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miércoles, 8 de julio de 2015

ESTUDIO DE LA HISTORIA. ARNOLD J. TOYNBEE



SOBRE EL "ESTUDIO DE LA HISTORIA"
Arnold J. Toynbee (1889-1975)

Se hace difícil afrontar la tarea de resumir a Toynbee. Su monumental obra “Estudio de la Historia”, escrita a lo largo de varios decenios, en el segundo tercio del siglo pasado, aborda una explicación de los hechos históricos desde una perspectiva global. Escribe una explicación de la Historia, con mayúsculas, llena de causas y efectos y concatenaciones que intentan dar sentido a la evolución de la humanidad en sus últimos 6.000 años.

Hay pocos historiadores que en su vida profesional se hayan propuesto unos planes de estudio tan ambiciosos como los que se marcó Toynbee al emprender la tarea de escribir su obra. Fue tan ingente la tarea y tantas las miles de páginas que abarca, que la obra original sólo existe en las bibliotecas (de hecho, yo aún no la he visto, salvo algún tomo suelto en alguna librería de viejo). Fue otro autor, D. C. Somervell quién se dedicó a escribir un compendio de la obra de Toynbee que contó con el beneplácito e incluso con la revisión pormenorizada del autor original. Son los 3 tomos de Somervell publicados en la serie de libros de bolsillo de Alianza Editorial los que he podido leer y trabajar (y aún éstos no son fáciles de encontrar, sobre todo el tercero y último que sólo pude conseguir de forma casual en un mercadillo de libros de segunda mano). Aunque el tamaño de los libros de bolsillo de Alianza Editorial no es demasiado grande, entre los tres tomos suman 1.500 páginas, por lo que ni siquiera el compendio es de fácil lectura.

El propósito de Toynbee en su “Estudio de la Historia” fue elaborar una tesis clara y sólida respecto a la experiencia histórica de la humanidad desde la aparición de las primeras civilizaciones hasta mediados del siglo pasado. Su Estudio está plagado de ejemplos puntuales de momentos concretos de la historia que por una parte avalan su tesis y por otra convierten la lectura de su obra en una magistral y única clase de historia (o de filosofía de la historia).


En el centro las Civilizaciones

En los libros de historia suelen abordarse los capítulos a partir del estudio de imperios, reyes, estados o naciones; en un contexto geográfico concreto y en un orden cronológico que sólo avanza hacia el siguiente siglo una vez ha quedado explicado lo que sucedió en el anterior.

Toynbee rompe radicalmente con esta explicación histórica y aborda su Estudio de forma muy distinta. En su primer capítulo ya deja claro que en su opinión el fundamento de la historia no deben ser ni las naciones como contexto central ni los periodos contemplados sólo de forma cronológica. Son las “sociedades humanas” o “civilizaciones” las que forman un todo que da explicación a los hechos ocurridos en cada una de sus partes. Sólo con la visión del todo podremos dar explicación a lo observado al enfocar las partes. Así pues, la obra de Toynbee aborda una explicación coherente sobre la evolución de las diferentes civilizaciones de la humanidad.

Para ello, lo primero es clarificar cuántas civilizaciones existen y han existido en el mundo. Toynbee dedica muchas páginas a ello, ya que cada una de las civilizaciones de la humanidad sirve de apoyo para su tesis histórica.

Podríamos definir una civilización como el más amplio agrupamiento cultural y de identidad de personas. Se define por la lengua, la historia común, la religión, las costumbres, las instituciones, pero sobre todo por la autoidentificación subjetiva con ella de sus componentes. Un residente de Barcelona podría definirse como barcelonés, catalán, español, latino, mediterráneo, europeo, católico, cristiano y occidental. El siguiente paso ya nos llevaría a un concepto “mundial” que no nos sería útil para la identificación, ya que sería compartido por el resto de la humanidad. Así pues, para un barcelonés el mayor agrupamiento cultural y de identidad es formar parte de la “Sociedad (o civilización) Occidental”.


¿Cuántas civilizaciones existen y han existido?

Toynbee realiza un estudio comparativo de las distintas civilizaciones, intentando encontrar filiaciones entre ellas que permitan hablar de paternidades y relaciones. Por supuesto, hay una serie de civilizaciones primigenias, que surgieron por sí mismas desde los estados de cultura más primitivos, y que dieron lugar a las que todavía persisten en el mundo.

Toynbee describe las siguientes civilizaciones:

Civilizaciones Primigenias (lugar y tiempo de origen)
1) Egipcíaca. Valle del Nilo. 4.000 a.C.
2) Sumérica. Valle inferior del Tigris y del Eufrates. 3.500 a.C.
3) Indica. Valles del Indo y Ganges. 1.500 a.C.
4) Minoica. Islas del mar Egeo. 3.000 a.C.
5) Sínica. Valle inferior del río Amarillo. 1.500 a.C.
6) Andina. Costa y meseta andinas. Hace 2.000 años.
7) Maya. Península de Yucatán. 500 a.C.

Civilizaciones filiales de segunda generación (parentesco, lugar y tiempo de origen)
8) Yucateca. Filial de la Maya. Península del Yucatán y Centroamérica. Aprox. 700 d.C.
9) Mexicana. Filial de la Maya. Mexico. 700 d.C.
10) Hitita. Laxamente filial de la Sumérica. Capadocia. 1.500 a.C.
11) Siríaca. Laxamente filial de la Minoica. Siria. 1.100 a.C.
12) Babilónica. Filial de la Sumérica. Irak. 1.500 a.C.
13) Del Lejano Oriente. Filial de la Sínica. China. 500 d.C.
14) Hindú. Filial de la Indica. Norte de India. 800 d.C.
15) Helénica. Laxamente filial de la Minoica. Costas del mar Egeo. 1.100 a.C.
16) Iránica. Filial de la Siríaca. Anatolia, Irán. Antes de 1.300 d.C.
17) Arábica. Filial de la Siríaca. Arabia, Irak, Siria, Norte de Africa. Antes de 1.300 d.C.

Civilizaciones filiales de tercera generación (parentesco, lugar y tiempo de origen)
18)Japonesa. Filial de la del Lejano Oriente (China). Archipiélago japonés. 500 d.C.
19) Cristiana Ortodoxa. Filial de la Helénica. Anatolia. 700 d.C.
20) Cristiana Ortodoxa en su cuerpo principal ruso. Rusia. Siglo X.
21) Occidental. Filial de la Helénica. Europa Occidental. 700 d.C.




Toynbee, además, añade la Civilización Islámica, filial de la fusión de la iránica y la arábica a partir de 1.500 d.C. y la Centroamericana, filial de la fusión de la Yucateca y la Mexiacana en 1.500 d.C. y asimilada por los españoles en la Sociedad Occidental. Con ellas suma un total de 23 civilizaciones.

De todo ello se concluye que las civilizaciones existentes hoy en el mundo son:
- Islámica.
- Del Lejano Oriente en su cuerpo principal, China.
- Del Lejano Oriente en su vástago japonés.
- Hindú.
- Cristiana Ortodoxa.
- Occidental.





Comparar civilizaciones

El propósito de comparar la evolución de las civilizaciones es posible si tenemos en cuenta el corto periodo de la historia de la raza humana que abarcan. Apenas 6.000 años de vida para las más antiguas es una cantidad de tiempo que puede considerarse como “filosóficamente contemporánea”, si lo contemplamos dentro del contexto de los cientos de miles de años de vigencia de nuestra especie en el mundo.

Si bien el estudio antropológico de los cientos de culturas de las sociedades primitivas anteriores permite por su elevado número una comparación más fina y con mayores posibilidades de elaborar teorías evolutivas y de comportamiento, en el estudio de las civilizaciones ello se presenta más complejo, dado que sólo tenemos media docena originarias y apenas un par de decenas en total.

Por último, podríamos pensar que cada hecho histórico individual es algo único e irrepetible, en absoluto sometido a ningún tipo de leyes o normas históricas de desarrollo. Y ello es así, pero Toynbee opina que ocurre lo mismo con cualquier especie animal, por ejemplo, que es única e irrepetible y, en muchos casos goza de una autonomía muy amplia en sus actos, pero ello no impide que existan las ciencias de la fisiología, la biología, la zoología, etc. Por ello cabe concluir que aún aceptando la individualidad de cada hecho histórico aislado, es posible abordar la visión global de la civilización en la que se produjo ese hecho, en qué contexto y bajo qué condiciones, qué causas tuvo y en qué fase de desarrollo civilizatorio tuvo lugar, e intentar buscar una explicación general del desarrollo histórico.

