martes, 10 de febrero de 2015

VARANASI #India #Varanasi #Benarés


Varanasi al atardecer

Conocida por nosotros como Benarés, una de las ciudades santas de India, situada en el estado de Uttar Pradesh, a unos 800 kms. al este de Delhi. 
Desde Delhi, hora y media de avión, y desde Mumbai un par de horas.

Debe su nombre a estar situada entre los ríos Varana y Asi, afluentes del Ganges. 

Cuenta con unos 4 millones de habitantes y, según la tradición, todo hindú debe visitarla al menos una vez en la vida. Es una ciudad con más de 3000 años de historia, una de las más antiguas del mundo.

Se la conoce como la ciudad de Shiva. En el panteón hinduista hay tres deidades supremas, Brahma, el dios creador del universo, representado con cuatro cabezas de las que normalmente sólo tres son visibles en las representaciones ya que una queda a la espalda, y cuatro brazos. Su color es el rojo. Vishnú, el dios protector o conservador, que se representa de color azul, con cuatro brazos sosteniendo una flor de loto, una caracola, una maza dorada y un disco. Y Shiva, el dios destructor, representado con el tercer ojo en la frente y un collar en forma de cobra. Su color también es azul. Los hindús tienen cierta preferencia por uno u otro de estos dioses, siendo más asiduos en los templos dedicados a su deidad preferida. Varanasi es la ciudad de Shiva, el dios que destruye la vida para que pueda volver a ser creada. Para los hindús, ser incinerado en Varanasi representa liberarse del ciclo de las reencarnaciones y retornar al universo espiritual.
Brahma, Vishnu y Shiva (también llamado Mahesh)

El río Ganges, considerado un dios en sí mismo por los hindús, nace en el Himalaya y recorre más de 2500 kms. hasta desembocar en el Golfo de Bengala. El Ganges es Varanasi y Varanasi es el Ganges. No tendrían sentido el uno sin el otro. En una de sus orillas se suceden, uno junto al otro, los Ghats, escalinatas que conducen hasta las aguas del río. Durante siglos, diferentes personalidades indias fueron construyendo edificios a orillas del río con sus propio acceso a las aguas. Cada una de estas construcciones forma un Ghat, de los que se conservan 85. A través de las escaleras puede recorrerse la zona de los Ghats de Varanasi desde un extremo al otro, con una extensión de unos tres kilómetros. Los Ghats sólo ocupan una orilla del río. En la otra orilla se extiende una ancha y desnuda playa de arena amarilla.
 Amanece en los Ghats



 El sol se levanta en la orilla opuesta a la ciudad, como para contemplar el despertar de los Ghats


 En una orilla el bullicio, en la otra la calma


Hay dos Ghats dedicados a las cremaciones, el principal es el Manikarnika Ghat, al norte. El otro es el Harishchandra Ghat, en el sur. Este último es menos visitado que el principal por encontrarse más lejos del Main Ghat o Ghat principal, donde se concentran las ceremonias y los turistas y donde desemboca la calle principal que conduce a los Ghats.

Para los hindús es un honor ser incinerado en Varanasi. Manikarnika y Harishchandra funcionan las 24 horas del dia ininterrumpidamente, con varios cientos de cremaciones diarias. Son lugares a los que hay que acercarse con precaución y respeto. La mejor forma de hacerlo es alquilando un bote desde el mismo río. También por respeto, las fotografías sólo pueden tomarse a distancia.
El ritual de la cremación se desarrolla con poco bullicio y sin excesivas aglomeraciones. No es un lugar de duelo, tristeza y llantos, no es así como conciben los hindús el adiós a sus seres queridos. Al contrario, es una alegría saber que el fallecido ha podido ser incinerado a orillas del Ganges y que ello representa su pasaporte para acceder al lugar de reposo celestial. En cada uno de estos dos Ghats pueden verse al menos media docena de piras funerarias quemando sin cesar.
 Manikarnika Ghat

Los troncos de madera se amontonan en las barcazas que los transportan. El humo sale de las piras y las vacas se pasean tranquilamente por el lugar.

