. Uno es que una civilización crece cuando es capaz de dominar el contorno, a través de las conquistas de las tierras vecinas (el militarismo) y la otra que la incitación centrada en la mejora continuada de las condiciones del terreno de origen es también el factor clave en el crecimiento de la sociedad. Toynbee opina en el primer caso que el militarismo es más un síntoma de decadencia que de crecimiento y que en las fases de decadencia también puede darse un desarrollo acertado de la tecnología.

La fuente de crecimiento de una civilización es lo que Toynbee llama “el progreso hacia la autodeterminación”. Todo crecimiento nace de individuos creadores o pequeñas minorías de individuos creadores que tienen una doble función: realizar sus creaciones superando a las minorías dominantes y conseguir que la sociedad a la que pertenecen, la “masa” de miembros de la misma, se adhiera, cambie y haga suyo este nuevo estilo de vida, adaptándose y superando las continuas incitaciones internas producidas por respuestas creativas a incitaciones precedentes. Incitación, respuesta que genera una nueva incitación que requiere una nueva respuesta y así sucesivamente. Es el camino que encuentran las sociedades en crecimiento.







El colapso y la desintegración

Para Toynbee, aparte de la obviedad del colapso y desintegración de todas las civilizaciones ya desaparecidas, todas las actualmente supervivientes están ya en fase de desintegración, a excepción de la nuestra. Hay que tener en cuenta que las sociedades nunca mueren de muerte natural, sino por asesinato o suicidio.



Cuando una civilización está en crecimiento genera una mímesis positiva en las sociedades externas e irradia aspectos positivos en los planos económico, político y cultural. En esta situación las fronteras se diluyen y se genera un aura alrededor del área de influencia de la civilización. Cuando la civilización entra en descomposición, cierra sus puertas hacia las sociedades externas a las que empieza a considerar como enemigas. Esto genera el desencanto de estas sociedades y la pérdida de mimesis positiva. Aparecen fronteras fijas y claramente definidas alrededor del área dominada por la civilización y el fin se acerca.




Una civilización en desintegración encuentra un cierto alivio en su caída en el sometimiento a una unificación política enérgica en forma de un “Estado universal”. El ejemplo más claro para nosotros sería la creación del imperio romano, que fue el Estado universal de la civilización helénica. Toynbee percibe el colapso de esta civilización en el desgaste producido por las guerras púnicas entre romanos y cartagineses. Sólo la creación del Imperio romano pudo prolongar durante varios siglos la existencia de la sociedad helénica y detener el deterioro de la misma que se inició ya en el segundo siglo antes de Cristo.







Una civilización en desintegración no ejerce atracción, se encierra en sí misma y se torna violenta contra sus sociedades primitivas vecinas. Ataca y conquista, hasta que la distancia complica el avance militar. Este avance ha destruido el áurea protectora que se ha convertido en una auténtica frontera en forma de una línea definida que separa a la “civilización” de los “bárbaros”. Este es el primer paso hacia la desaparición de la civilización. La combinación de la rebelión del descontento interno de una sociedad frente a la mayoría dominante opresora y del empuje del exterior, atacado y expulsado de los beneficios de la sociedad vecina superior, han generado el fin de múltiples civilizaciones.



Para Toynbee todas las civilizaciones actuales, excepto la occidental y quizás la islámica, han tenido ya su Estado universal en el pasado. El ritmo puede darse a base de recuperaciones y caídas momentáneas.



El colapso se produce cuando fracasa el “progreso hacia la autodeterminación”. En ocasiones, la minoría creativa se contagia del efecto mecánico de la mimesis del resto de la sociedad y pierde su impulso inicial. También puede ocurrir que los conductores cambien “las mansas armas de la persuasión por el látigo de la compulsión”. En estos casos, la minoría creativa se convierte en minoría dominante, perdiendo el efecto mimético sobre la sociedad que empieza a mostrarse refractaria hacia ellos.


Las iglesias universales

Todas las religiones “universales” que existen en la actualidad (cristianismo, islam, budismo, confucionismo, hinduismo) aparecieron en civilizaciones de segunda generación y han sido herencias trasladadas a las de tercera. En ningún caso pervivió una religión universal generada en una de las civilizaciones originales. Parece que los motivos de cambio y renovación no estuvieron influidos por el empuje de religiones internas presentes en las civilizaciones numérica, minoica, sínica, etc.

Las iglesias universales se desarrollan en los cuerpos sociales decadentes de los Estados universales. Así ocurrió con la religión cristiana, por ejemplo. Esto motiva diferentes visiones de estas religiones:
- Iglesias como cánceres. Así las vieron los opositores contemporáneos pertenecientes al Estado universal y algunos historiadores revisionistas que las culpan de la desintegración de una civilización, sin percibirse que lo que fueron es fuente de inspiración para las nuevas minorías creativas y para la génesis de nuevas civilizaciones.
- Iglesias como crisálidas que dieron lugar al nacimiento de nuevas civilizaciones.


Perspectivas de la sociedad occidental

Toynbee se mostró optimista respecto a las perspectivas de la sociedad occidental. Hay que pensar en la opinión que se podía tener respecta a nuestra civilización a mediados del siglo pasado. Aunque estábamos en plena guerra fría, en occidente se consolidaban las democracias, las libertades, los derechos humanos.



Toynbee reconoce que la sociedad occidental tuvo su momento débil respecto al militarismo. “Occidente se debatió sin éxito en esta enfermedad”. Pero consideraba que se había curado de la misma. También cabía observar minorías dominantes, grupos internos desalentados y grupos externos descontentos. Pero el dominio sobre la naturaleza y la rapidez acelerada de los cambios sociales, sin paralelo en ninguna civilización anterior, hacían pensar a Toynbee que cabía la posibilidad de que una civilización, la nuestra, no tuviera que padecer su desintegración.

A pesar de ser un defensor a ultranza de la no-occidentalización de la historia y de que en su Estudio critica con dureza los conceptos históricos que toman sólo como punto de vista válido el occidental (por ejemplo la clasificación de la historia en Antigua, Medieval, Moderna y Contemporánea, que son sólo válidos para la Civilización Occidental y que en cambio en muchos libros de historia se utilizan para encajar el curso de la historia de todas las civilizaciones del mundo), al final Toynbee se deja llevar por su optimismo respecto a los valores de nuestra civilización.

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