El desarrollo de las civilizaciones

Toynbee encuentra una explicación general al desarrollo de las civilizaciones que es compartida por todas ellas. En resumen, las fases de este desarrollo son:
- Génesis
- Crecimiento
- Tiempos revueltos
- Colapso
- Estado universal
- Desintegración

La explicación de Toynbee huye del determinismo. Aunque puede contemplarse el desarrollo de las distintas evoluciones desde la globalidad atendiendo a las fases mencionadas, la historia es cíclica y permite la regeneración o renacimiento una y otra vez, lo que ocurrió por ejemplo varias veces en la civilización egipcia.


La Génesis

Las sociedades primitivas, previas al origen de las civilizaciones, apenas avanzaron en su cultura, costumbres, tecnología, etc. en miles de años. ¿Qué ocurre cuando una sociedad inicia el camino hacia la creación de una civilización?. ¿Qué ocurre en una sociedad estática, que apenas sufre modificaciones en su perfil, para convertirse en dinámica y creativa?.

Según Toynbee, la diferencia esencial está en la mímesis o imitación que se produce en cada caso. En las sociedades primitivas, la mímesis se dirige hacia el pasado, hacia los miembros de mayor edad y los ancestros. En estos casos domina la costumbre y la sociedad permanece estática.



En las sociedades en proceso de civilización, la mímesis cambia de dirección. Aparece una minoría creadora capaz de romper con el uso de la costumbre y conseguir mayor adhesión que la minoría dominante anclada en el pasado.





Obviamente, este cambio de lo estático a lo dinámico se produce también en sentido contrario y debe haber ocurrido en multitud de ocasiones, tanto en la génesis de las civilizaciones, como en las propias sociedades primitivas. Hace docenas de miles de años se produjeron cambios en las sociedades humanas que dejan entrever avances hacia el dinamismo y la creación que superan a cualquier otro que pueda haberse dado en el contexto del desarrollo de una civilización.


Las virtudes de la adversidad

¿Qué es lo que origina la aparición de una minoría creadora?. El uso de la costumbre es tan adormecedor que tienen que existir motivos muy contundentes no sólo para que aparezcan estas minorías, sino para que además generen la suficiente adhesión por el resto de los componentes de la sociedad (o por un número relevante de ellos por lo menos).

Toynbee deja claro que no son motivos ligados a la raza ni a las condiciones físicas en las que habita un grupo social, sino las dificultades que se presentan en momentos concretos en la vida de una sociedad que obligan a tomar decisiones ligadas a la propia supervivencia. Es en estos casos en los que pueden aparecer minorías creadoras que superen el poder ejercido por las minorías dominantes.

En el caso de la génesis de las civilizaciones egipcia y sumeria, la adversidad vino dada por el cambio climático sufrido en el área de confluencia afroasiática después de la época glacial. Las praderas habitadas por las sociedades primitivas de la zona sufrieron una desecación tan importante que obligó a tomar decisiones en contra de la forma de vida basada en la costumbre. Los que permanecieron en el mismo hábitat sin cambiar su forma de vida, se expusieron a una segura extinción. Los que emigraron hacia el norte manteniendo sus formas de vida, se expusieron a nuevas incitaciones en su futuro. Pero los que buscaron en la zona hábitats algo más propicios y, además, adaptaron su forma de vida a las nuevas condiciones del entorno, estuvieron obligados a la creatividad. Y en este caso la creatividad fue tan atrevida como cambiar el modo de subsistencia basado en la caza y la recolección por la agricultura, con los radicales cambios sociales que ello implica (sedentarismo, aparición de las primeras ciudades, nuevas instituciones, aumento de la demografía, etc.).

La civilización maya surgió por la necesidad de vencer a la naturaleza exuberante de la selva tropical, solo dominable por el esfuerzo común de la sociedad. La civilización andina se enfrentó a una tierra árida, seca y dura en la meseta, apenas un desierto en la costa. La colectividad hizo posible en ambos casos crear riqueza a través de la agricultura y la génesis de civilización.

La explicación de Toynbee de la génesis de la civilización minoica es aún más original. Los primeros restos de hábitat humano en las islas del egeo están en la isla de Creta y parece demostrado que también se trató de seres humanos provenientes de la zona afroasiática, parte de los que prefirieron cambiar de hábitat y avanzar hacia el norte. Parte de ellos afrontaron el mar, lo cruzaron, encontraron hábitats donde quedarse e hicieron frente a esta nueva incitación marina.

En el caso de la civilización Sínica, la incitación vino dada por el caos acuático existente en el valle inferior del río Amarillo cuando se instalaron allí los primeros seres humanos. Tuvieron que afrontar un río no navegable en aquel tiempo y que en las fases de deshielo producía continuas y devastadoras inundaciones.

Por último, la civilización Indica tuvo que hacer frente a los bosques tropicales húmedos del valle del Ganges.

En todos los casos, la extinción o asimilación de todos los grupos sociales que con seguridad habitaban en las cercanías de estas civilizaciones primigenias y la génesis de éstas y su supervivencia en el tiempo, confirman la teoría de que la incitación proveniente de la adversidad genera una fuerza creadora capaz de vencer las ataduras con el pasado y de cambiar radicalmente las sociedades precedentes.

En resumen, la geografía dura y el estímulo del suelo nuevo y el cambio de hábitat obligado explicarían la génesis de todas las civilizaciones originales.




Otras incitaciones

En la aparición de las civilizaciones filiales encontramos nuevos tipos de incitación, aunque todos centrados en la adversidad estimuladora.

El estímulo de los golpes. Son muchos los hechos históricos que nos muestran como derrotas súbitas y aplastantes pueden ser un estímulo suficiente para recomponerse y prepararse para una respuesta vigorosa y creativa. Como ejemplo tenemos la génesis de la sociedad Occidental, conseguida tras el terrible golpe final sufrido por la sociedad helénica representada en ese momento por el imperio romano. Su definitiva caída y desaparición dio lugar, tras un cierto periodo de tiempos revueltos, a la génesis de nuestra civilización.

El estímulo de las presiones. Toynbee relata muchos hechos históricos centrados en las presiones de unas sociedades o civilizaciones sobre otras y que dieron lugar al fortalecimiento y la creatividad en las sociedades sometidas a presión. Desde la presión de los bárbaros sobre occidente y la creación del primer reino franco, hasta la presión del islam a través de la península ibérica y la fortaleza que provocó en el periodo de Carlomagno, o la presión del imperio otomano sobre las fronteras orientales de Europa y el fortalecimiento que ello produjo en el imperio austrohúngaro que sólo empezó a perder fuerza tras el aniquilamiento y la caída en desgracia de su opositor fronterizo.

Toynbee también deja claro que una incitación “máxima” no tiene por qué producir siempre una respuesta “óptima”. El estímulo de los golpes puede ser excesivo en un momento y un tiempo determinados (por ejemplo, antes de que la tecnología permita afrontar determinados condicionantes físicos), pero en cualquier caso, Toynbee afirma que no hay incitaciones excesivas, sino que toda incitación puede generar respuestas creativas, aunque éstas se centren en avanzar en la dirección de conseguir evitar la fatalidad de la incitación.


El crecimiento de las civilizaciones

Hay dos criterios falsos que cabe descartar. Uno es que una civilización crece cuando es capaz de dominar el contorno, a través de las conquistas de las tierras vecinas (el militarismo) y la otra que la incitación centrada en la mejora continuada de las condiciones del terreno de origen es también el factor clave en el crecimiento de la sociedad. Toynbee opina en el primer caso que el militarismo es más un síntoma de decadencia que de crecimiento y que en las fases de decadencia también puede darse un desarrollo acertado de la tecnología.

La fuente de crecimiento de una civilización es lo que Toynbee llama “el progreso hacia la autodeterminación”. Todo crecimiento nace de individuos creadores o pequeñas minorías de individuos creadores que tienen una doble función: realizar sus creaciones superando a las minorías dominantes y conseguir que la sociedad a la que pertenecen, la “masa” de miembros de la misma, se adhiera, cambie y haga suyo este nuevo estilo de vida, adaptándose y superando las continuas incitaciones internas producidas por respuestas creativas a incitaciones precedentes. Incitación, respuesta que genera una nueva incitación que requiere una nueva respuesta y así sucesivamente. Es el camino que encuentran las sociedades en crecimiento.







El colapso y la desintegración

Para Toynbee, aparte de la obviedad del colapso y desintegración de todas las civilizaciones ya desaparecidas, todas las actualmente supervivientes están ya en fase de desintegración, a excepción de la nuestra. Hay que tener en cuenta que las sociedades nunca mueren de muerte natural, sino por asesinato o suicidio.