Las piras se construyen con troncos de madera que llegan hasta el Ghat en barcazas cargadas y se amontonan sobre las escaleras. Esta madera parece ser que tiene un precio exagerado para las familias más pobres, por lo que en el Harishchandra funciona también un horno eléctrico como crematorio, en un edificio que tiene una chimenea de la que sale constantemente un humo negro.


Harishchandra Ghat

                                                  

El lugar donde se sitúa la pira funeraria depende de la casta del fallecido, en un lugar menos privilegiado y cercano a la orilla para la casta más baja y, en Manikarnika, en lo alto de un edificio junto a las escaleras del Ghat para los de la casta más alta, los Brahmanes. Hay que tener en cuenta que las castas no significan un determinado nivel de riqueza. Hay intocables ricos y brahmanes pobres, pero sólo estos últimos tienen derecho a incinerar a sus muertos en la terraza del edificio comentado. Conocimos a un Brahman que era barquero en el Ganges y nos comentó que había incinerado a su padre en Manikarnika hacía un par de años y lo había hecho, como su casta le permitía, en la terraza elevada. Nos dijo también que toda la ceremonia, la compra de la madera y todo lo demás que hay que comprar o pagar para la incineración, le costó alrededor de 300.000 rupias, más de 4.000 euros al cambio actual.

Ram, que así se llamaba nuestro barquero brahmán, era un joven que hablaba un perfecto inglés y conocía perfectamente la historia de la ciudad y de los Ghats. Trabajaba en el Meen Ghat, donde estaba nuestro hotel, y fue allí donde nos lo recomendaron. Fue un total acierto. Por la mañana de nuestro primer día contratamos un barquero para dar una vuelta justo al amanecer, pero no hablaba inglés y fue un recorrido impresionante por ser nuestro primer contacto con los Ghats, pero silencioso. Después, por la tarde, al atardecer, ya dimos con Ram y la cosa cambió por completo. Ram nos fue llevando por los Ghats dándonos completas informaciones de su construcción, antigüedad, etc. Y lo mejor fue cuando llegamos a la orilla del Manikarnika Ghat, donde nos preguntó si queríamos bajar para pasearnos por él. No dudamos en decirle que sí, a pesar de que en Manikarnika la ausencia de turistas es casi completa. Los turistas sólo se acercan hasta unos metros de la orilla con las barcas, pero no se pasean entre las piras. Nosotros lo hicimos con Ram. Estaba anocheciendo y los fuegos lanzaban sus llamas entre la oscuridad. 
Acercándonos a Manikarnika con Ram a los remos




Ascendimos por las escaleras, escuchando con atención las explicaciones y los detalles que Ram nos iba dando sobre la ceremonia de cremación. Entramos en el templo de Shiva, justo en lo alto de las escaleras, donde quema el fuego eterno encendido por el propio dios hace miles de años. Los familiares toman el fuego que prenderá la pira de este fuego eterno. En las calles de atrás del templo hay un trasiego de personas que van y vienen sin cesar y a todas horas. Los familiares directos del fallecido se afeitan cara y cabeza para la ceremonia, a excepción de una pequeña coleta en la coronilla, y se visten de blanco.
El templo de Shiva, en Manikarnika, donde arde el fuego eterno

Al fallecido lo cubren con una tela de lino blanco y, sobre ella, con otras telas de colores vivos, naranjas, blancos, dorados. Sobre una especie de camillas de madera son primero llevados hasta la orilla del Ganges y sumergidos en el río, para después ser untados con diferentes productos, entre ellos esencias como el sándalo. Estas esencias consiguen que, contra lo que pudiera parecer, la zona de las cremaciones no tenga ningún olor desagradable.
En la zona no hay lloros, sólo grupos de personas que se reúnen en silencio alrededor de cada pira, no demasiadas, ya que imagino que sólo los familiares más próximos están presentes. Los encargados de que las piras prendan y de otros detalles, son miembros de la casta Dom de los intocables. Ellos encienden el fuego y se encargan de mantenerlo vivo. Las piras tienen un tamaño considerable, de un metro de altura por lo menos, con los troncos entrecruzados dejando espacio para que el aire circule entre ellos, un tamaño suficiente para que el cuerpo del fallecido tenga que adivinarse, pero apenas sea percibido entre la montaña de troncos. Verlo de cerca, a pié de pira, produce un gran respeto, pero no se perciben duras imágenes. Solo maderas, fuego, humo y un calor exagerado si te sitúas muy cerca.



