sábado, 1 de octubre de 2011

¿CRISIS? ¿QUÉ CRISIS?


Hace unos días, mientras esperaba en un aeropuerto (este mes de septiembre he viajado de lo lindo) compré una revista que me llamó la atención: Filosofía Hoy. Era el nº 6 y me pareció curioso que una editorial apostara por difundir filosofía en la tienda del aeropuerto. El caso es que la revista me ha sorprendido gratamente. Buenos artículos de divulgación, artículos y noticias culturales, reseñas de libros, en fin, una lectura agradable y muy recomendable, nada sesuda y alejada de rigurosos e inenteligibles discursos académicos.


 El caso es que me ha llamado la atención un reflexivo artículo sobre la crisis financiera que me ha aportado algo de luz a todo el lío en el que estamos metidos. Intentaré resumirlo:


• La causa no hay que buscarla en la ineficiencia de los reguladores o en la codicia o la deshonestidad de los dirigentes de las entidades financieras, sino en algo mucho más profundo, en el exceso de confianza de una sociedad que disfruta de “demasiados” años de bonanza.

 • Tras seis o siete años de pujanza económica, todos nos habíamos convencido de que caminábamos por la senda firme de la prosperidad. Todos, los dirigentes, los ciudadanos, los medios de comunicación, la administración pública creíamos con ilusión en el futuro. Los propios gestores se contaminaron de esa ilusión.


• El problema se inicio mucho antes de la crisis de las hipotecas subprime: lo hizo en el momento en que los gobiernos supieron poner bajo control la inflación. Cuando la inflación baja, los tipos de interés hacen lo mismo, y cuando esto ocurre, la bolsa se beneficia, suben las acciones en la mayoría de mercados, los precios de los inmuebles crecen y, objetivamente, se eleva la riqueza del ciudadano.


• Un ciudadano con la sensación de ser propietario de un patrimonio consistente cuyo valor no para de crecer, en un entorno económico con crecimientos del PIB y niveles bajos de desempleo, pasa a consumir más.


• ¿Quién pondría pegas a conceder un crédito a una persona que tiene un patrimonio de 300.000 ó 500.000 euros (piso, chalet, acciones…) y con un trabajo fijo? Los créditos empezaron a concederse con agrado por parte de todos y no con malicia como ahora nos gusta pensar.

 • Como dice el artículo: “todo iba de buena gente con ganas de vivir algo mejor”


• En estas circunstancias todo empuja a que este estado de riqueza creciente y mantenida excite a las personas a asumir riesgos que en tiempos de más dificultades no hubiéramos asumido nunca. Se pierde suavemente la percepción del riesgo.


Demasiada prosperidad durante demasiado tiempo tiene a autodestruirse…


• No es que todos pensáramos que ya no habría nuevas crisis, pero sí que se instaló la creencia de que los modernos y pujantes sistemas financieros, que la economía moderna en general, ya no iba a tolerar una gran crisis, sino que quizás podríamos tener pequeñas crisis que siempre vienen bien para activar un poco el sentido del riesgo. Nunca imaginamos que podría llegar una gran crisis, no lo imaginó nadie, ni los más expertos. ¡No fue codicia, simplemente nos relajamos todos!


• ¿Quién de nosotros hubiera tolerado que un gobernante hubiera puesto freno a la fiesta que todos estábamos viviendo? Los gobernantes, necesitados de votos, en épocas de bonanza tienen a favorecer que el PIB siga creciendo, el desempleo bajando, el país ascendiendo en los rankings mundiales. ¿Cómo pedir a un gobernante que se anticipe al fin de una prosperidad que parece que va a prolongarse indefinidamente o que no está amenazada de ninguna gran hecatombe?

 • A los que piensan que hubo malicia o falta de profesionalidad en los reguladores hay que decirles que estos son humanos y que siempre van a tener enfrente a regulados que irán uno o dos pasos por delante. Siempre ha sido así. Los reguladores no son por sistema los más listos.


• En cuanto a los que culpan a los gobiernos por su exceso proteccionista y la impresión que dieron (y están dando) de que las consecuencias de los bancos fallidos, los riesgos excesivos, etc. no recaen sobre los ciudadanos ya que para eso está la ayuda del estado, tampoco están en lo cierto. Aunque el gobierno intervenga, las pérdidas que provoca una crisis bancaria sobre los accionistas es de colosales dimensiones, aunque sean menores que la simple y pura desaparición. El premio que supone la posible ayuda estatal cuando se fracasa hasta la bancarrota no es estímulo para nadie.


Filosofía Hoy aporta las siguientes claves a esta historia:


- Hay que buscar la culpa en la torpeza constitutiva de nuestra especie.


- Sólo en una pequeña parte nuestros actos positivos son superiores a nuestros fracasos.


- Esa pequeña parte, acumulada y distribuida por el planeta, es la que permite el progreso tecnológico.


- La eficiencia de cualquier sistema u organización humanas, cuando se produce, tiene una vigencia limitada.


- Somos hiperactivos y muy pronto sustituimos las fórmulas fallecidas por otras nuevas.


- Y finalmente, somos culpables de todo… (y yo me atrevería a decir: TODOS somos culpables de todo…). Basta con que nos investiguen a fondo…

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