Cuando una civilización está en crecimiento genera una mímesis positiva en las sociedades externas e irradia aspectos positivos en los planos económico, político y cultural. En esta situación las fronteras se diluyen y se genera un aura alrededor del área de influencia de la civilización. Cuando la civilización entra en descomposición, cierra sus puertas hacia las sociedades externas a las que empieza a considerar como enemigas. Esto genera el desencanto de estas sociedades y la pérdida de mimesis positiva. Aparecen fronteras fijas y claramente definidas alrededor del área dominada por la civilización y el fin se acerca.




Una civilización en desintegración encuentra un cierto alivio en su caída en el sometimiento a una unificación política enérgica en forma de un “Estado universal”. El ejemplo más claro para nosotros sería la creación del imperio romano, que fue el Estado universal de la civilización helénica. Toynbee percibe el colapso de esta civilización en el desgaste producido por las guerras púnicas entre romanos y cartagineses. Sólo la creación del Imperio romano pudo prolongar durante varios siglos la existencia de la sociedad helénica y detener el deterioro de la misma que se inició ya en el segundo siglo antes de Cristo.







Una civilización en desintegración no ejerce atracción, se encierra en sí misma y se torna violenta contra sus sociedades primitivas vecinas. Ataca y conquista, hasta que la distancia complica el avance militar. Este avance ha destruido el áurea protectora que se ha convertido en una auténtica frontera en forma de una línea definida que separa a la “civilización” de los “bárbaros”. Este es el primer paso hacia la desaparición de la civilización. La combinación de la rebelión del descontento interno de una sociedad frente a la mayoría dominante opresora y del empuje del exterior, atacado y expulsado de los beneficios de la sociedad vecina superior, han generado el fin de múltiples civilizaciones.



Para Toynbee todas las civilizaciones actuales, excepto la occidental y quizás la islámica, han tenido ya su Estado universal en el pasado. El ritmo puede darse a base de recuperaciones y caídas momentáneas.



El colapso se produce cuando fracasa el “progreso hacia la autodeterminación”. En ocasiones, la minoría creativa se contagia del efecto mecánico de la mimesis del resto de la sociedad y pierde su impulso inicial. También puede ocurrir que los conductores cambien “las mansas armas de la persuasión por el látigo de la compulsión”. En estos casos, la minoría creativa se convierte en minoría dominante, perdiendo el efecto mimético sobre la sociedad que empieza a mostrarse refractaria hacia ellos.


Las iglesias universales

Todas las religiones “universales” que existen en la actualidad (cristianismo, islam, budismo, confucionismo, hinduismo) aparecieron en civilizaciones de segunda generación y han sido herencias trasladadas a las de tercera. En ningún caso pervivió una religión universal generada en una de las civilizaciones originales. Parece que los motivos de cambio y renovación no estuvieron influidos por el empuje de religiones internas presentes en las civilizaciones numérica, minoica, sínica, etc.

Las iglesias universales se desarrollan en los cuerpos sociales decadentes de los Estados universales. Así ocurrió con la religión cristiana, por ejemplo. Esto motiva diferentes visiones de estas religiones:
- Iglesias como cánceres. Así las vieron los opositores contemporáneos pertenecientes al Estado universal y algunos historiadores revisionistas que las culpan de la desintegración de una civilización, sin percibirse que lo que fueron es fuente de inspiración para las nuevas minorías creativas y para la génesis de nuevas civilizaciones.
- Iglesias como crisálidas que dieron lugar al nacimiento de nuevas civilizaciones.


Perspectivas de la sociedad occidental

Toynbee se mostró optimista respecto a las perspectivas de la sociedad occidental. Hay que pensar en la opinión que se podía tener respecta a nuestra civilización a mediados del siglo pasado. Aunque estábamos en plena guerra fría, en occidente se consolidaban las democracias, las libertades, los derechos humanos.



Toynbee reconoce que la sociedad occidental tuvo su momento débil respecto al militarismo. “Occidente se debatió sin éxito en esta enfermedad”. Pero consideraba que se había curado de la misma. También cabía observar minorías dominantes, grupos internos desalentados y grupos externos descontentos. Pero el dominio sobre la naturaleza y la rapidez acelerada de los cambios sociales, sin paralelo en ninguna civilización anterior, hacían pensar a Toynbee que cabía la posibilidad de que una civilización, la nuestra, no tuviera que padecer su desintegración.

A pesar de ser un defensor a ultranza de la no-occidentalización de la historia y de que en su Estudio critica con dureza los conceptos históricos que toman sólo como punto de vista válido el occidental (por ejemplo la clasificación de la historia en Antigua, Medieval, Moderna y Contemporánea, que son sólo válidos para la Civilización Occidental y que en cambio en muchos libros de historia se utilizan para encajar el curso de la historia de todas las civilizaciones del mundo), al final Toynbee se deja llevar por su optimismo respecto a los valores de nuestra civilización.

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martes, 10 de junio de 2014

EL PARADIGMA DEL DESEMBARCO DE NORMANDÍA



Tras leer el artículo sobre la celebración del 70 aniversario del desembarco de Normandía que el corresponsal de la Vanguardia en Berlín, Rafael Poch, publicó en La Vanguardia el pasado viernes 6 de junio, me vino a la mente esa especie de ¡cáspita! que aparece cuando descubro sin buscarlos puntos de vista históricos que difieren mucho del paradigma establecido. 


Por poner un par de ejemplos, algo parecido me ocurrió hace años cuando descubrí que el freno al avance islámico hacia Europa, cuando los árabes se hicieron en meses con prácticamente toda la península ibérica, lo que hubiera podido significar el fin del cristianismo en Occidente, no fue fruto de la victoria de Carlos Martel en la batalla de Poitiers (732 dC), sino de la resistencia del Imperio Bizantino en el sitio al que los omeyas sometieron Constantinopla medio siglo antes. Fue esta imposibilidad de entrar a Europa por los balcanes lo que indujo a los omeyas a atravesar el Norte de África y proponerse el asalto a Europa a través de la península ibérica. Semejante propósito se quedó a medias, ya que la prolongación de las líneas a través de miles de kilómetros representó finalmente un problema para los omeyas. Pero si en los asedios de 674 y 678 Constantinopla hubiera caído, la entrada a Europa por el Este hubiera sido inevitable y la historia se hubiera escrito de forma muy diferente a lo que conocemos. 


Otro ¡cáspita! de gran envergadura fue el que me asaltó cuando me entró el gusanillo por el estudio del Imperio Romano y descubrí de pronto que esa idea extendida de que el Imperio "cayó" en el siglo V, concretamente en el año 476 cuando el rey de los hérulos, Odoacro, depuso al último emperador de Roma (aunque ya no vivía en esa ciudad), el joven Rómulo Augústulo, eludía que la fortaleza del Imperio ya hacía tiempo se había decantado por el Imperio Oriental, cuyos emperadores siguieron siendo "emperadores del Imperio de Roma" nada más y nada menos que durante casi un milenio más. Con el fin de apoderarnos en Occidente del concepto del Imperio romano, los historiadores llegaron a cambiarle el nombre al Imperio Oriental que actualmente es conocido por todos como Imperio Bizantino, cuando ellos a sí mismos y todo su mundo contemporáneo les siguió denominando como Imperio Romano.


Estos son dos ejemplos de grandes ¡cáspita! que me han sorprendido en mi vida. He tenido muchos más, como la sorpresa de descubrir lo grandes que llegaron a ser las civilizaciones precolombinas y lo poco que sabemos de ellas, o cuando comprendí que las edades con las que clasificamos la Historia (Antigua, Media, Moderna y Contemporánea) tienen como única referencia acontecimientos ocurridos e influyentes en Occidente y que por tanto no son extrapolables a otras áreas del mundo o para terminar y no ser pesado, cuando supe que la introducción de la agricultura en el neolítico no fue una "invención" sino una necesidad.


En fin, podría seguir con más ejemplos, pero volviendo al artículo de Rafael Poch, un nuevo ¡cáspita! ha aparecido para quedar anotado en mi memoria. El paradigma del desembarco de Normandía como ese momento crucial que representó el principio del fin de la II Guerra Mundial ha caído. De hecho, como muy bien apunta el autor, el desembarco incluso pudo ser planificado y llevado a cabo con el fin de evitar que los rusos, que estaban empujando ya de forma imparable a las tropas alemanas hacia atrás, pudieran llegar a Berlín, derrotar a los alemanes y avanzar hasta París victoriosos, lo que hubiera significado un terrible problema para los aliados.






No hay que menospreciar el efecto y  las consecuencias del desembarco, ya que probablemente gracias a él Europa Occidental pudo recuperar la libertad. Tampoco hay que olvidar el sacrificio de miles de soldados y el sufrimiento que debió de representar el desembarco, pero el alcance de la II Guerra Mundial se decidió en las terribles batallas que se llevaron a cabo en el frente del Este, en tierras de la extinta URSS. Allí, durante años, estuvo la gran mayoría del ejército alemán luchando contra los millones de soldados rusos muchos de los cuales perecieron. Poch nos recuerda que en 1941 la URSS sufrió la mitad de sus bajas militares de toda la contienda, 9 millones de muertos. ¡Durante la guerra murieron más de 20 millones de rusos (para sintetizar, utilizo esta definición poco exacta extrapolándola a los habitantes de la antigua URSS)! 


Hitler ocupó europa Occidental en apenas unos meses y fue entonces cuando decidió que la victoria sobre la URSS era la carta definitiva para la victoria alemana. Eso sí, menospreció el poderío militar ruso, seguramente influido por sus ideas racistas respecto a los eslavos. Poch opina que mientras la URSS se desangraba combatiendo contra el poderío alemán, los aliados miraban hacia otro lado. ¿Quizás algún alto mandatario aliado pensó que no era un mal asunto que alemanes y bolcheviques se desgastaran en su guerra particular? El caso es que en junio de 1944, cuando los rusos con un esfuerzo increíble y a costa de millones de víctimas, habían dado la vuelta a la situación y de defenderse pasando a avanzar hacia Alemania, llegando a las fronteras polacas, los angloamericanos llevan a cabo el desembarco de Normandía. En el desembarco murieron unos 10.000 soldados aliados y una cifra similar de alemanes, cuando sólo en la batalla de Moscú de 1941 se produjeron probablemente más de 1 millón de bajas rusas y unas 300.000 alemanas, en Stalingrado en los meses que duraron los enfrentamientos (1942-43) hubo medio millón de bajas rusas y más de 700.000 alemanas y en el sitio de Leningrado, que se prolongó durante casi tres años (1941-44) se calcula que hubo más de 1 millón de fallecidos rusos y se desconoce el número de víctimas alemanas. Las cifras hablan por sí solas.

(Wikipedia)

Por supuesto que la labor de los aliados en el Pacífico y en África fue muy importante, pero en la vieja Europa quienes se encargaron de estropear los planes a Hitler fueron los combatientes y los ciudadanos soviéticos. En mi opinión, en Occidente se han valorado poco estos hechos y, en cambio, se han magnificado los efectos militares de epopeyas como el desembarco de Normandía. Haría bien el Presidente ruso en reivindicar que las celebraciones de la victoria sobre el nazismo se llevaran a cabo en San Petersburgo...







En el blog de La Vanguardia Rafael Poch hace referencia al artículo que ya escribió en el aniversario del año 2004 que contó con la presencia de George Bush. Vale la pena su lectura: éste es el link Rafael Poch Blog La Vanguardia Aniversario Normandía


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martes, 25 de octubre de 2011

INFOGRAFÍA SOBRE LA HISTORIA DE LOS CONFLICTOS


Utilizando Google Maps, esta infografía permite realizar un recorrido muy completo de los conflictos armados a través de la historia. Sólo hay que mover el cursor inferior por la línea de las fechas y podemos ver el nombre y el punto del conflicto en el mapa, así como leer un pequeño resumen del mismo y encontrar el link a wikipedia. La infografía hace un recorrido por los ¡6.000 últimos años de enfrentamientos y guerras!.

Para amantes de la historia:

CONFLICTOS EN LA HISTORIA (clica aquí para ir al sitio)

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martes, 18 de octubre de 2011

HISTORIA DE ESTAMBUL


Adoro Estambul. Es una ciudad extraordinaria. La he visitado multitud de veces y sigue sorprendiéndome en cada ocasión. Este año la visité de nuevo y para prepararme bien, revisé por enésima vez su historia. ¡Qué pedazo de historia! Aprovechándome de la habilidad con el mac de mi hija Mónica, preparamos el video que os anexo. Si queréis darle un vistazo a la historia de Estambul, os invito a que le dediquéis unos minutos a verlo.


Untitled from Josep Crusellas on Vimeo.
Guión: Josep Crusellas, aficionado a la Historia
Edición y voz: Mónica Crusellas, creativa e ilustradora. http://www.monicacrusellas.com/

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martes, 6 de septiembre de 2011

BIOGRAFÍA DE DIOCLECIANO


Hace unos pocos años escribí la vida de Diocleciano. Redacté el texto como si fuera él mismo quién nos contara su historia. Tengo una especial debilidad por este emperador romano. Durante los 50 años previos a su llegada al poder, Roma estuvo inmersa en una crisis institucional que estuvo a punto de llevarla a la desaparición. Diocleciano dio un cambio de rumbo revolucionario al Imperio, cambiando lo que hasta ese momento había sido un poder basado en el concepto de "Principado" (el "princeps" estaba al mando y era considerado un "igual entre iguales"). Augusto fue quién instauró esta forma de gobierno que en teoría no situaba la figura del emperador por encima del resto de los mortales (en teoría, porque en la práctica era muy distinto...). Diocleciano instaura el gobierno del "Dominado", donde el "domine" era un ser superior al resto de los ciudadanos que tenían que rendirle pleitesia. Una estrategia para protegerlo de los levantamientos y asesinatos constantes que habían sufrido docenas de predecesores suyos...

El caso es que hace un par de años ya incluí este texto en una entrada del blog, pero ahora lo he colgado en SlideShare y de este modo su lectura, si clicáis para verlo a pantalla completa, es un poco más cómoda.


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martes, 1 de marzo de 2011

AMPLIAR EL PUNTO DE VISTA (2)


Continuando con el tema de mi anterior entrada, a continuación expongo el segundo ejemplo de cómo el punto de vista propio, cerrado a otros ángulos de visión, puede interpretar los acontecimientos históricos de forma sesgada.

Segundo ejemplo

Tras el fallecimiento de Mahoma en el año 632, los árabes unidos por la fuerza de la fe, emprendieron una extraordinaria campaña de conquista que les llevó en unos pocos años a conquistar todas las provincias bajo gobierno romano hasta entonces desde la actual Túnez hasta más allá de Irán (Persia en aquellos tiempos). Todo este vasto territorio estaba ya bajo el poder árabe en el año 650. Poco tiempo después, las fuerzas árabes se plantearon atacar el corazón del propio Imperio Romano: Constantinopla. Si la ciudad imperial caía, todo el Imperio caía con ella. Y si el Imperio caía, la entrada a Europa de los árabes, a través de las tierras balcánicas bajo protección imperial era algo seguro. Entre Constantinopla y los reyes francos, únicos con alguna posibilidad de enfrentarse a las poderosas tropas árabes, el terreno estaba abonado para la conquista. A nadie debe escapársele qué hubiera ocurrido con el cristianismo y la propia cultura occidental de la actualidad si los árabes hubieran conseguido ese propósito que, por descontado, hubiera estado acompañado por la pinza que sí lograron: acceder a Europa por la península ibérica.



Los árabes asediaron las murallas de Constantinopla durante cinco años, desde el 673 hasta el 678, pero el entonces emperador Constantino IV supo resistir y aprovechar su fortaleza naval y, sobre todo, la de las poderosas y famosas murallas de la ciudad (es curioso como en los momentos cruciales del Imperio siempre aparece un Constantino: en el origen de Constantinopla Constantino I, en el momento que estoy relatando Constantino IV y en el momento del fin del Imperio Constantino XI, que cayó definitivamente frente a los turcos en el siglo XV).


Los árabes aprendieron que por esa puerta iba a ser muy complicado entrar en Europa, por lo que siguieron avanzando por el norte de África hasta que en el año 711 entran en la península ibérica. En apenas una docena de años, prácticamente todo el territorio peninsular estaba bajo el control árabe (con las excepciones magnificadas por la historiografía hispana y que fueron el origen de lo que nosotros hemos llamado la Reconquista). En 730 las tropas árabes estaban dispuestas a alcanzar el propósito que tenían en mente y que no habían podido conseguir desde el lado oriental: la conquista de Centroeuropa. En ese año se enfrentaron en Poitiers a las tropas francas al mando de Carlos Martel, padre de Carlomagno, y fueron derrotados. Cabe atribuir esa derrota no sólo a la superior fuerza militar e ingenio de Carlos Martel y su ejército, sino también a la lógica pérdida de energía del impulso conquistador por parte de los árabes, a las luchas internas por el poder que se habían dado en esos años y, muy importante, a la enorme distancia logística que había entre Damasco y los Pirineos.


Los árabes retrocedieron hasta más allá de las marcas o fronteras francas que se establecieron a lo largo de los Pirineos y no volvieron a intentar penetrar en ellas. La batalla de Poitiers ha pasado a la historia como el momento decisivo que evitó el derrumbe de occidente ante el avance árabe.

Conclusión: el punto de vista occidental ha hecho que en los libros de historia se magnifique la importancia de la batalla de Poitiers, cuando en realidad, quién detuvo a las fuerzas árabes y permitió la supervivencia de la cultura cristiana de occidente fue el Imperio Romano de Oriente unos pocos años antes.


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domingo, 27 de febrero de 2011

AMPLIAR EL PUNTO DE VISTA (1)


Un par de ejemplos de cómo nuestro propio punto de vista puede darnos una visión parcial de los acontecimiento y de cómo debemos esforzarnos por interpretar los hechos históricos no sólo desde nuestra cultura, conocimiento y deseos, sino desde todos los ángulos posibles.

Primer ejemplo.

Si nos preguntan cuando cayó el Imperio Romano, nos viene a la mente que eso tuvo que ocurrir tras el auge de las invasiones bárbaras, no mucho después de Constantino, nombre de emperador romano más cercano al fin del Imperio que en general somos capaces de recordar de forma espontánea (quizás Juliano, por su intención de recuperar el paganismo convertida en libro biográfico). Si buscamos la respuesta exacta en algún libro tenemos muchas posibilidades de que nos digan que el Imperio Romano cayó en 476 dC, cuando el jefe bárbaro Odoacro depuso al último emperador, Rómulo Augústulo, y acabó con el Imperio Romano… ¡de Occidente!.

Constantino fue el último emperador romano que tuvo bajo su directo control todos los dominios del Imperio durante los últimos años de su gobierno, cuando consiguió imponerse sobre las diarquías y tetrarquías puestas en práctica por Diocleciano a finales del siglo III como medio para controlar el Imperio y acabar con las sangrientas guerras civiles que estuvieron a punto de hacerlo desaparecer en la última mitad de ese siglo.



Tras el fallecimiento de Constantino en 337 dC, el Imperio volvió a repartirse entre diferentes co-emperadores, con breves momentos de gobierno unificado (como los que protagonizó el antes nombrado Juliano). Teodosio I, que fue emperador entre el año 379 y el 395, fue el último gran emperador romano capaz de mantener sobre su único liderazgo todos los territorios del Imperio. Pero también fue Teodosio I el que estableció a su muerte la separación definitiva del Imperio en dos partes que nunca más volvieron a estar unidas. Dividió el Imperio en dos mitades, una con capital en Milán que quedó en manos de su hijo Honorio, y la otra en Constantinopla al cargo de su otro hijo Arcadio. La ciudad de Roma hacía ya muchos años que había caído en decadencia y no era la capital del Imperio. Constantinopla había heredado su influencia y atractivo.


Honorio y sus sucesores en el Imperio Occidental apenas pudieron contener durante unas pocas decenas de años las embestidas de los pueblos bárbaros que poco a poco fueron introduciéndose en sus territorios, y no siempre de forma negativa, ya que por ejemplo fueron las tropas godas junto con las romanas las que pudieron poner freno al avance de Atila que de otro modo podría haber puesto punto final al Imperio Occidental unos cuantos años antes de su fin definitivo.

Arcadio, en cambio, supo asentar y defender su mitad del Imperio que logró resistir como auténtico Imperio Romano hasta el siglo XV, ¡mil años más que la mitad occidental!. En efecto, en la ciudad de Constantinopla se sucedieron uno tras otro docenas de emperadores romanos que aunque con los años acabaron hablando griego, eran tan romanos como Augusto, Tiberio y compañía. Claro que durante mil años cambiaron estilos, formas, rituales, etc., pero el Imperio Romano de Oriente sobrevivió hasta el 29 de mayo de 1453, día en que las tropas turcas al mando de Mehmet II entraron en Constantinopla y pusieron el punto final definitivo al Imperio Romano.


Tanto nos molestaba a los occidentales que el concepto de Imperio Romano hubiera continuado existiendo durante tanto tiempo tras la caída de “nuestra” parte del Imperio, que los historiadores del siglo XVIII le cambiaron el nombre y pasaron a llamarle Imperio Bizantino, que es como ha pasado a nuestros libros de texto. Pero este nombre les hubiera resultado totalmente ajeno a los ciudadanos del imperio. El nombre de Roma tenía tanta transcendencia, que incluso en el siglo XVI el gran sultán turco, Soleimán el Magnífico, entre la larga lista de títulos que ostentaba incluía la de “emperador de los romanos”.

Conclusión: el Imperio Romano se mantuvo firme y auténtico durante mil años más tras lo que nosotros, desde el punto de vista occidental, creemos que tuvo su fin.

Dejaré el segundo ejemplo para mi próxima entrada.


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domingo, 16 de enero de 2011

ORIENTE Y OCCIDENTE

Oriente y Occidente

En mis reflexiones sobre el conflicto entre Occidente y los radicales islámicos (ver entrada del 5 de febrero de 2009), iniciaba el conflicto entre ambas visiones del mundo en los orígenes de la religión musulmana, en el siglo VII dC. Pues bien, hoy leía en el periódico una reseña sobre el libro Mundos en guerra, 2.500 años de conflictos entre Oriente y Occidente de Anthony Pagden que remontaba el antagonismo entre ambas concepciones del mundo a la época de las guerras médicas, en el siglo V aC. ¡Diablos, tiene razón! No había pensado en ello, pero tiene razón.

Desde los tiempos de Dario I y de su hijo Jerjes existe el conflicto entre dos formas de entender el mundo, la relación de los mortales con los dioses y las consecuencias que tiene ello en la organización de la vida de cada uno de nosotros. Hasta hace apenas un par de siglos, los hijos del sol naciente no estaban más allá de los confines de la India. La presencia de China y de los países geográficamente más allá de ese inmenso país, no tiene lugar para Occidente hasta el siglo XVIII. Antes de ese siglo no existía el concepto de extremo Oriente en el imaginario occidental. Así que el concepto de Oriente, geográficamente hablando, para Occidente no ha ido más allá de las fronteras limítrofes de la ancestral Mesopotamia. Y no es hasta la conquista de Lidia por parte de Ciro, antecesor de Dario I, en el siglo VI aC que ese Oriente cercano toma contacto con Occidente, representado en ese momento por Grecia y poco más.

Ahí empieza todo. Hace 2.500 años podemos encontrar ya las bases del antagonismo actual. Un Oriente bien preparado para la guerra, agresivo y eficaz en el combate, unido en la contienda y, a la vez, leal y sumiso al poder real, creyente en el poder absoluto del mando supremo, no sólo como hombre común, sino como emanación de un dios absolutamente real y tangible. La palabra del señor-dios por encima de todo. Y un Occidente que, a pesar de los dioses y de la creencia en su influencia en el destino de los mortales, ensalzaba la libertad por encima de la propia vida y se sometía a las leyes ordenadas por los propios mortales.

Desde los Aqueménidas primero, imperio creado por Ciro II en el siglo VI aC y que acabó con la conquista de Alejandro Magno en el IV aC, y los Sasánidas después, hasta la conquista musulmana en el VII dC, Oriente ha estado en lucha con Occidente. Alejandro Magno, el Imperio Romano, las Cruzadas, Napoleón y los imperios coloniales por parte de Occidente y la expansión árabe por Oriente Medio emprendida por los descendientes de Mahoma, la llegada a Europa por Anatolia y por la península Ibérica y el auge del Imperio Otomano con su influencia global por todo Oriente y buena parte de Occidente, la confrontación ha sido permanente.

Con los años, en Occidente se ha asentado la idea de que las personas anhelan la libertad por encima de todo y que una cosa son los comportamientos debidos al dios del cielo y otra muy distinta el gobierno de los mortales en la tierra, y en Oriente, que hay un dios por encima de todo, un dios que nos ama y, a la vez, nos exige obediencia a sus designios. Un mundo individual, liberal, laico y democrático frente a otro colectivo, religioso y de obediencia debida.

No, el conflicto no se originó con el nacimiento del islam y su predisposición expansionista y proselitista, sino casi un milenio antes, con un Occidente representado por la Grecia clásica de Pericles y un Oriente enorme geográficamente y todopoderoso en su esplendor bajo el gobierno de Jerjes I. De aquellos polvos vienen estos lodos. 2.500 años de confrontación ininterrumpida.

Lo que en Occidente tenemos que entender es que no hay un punto de vista vencedor, que ambos son posibles y que, además, pueden ser complementarios. Nuestra intención de exportar nuestros valores e ideales más allá de los contornos de nuestra civilización es una quimera, del mismo modo que en nuestro caso no hay vuelta atrás respecto a la secularización de la sociedad. Vivimos tiempos convulsos y turbulentos y puede parecer que todo es posible al revés, pero no es así.

Si en los años 60 nos hubieran dicho que iniciado el siglo XXI la religión estaría tan presente en los conflictos del mundo y, sobre todo, que sería un problema con tanta influencia en nuestra propia sociedad, no nos lo hubiéramos creído. Como tampoco hubiera sido creíble para las sociedades islámicas en esos mismos años, sometidas a las consecuencias del colonialismo occidental y a las presiones de la confrontación ideológica de la guerra fría, que a estas alturas estarían tan presentes en la historia y se las tendría tan en cuenta, para bien o para mal.
2.500 años de antagonismo no deben conducirnos al fatalismo y a la creencia de que los males actuales no tienen solución. Sólo son 2.500 años y, aunque parezcan muchos, no son nada en términos de historia humana. Seguramente tardaremos años en llegar a un pacto o acuerdo intercultural y nuestra generación no acabará de ver el final de este túnel, pero no debemos perder la esperanza en una paz mundial, en una especie de acuerdo universal basado en el respeto de los ideales de cada uno y centrado más en lo que nos une que en aquello que nos separa. No estamos ni en la mitad de este recorrido y aún nos queda mucho terrorismo islámico que soportar por un lado y grandes y crecientes dosis de superioridad, racismo y xenofobia por el otro, pero tarde o temprano llegarán líderes capaces de hacer que todo esto cambie en positivo.

La esperanza es lo último que se debe perder.
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domingo, 25 de abril de 2010

LA BATALLA DE ACCIO

LA BATALLA DE ACCIO




1. ANTECEDENTES

Los conspiradores y asesinos de Julio César ya habían sido eliminados, en un trabajo conjunto entre Octavio y Marco Antonio. Tras su eliminación, el llamado Segundo Triunvirato se repartió los territorios bajo dominio romano: Lépido, el jefe de los ejércitos de César, se quedó en África, mientras Octavio, su heredero, y Marco Antonio, ex-lugarteniente de César, se repartían la parte occidental y oriental del Mediterráneo respectivamente.

Tras el reparto, cada uno se dedicó a consolidar su posición y a conspirar contra el otro. A Octavio no le resultó fácil hacerse con el poder de la capital, tras años de guerra civil y enfrentamientos y con muy poco haber en su historial como gobernante. Pero lo consiguió, y en pocos años ya gozaba de crédito suficiente como para afrontar su propósito: eliminar a Marco Antonio y quedarse con todo el poder. Marco Antonio, por su parte, había malgastado esos años en una vida libertina en Alejandría, junto a Cleopatra.



2. LOS GENERALES

OCTAVIO



Octavio

Cayo Julio César Octavio Augusto (Roma 23 de septiembre 63 aC.–19 de agosto 14 dC.), de nombre Octavio durante el período de su vida anterior al año 27 aC, es considerado como el primer, y más importante de los emperadores romanos, aunque él mismo no se consideró como tal durante su reinado, prefiriendo usar el título republicano tradicional de princeps civium (esto es, el primero de los ciudadanos). Augusto mantuvo externamente las instituciones republicanas, pero en realidad reinó como un autócrata durante más de 40 años. Acabó con un siglo de guerras civiles y dio a Roma una era de paz (Pax Romana), prosperidad y grandeza imperial.

Octavio era sobrino nieto de Julio César que, cuando fue asesinado el 15 de marzo de 44 aC., le nombró su heredero.

Con apenas 18 años y siendo un desconocido para los ciudadanos de Roma, se enfrentó al lugarteniente de César, Marco Antonio, que esperaba ser el heredero de Julio César.

El año 43 aC se hace nombrar cónsul con poderes especiales para perseguir a los asesinos de César. En noviembre de 43 aC se forma el Segundo Triunvirato entre Octavio, Marco Antonio y Lépido, jefe del ejército de César.

En el 42 aC., Bruto y Casio, los asesinos de César, son derrotados en la batalla de Filipos, por las tropas conjuntas de Octavio y Marco Antonio. A partir de ese momento, los caminos de ambos se separan y empieza su lucha por el poder.

Octavio no tenía experiencia militar, pero contaba con la ayuda de un general de la altura de Agripa.

Marco Antonio



Marco Antonio

Marco Antonio, (Roma, circa 83 aC - Alejandría, 30 aC). Fue un importante colaborador de Julio César, como comandante militar y administrador.

Era familiar lejano de César y lo acompañó en sus campañas de las Galias, mostrando su talento como comandante de la caballería y destacando por su valentía y coraje. Mostró siempre una lealtad a César a toda prueba.

Con César como dictador, Marco Antonio fue nombrado magister equitum, siendo la mano derecha del dictador y permaneciendo como administrador de Italia (47 adC), mientras César luchaba contra los últimos pompeyanos, quienes se habían refugiado en África.

A la muerte de Julio César, Marco Antonio sufrió una gran decepción al comprobar que en el testamento no constaba como heredero legítimo de su mentor. Peor aún, el heredero era un jovenzuelo casi desconocido que no había demostrado nunca su valía como militar ni como político.

Tras la disolución del Segundo Triunvirato el 33 aC., la tensión entre Octavio y Marco Antonio se convirtió en una guerra civil abierta.

La batalla de Accio fue el principio de su fin y de su aliada y amante Cleopatra.



Cleopatra



3. LOS PREPARATIVOS

La propaganda oficial de Augusto, unida a la negligente actuación de Marco Antonio, su alianza con la reina Cleopatra y la deserción y huida de Roma de los cónsules y senadores partidarios de Marco Antonio el año 31 aC, provocaron una escalada en las hostilidades entre ambos triunviros. Marco Antonio sabía que el enfrentamiento entre las tropas de oriente y occidente no tardaría en llegar y se preparó para ello. Convenció a numerosos reyes orientales para que lo apoyaran con tropas, entre ellos a los del Ponto, Galacia, Capadocia y Mauritania. Herodes de Judea se excusó diciendo que estaba en guerra con Arabia. Ello le salvó probablemente la vida y el reinado.

Marco Antonio se trasladó primero a Efeso, después a Samos, Atenas y la ciudad de Patrás, concentrando sus fuerzas en las costas griegas. Octavio y su general Agripa llevaron sus tropas al otro lado del Adriático, evitando que el conflicto armado llegase a Italia. Marco Antonio se trasladó a Accio. Con audaces victorias navales, las naves de Octavio llegaron a ocupar Corinto y cortaron las líneas de suministro del ejército de Antonio, que quedó anclado en el Golfo de Ambracia. Las naves de Octavio no podían entrar en el golfo porque estaba bien protegido por torres de defensa con catapultas a ambos extremos de su entrada. De todas formas, la flota de Marco Antonio estaba encerrada en el interior sin poder salir sin plantar batalla. Las escaramuzas eran continuas, pero la batalla dependía de la salida de las naves de Marco Antonio.


Fotografía Aérea actual del golfo de Ambracia y el promontorio de Accio

Octavio intentó atraer a Marco Antonio hacia el interior de Grecia, buscando un enfrentamiento en tierra, de modo igual al que hiciera pocos años antes Julio César con Pompeyo, ya que la flota de su oponente anclada en el golfo era imponente. Algunos consejeros de Marco Antonio también le insistieron en que abandonara la flota y la diera por perdida, ya que era mucho mejor adentrarse hacia el interior, camino de Macedonia, donde las cosas podrían serle más favorables. Contaba con numerosas tropas de tierra, tantas al menos como Octavio, y con muchos reinos leales en Oriente, por lo que podría esperar escapar con alguna que otra escaramuza y reorganizarse en tierras amigas. Pero ello hubiera significado abandonar el Mediterráneo al sur de Grecia, por lo que las costas griegas en primer lugar y después Asia Menor, Siria y Egipto caerían en manos de Octavio. Hubiera sido el fin del sueño de crear un imperio oriental, pero aún más, Cleopatra no podía consentir que Egipto quedara en manos de sus enemigos e influyó sobre Marco Antonio para que utilizara la flota.

Mientras, la falta de suministros, el racionamiento consecuente, las victorias de la flota de Octavio al mando de Agripa en las costas cercanas a Accio y la baja moral que empezaba a cundir entre las tropas de Marco Antonio, empezaron a causar la deserción en masa tanto de los reinos orientales que lo apoyaban como de parte de su propio ejército (descontento y mal alimentado), desde soldados a jefes militares. También muchos de los senadores que se habían mostrado leales a Marco Antonio empezaron a cambiar de bando, huyendo sigilosamente hacia las filas de Octavio.

4. LA DECISIÓN DE MARCO ANTONIO

Antonio tenía pocas opciones: o avanzaba por el norte, tierra adentro, abandonando las naves y esperando encontrar un lugar más propicio para el enfrentamiento, lo que en las condiciones de falta de provisiones era muy arriesgado, o intentaba romper el cerco al golfo con un ataque directo a las naves de Octavio que se encontraban en el mar, bloqueando la huída. Antonio confió el ejército de tierra a Canidio y se decidió por intentar la batalla en el mar y salvar lo que pudiera de la flota. Por razones obvias, Cleopatra también era partidaria de esta opción.

La opción que tomó Marco Antonio junto con Cleopatra en un consejo de guerra previo a los enfrentamientos y que debía estar en conocimiento de muy poca gente, entre ellos seguramente Canidio, fue la de escapar del cerco de la manera más rápida posible, llevando en los barcos el máximo número de tropas, regresar a Alejandría, recomponer el ejército con las legiones que habían quedado allí e intentar otra estrategia para vencer a Octavio. Las tropas que no pudieran cargarse en las naves se diseminarían por las costas orientales griegas con el objetivo de reunirse con el resto en las costas de Asia Menor o en Egipto.

Pero esta decisión tenía un problema: si los soldados eran conscientes que lo que se estaba preparando era una huída, era muy probable que muchos prefirieran pasarse al bando enemigo y dar por terminados los enfrentamientos. Aún más, cuando los reyes orientales supieran que Marco Antonio pensaba huir, intentarían hacerlo ellos antes, abandonándolo a su suerte y procurando preparar el terreno para apaciguar la venganza de Roma. Así pues, fue una decisión que tuvo que llevarse en secreto.



2.5. LOS EJÉRCITOS

Aunque no hay acuerdo en el número de navíos, una aproximación del total de las tropas podría ser la siguiente:


Las fuerzas enfrentadas en Accio


6. LAS NAVES


El tipo de embarcación militar predominante en el mediterráneo era la galera, de las que existían varias categorías en función del número de órdenes de remos que tuviesen. El más común era la quinquerreme, que poseía cinco, aunque también existían birremes, trirremes y cuatrirremes, que tenían dos, tres y cuatro órdenes de remos, respectivamente. Las galeras poseían un espolón en su proa que servía para embestir a la nave enemiga.

Como armamento, solían llevar scorpios, e incluso torres a proa y popa, donde se situaban arqueros para tener un mejor ángulo de tiro. Aunque el motor principal de una galera eran los remos, también hacían uso de una vela cuadrada. Todas las velas re recogían antes de la batalla, que se desarrollaba a golpe de remo. A modo de timón usaban dos remos situados a popa. El casco estaba formado por tablas de madera que no iban clavadas, sino que eran ensambladas entre sí mediante lengüetas de madera y sobre ellas se recubría con planchas de plomo. Su eslora era considerable

Durante la Primera Guerra Púnica los romanos desarrollaron el corvus, una especie de plataforma móvil que les permitía abordar a las embarcaciones cartaginesas.



Mandos

Las flotas se encontraban bajo el mando de un prefecto y cada nave era mandada por un capitán. La tripulación de un quinquerreme estaba compuesta de 300 marinos y al menos 120 soldados de infanteria, mientras que la de un trirreme por 200 hombres, de los cuales 170 eran remeros. No se usaban esclavos como remeros, todos los tripulantes eran soldados, prestaban servicio durante 25 años y recibían la ciudadanía romana a su licenciamiento, pues las flotas se organizaban de manera similar que las tropas auxiliares. La estructura de mando se asemejaba al de una legión.

1.QUINQUERREME



Quinquerreme romano

• Unos 300 soldados a bordo, 270 de ellos remeros.

• 40 metros de longitud y 6 metros de ancho.

• Entre 10 y 15 kms. por hora.



Quinquerreme en el que se observa el uso del corvo o pasarela de abordaje



Quinquerreme en el que se aprecia la torre de asedio



2.TRIRREME

Trirreme romano

• Unos 200 soldados a bordo, 170 de ellos remeros.

• Entre 35 y 40 metros de longitud y 4,5 metros cada remo.

• Velocidad máxima: 15 kms. por hora.


Trirreme con el palo y las velas recogidas, en pleno combate.



3.BIRREME



Birreme romano

• Menos de 30 metros de longitud.

• Un centenar de soldados a bordo, unos 50 remeros.

Muy manejable y muy rápida, sobre todo con la fuerza de los remos y las velas desplegadas.


7. LA BATALLA

El enfrentamiento final llegó el 2 de septiembre frente al promontorio de Accio, en plena boca del golfo de Ambracia.

Marco Antonio arengó al ejército hablando de una batalla naval total y completa en la que destruirían a la flota enemiga, lo que daría pie a la rendición absoluta del resto de tropas de Octavio estacionadas en tierra. Concentró a todas las tropas posibles en el mínimo número de barcos, haciendo quemar al resto para que no cayeran en manos enemigas. Las fuentes no se ponen de acuerdo en el número de naves y hablan de entre 200 y 400. Parece ser que Octavio tenía casi el doble, pero las naves de Marco Antonio eran quinquerremes grandes e imponentes y este decía que eran capaces de arrasar con el enemigo, cuya flota estaba compuesta de trirremes y pequeños birremes. La ventaja de Octavio estaba en la maniobralidad de sus naves, pues las de Antonio eran pesadas y se movían lentamente.



Embarcó a unos 20.000 legionarios, muchos de los cuales no habían servido nunca en la flota e imploraban quedarse en tierra. Pero los planes de Marco Antonio iban más allá de la batalla, como hemos visto, y necesitaba llevarse al mayor número de soldados. El tesoro de Cleopatra fue colocado secretamente en la nave de la reina, pués si se hubiera sabido que se cargaba con él, nadie hubiera dudado de las intenciones de huir de Cleopatra. Los senadores leales huidos de Roma fueron situados en la escuadra egipcia. Antonio ordenó que no se retirasen las velas de las naves, como era habitual en los combates navales, decisión que extrañó a todos, pues las velas estorbaban para el combate. Pero Marco Antonio esgrimió que eran necesarias para perseguir a un enemigo que tendría más velocidad por el menor tamaño de sus naves.



QUINQUERREME ROMANO

Se observa el corvus, plataforma que se utilizaba para el abordaje de las naves enemigas

Las naves de Marco Antonio, comandadas por el cónsul Cayo Sosio, y las de sus aliados egipcios al mando de Cleopatra, partieron de su base en el golfo de Ambracia con intención de plantear la batalla en mar abierto. El orden de batalla de las naves de Marco Antonio y Cleopatra era imponente, avanzando en compactas filas parecían capaces de arrasar con todo lo que se les pusiera por delante. Marco Antonio salió del golfo y dispuso su flota en un ancho frente. Las 60 naves egipcias formaron una segunda fila.

En un principio, Octavio pensó en dejar pasar a la flota enemiga hacia mar abierto para atacarles por detrás, pero había riesgo de que escaparan con las velas desplegadas y si lo hacían, no habría batalla y el enemigo podría reagruparse en otro lugar. Agripa, al ver llegar las naves de Antonio, fingió replegarse, lo que hizo que se confiaran las naves enemigas. Pero pronto dio media vuelta bruscamente y dividiéndose en dos atacó la flota enemiga. Antonio creyó que iba a ser atacado por los flancos e inició la batalla.

La escuadra de Octavio y sus generales Agripa, Lucius Arruntius y Marcus Lurius, no se amedrentó y empezaron a acosar por los flancos a las naves de Marco Antonio. Estas, una y otra vez, repelían los ataques, pero las otras no se cansaban de acercarse, lanzar flechas y proyectiles y dar vueltas alrededor de los pesados quinquerremes, intentando romperles los remos. Las naves de Antonio lanzaban sus garfios con el fin de atrapar a las pequeñas trirremes y amarrarlas junto a ellas. Cuando ello ocurría, se producía el abordaje con un cruel enfrentamiento cuerpo a cuerpo.


Despliegue naval en Accio

Los barcos de Cleopatra se mantenían al margen, observando desde atrás el desarrollo de la contienda. Cada vez parecía más claro que iba a tratarse de un combate definitivo y que las naves de Marco Antonio estaban inmersas en una lucha sin cuartel, con una huída en bloque más que imposible. Probablemente ello hizo decidirse a Cleopatra por hinchar las velas y huir con todas sus naves.

En un momento que la dirección del viento se dispuso de forma favorable, Cleopatra extendió las velas de su buque de mando, que se encontraba anclado en la retaguardia, y avanzó a toda marcha rompiendo las filas de Octavio y huyendo mar adentro seguida de las 60 naves egipcias de escolta.

Huída de Cleopatra

Todos los combatientes pudieron ver la huída de las naves egipcias. Marco Antonio, al darse cuenta, abandonó de inmediato la nave capitana y en un pequeño y veloz velero abandonó el campo de batalla y partió tras ella. Los romanos que luchaban a su lado quedaron horrorizados viendo cómo su gran general los dejaba desamparados. Las naves egipcias rompían sus torres y las lanzaban al mar, con el fin de aligerar su peso y avanzar aún más aprisa. Las naves fieles a Marco Antonio se dispusieron a caer en el combate. Una a una fueron asediadas e incendiadas por la flota de Octavio.

Naves en combate

Los historiadores afirman que la batalla duró poco menos de cinco horas, aunque las galeras incendiadas estuvieron ardiendo en el mar hasta bien entrada la noche. Cuando la nave de Antonio alcanzó la nave de Cleopatra, éste subió a bordo y permaneció tres días en la proa, hasta la llegada al cabo Tenaro, sin hablar palabra, apoyando la cabeza entre las manos (Plutarco). En Tenaro se detuvieron en espera de los barcos que les habían seguido. La depresión de Antonio se explica si se tiene en cuenta que había perdido su flota y desconocía qué habría pasado con las tropas de tierra. Estas habían emprendido la huída hacía Macedonia al mando de Canidio Craso, perseguidas por las de Octavio. Pero en cuanto tuvieron noticia de la derrota naval y de la huída de Marco Antonio se entregaron sin combatir, cambiando en bloque de bando. Al fin y al cabo, todos eran romanos.


LA BATALLA DE ACCIO (Óleo de Lorenzo A. Castro. 1672)


LA BATALLA DE ACCIO (Dibujo de J. C. Ridpath. 1880)


8. DESPUÉS DE LA BATALLA

La victoria de las tropas de Octavio fue total y absoluta. Tras la batalla, hizo fundar una ciudad, Nicópolis, en el lugar donde había estado instalado su campamento.

La batalla de Accio decidió el resultado del enfrentamiento entre Marco Antonio y Octavio, pero en principio no terminó la guerra. De todas formas, las cosas no se pusieron fáciles para Antonio y Cleopatra. A su llegada a Alejandría, se encontraron con la noticia de que las legiones que habían dejado en las costas de Asia Menor también habían decidido cambiar de bando, ya que no había nada peor para el prestigio de un general que abandonar a sus soldados en el campo de batalla. A pesar de ello, reorganizaron la resistencia en Alejandría, donde fueron vencidos sin lucha en agosto del año 31.

Los últimos días en Alejandría fueron como el desarrollo de un drama griego. Marco Antonio, creyendo 8que su amada Cleopatra se había suicidado, acabó con su vida atravesándose con su propia espada. Cleopatra se suicidó también para evitar figurar en el desfile triunfal de Augusto. El ejército de tierra de Marco Antonio y Cleopatra se rindió y fue tratado con clemencia.


La muerte de Cleopatra de Guido Cagnacci. 1568

La propaganda oficial convirtió Accio en un enfrentamiento entre los grandes dioses romanos y los dioses-animales egipcios. El futuro político de los nobles romanos quedó marcado por el lado del que se habían inclinado. La fecha de esta batalla se ha usado para marcar el final de la República Romana y el comienzo del Imperio.



9. LA CONTROVERSIA

Existen diferencias entre los historiadores a la hora de valorar el enfrentamiento. Por un lado hay quien postula que Marco Antonio buscaba una retirada completa, pues sus naves llevaban un velamen demasiado grande, del que no se hubiese hecho uso si se preparase una batalla naval. Otros sugieren que lo que se buscaba era un enfrentamiento con una parte del ejército que encubriese honrosamente lo que en realidad era una huida. Otro motivo de conflicto es la participación de Cleopatra en esta decisión.

La derrota de Accio fue aplastante, pero no tuvo demasiado de gloriosa, ya que desde el primer momento la situación fue favorable para las tropas leales a Roma, pero Octavio y sus partidarios, sin embargo, la presentaron como un triunfo glorioso en una guerra justa, la victoria de la virtud romana sobre la depravación oriental, al tiempo que difundieron la historia de que Cleopatra había traicionado a Antonio y éste a sus hombres. Los historiadores antiguos culparon a Cleopatra del desastre. Según Plutarco, la huida de Marco Antonio se debió a su amor por la reina, que le hizo olvidar su dignidad y honor.

Las cifras que se dan para el número de naves caídas y de bajas sufridas en cada bando no son fiables. Según Plutarco, antes de la confrontación Antonio contaba con 600 naves, de las que César capturó 300, cifrándose en unas 5.000 las bajas humanas. No hay datos para los caídos del bando de Octavio.



10. SI EN ACCIO HUBIERA VENCIDO MARCO ANTONIO…


A priori, en Accio las ventajas no estaban claras, salvo la ventaja de ánimo y moral que tenían las tropas de Octavio. Marco Antonio contaba con suficientes tropas, tanto de infantería como navales. Disponía de un 20% más de tropas de infantería, una cantidad superior de naves y estaba en su terreno, cerca de las costas de la Magna Grecia y del apoyo de los reinos orientales que estaban a su favor.


Si Marco Antonio no hubiera estado tan presionado por la situación y no hubiera cundido en su ánimo el sentido de derrota y las ganas de huir a Egipto que lo dominaron, podía haber planteado las cosas de otra manera:

• Marco Antonio podría haber planteado una batalla en tierra, tal como algún general suyo le aconsejó. La boca del golfo de Ambracia podía quedar protegida con un pequeño efectivo y con el resto de tropas haberse adentrado dirección Macedonia buscando un lugar oportuno para la batalla. Sin duda, con la ventaja de la alta moral que tenía de su parte, Octavio lo hubiera perseguido para enfrentarse con él.

• En una batalla frontal, Marco Antonio contaba con su gran experiencia en combate, mientras Octavio era apenas un aprendiz. Es cierto que contaba con grandes generales, como Agripa, pero Marco Antonio se había formado junto al gran Julio César y había combatido con él en innumerables batallas en la Galia, por lo que en estrategia había poco que pudiera ya aprender.

• La batalla ya no hubiera sido naval. Ninguno de los dos contendientes prefería el enfrentamiento en mar, ya que los romanos no eran expertos en ellos. La fuerza de las legiones se ponía de manifiesto en tierra, no en el mar. Accio hubiera sido una batalla terrestre.

• Con unos efectivos similares, mayor número de tropas auxiliares y en su terreno, Marco Antonio podría haber derrotado a las tropas de Octavio.

• Tras su victoria y la eliminación de Octavio, Marco Antonio podría haber tomado dos decisiones con consecuencias muy distintas:

- Podría haber entrado victorioso en Roma, desencadenando una venganza sin cuartel contra todos los senadores, políticos y generales que le habían vuelto la espalda durante los últimos años. Ya lo había hecho en una ocasión, tras el pacto de Bolonia con Octavio y Lépido. Esta opción, siendo sangrienta, hubiera sido la menos mala para los romanos, ya que a fin de cuentas Marco Antonio se hubiera designado Dictador y poco a poco las cosas podrían haber vuelto a la normalidad. Con toda probabilidad la República habría tocado a su fin, pues tanto el carácter de Marco Antonio como sus tendencias orientalizantes le habrían llevado a instaurar una especie de Reino, al estilo de los reinos orientales. Algo parecido al Imperio que impuso Octavio, aunque con guante de hierro y no de terciopelo como el que utilizó este último. Sea como fuere, Roma habría seguido siendo la capital del mundo conocido, aunque con una forma de gobierno diferente.

- Pero Marco Antonio podría haber tomado una decisión de peores consecuencias para Roma. Podría haber regresado victorioso a Alejandría, mostrando el mayor de los desprecios hacia la capital que tanto le había despreciado durante los últimos años. Desde Alejandría, a través de las tropas y de sus fieles seguidores, podría haber llevado a cabo igualmente su venganza contra sus enemigos en la capital y haberse hecho designar directamente el nuevo Rey del mundo. Y Roma se hubiera convertido en una ciudad satélite de la nueva capital: Alejandría, desde donde Marco Antonio y Cleopatra hubieran gobernado tanto Oriente como Occidente. Las influencias orientales se hubieran multiplicado y la civilización romana se hubiera visto inmersa a un cambio brutal de costumbres e instituciones, empezando por el propio idioma, que en pocos años podría haber cambiado del latín al griego, como de hecho ocurrió siglos después en el Imperio cuando esté se concentró en Oriente. El Imperio Romano hubiera tocado a su fin antes de empezar y el mundo que hoy conocemos sería muy distinto a como es. El peso del Mediterráneo se hubiera decantado hacia Oriente.




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