No todos los cuerpos son incinerados. Las embarazadas o niños pequeños que fallecen, las personas muertas por el ataque de una cobra o de una vaca o los leprosos no necesitan de ese ritual, ya que se supone que estas personas ya están en unión con los dioses. A estas personas se las lleva también a Manikarnika, lugar donde son cubiertos por mantos dorados y, tras el pertinente ritual, son llevados en una barca hasta el centro del curso del Ganges, frente al Ghat, donde son depositados en el río con un peso para que se hundan en su cauce. Cuando nosotros visitamos Manikarnika, había el cuerpo de un niño pequeño envuelto en una túnica dorada que fue llevado hasta un bote río adentro.


Una vela encendida en un lecho de flores flotando en las aguas del Ganges

Pero los Ghats de Varanasi con mucho más que un lugar de cremaciones. En realidad, el espacio que ocupan éstas es mínimo en comparación con la extensión de los Ghats. En ellos las imágenes sorprendentes se suceden una tras otra. Santones con sus túnicas naranja y las caras pintadas de blanco, familias enteras que suben y bajan de sus barcas, niños jugando, vacas y cabras paseando por el lugar, monos que se pasean por las ramas de los árboles cercanos y las azoteas de los edificios y muchas personas, hombres y mujeres, bañándose en el río para purificarse, los hombres con apenas un taparrabos, las mujeres completamente vestidas. Para los ojos occidentales, un paseo por los Ghats de Varanasi es un derroche de impactos inesperados, de sonidos, colores y olores que saturan nuestros sentidos.

 La vista desde el balcón de nuestra habitación. Al fondo el Main Ghat




Shiva en lo Ghats

El Dasashwamedh Ghat o también llamado Main Ghat (Ghat principal) es el más concurrido de todos. En él desemboca la calle principal que conduce a los Ghats. En Dasashwamedh cada tarde a las 18,00 h. los shadu o monjes hindús celebran una ceremonia con ofrendas, fuego, incienso y campanillas sonando sin parar. Dura aproximadamente una hora y concentra a cientos de personas, muchas de ellas turistas, en las escaleras. Nosotros preferimos contemplarla desde el mismo río, en un bote junto a otras docenas llenas de gente extasiada por el espectáculo, encendiendo pequeñas velas con flores que se depositan sobre las aguas del río.
 La ceremonia en el Dasashwamed Ghat desde las aguas del Ganges


Varanasi es más que sus Ghats, pero ellos solos valen una visita a la ciudad. Uno no se cansa de pasear por ellos, a pie por las escaleras o en bote arriba y abajo. En tres días de estancia nosotros hicimos cuatro viajes en bote, el último en uno con motor que nos permitió llegar más lejos y contemplar casi todos los Ghats que se conservan. Un viaje en un amplio bote con a remo de una hora de duración sale por unas 150 rupias (un euro y medio). El mismo tiempo en un bote con motor nos costó 300. Hubiéramos estado todo el día paseando sobre el río maravillándonos del espectáculo de vida y muerte que se presencia en la orilla.







Más allá de los Ghats, están las calles estrechas que van a dar a ellos. Forman parte de la zona más antigua de la ciudad. Callejuelas como las que podemos encontrar en los zocos árabes, llenas de gente y tiendas con ofertas de todo tipo. Ruido, aglomeraciones, vacas paseando que apenas dejaban seguir el camino y suciedad, mucha suciedad. Si se viaja a Varanasi hay que estar dispuesto a entender que la suciedad forma parte intrínseca de la ciudad. Es algo tan asumido que en general no genera ningún rechazo. Pero las calles alrededor de los Ghats están muy sucias. Desde excrementos de vacas y de cualquier otro tipo de animal de los muchos que se pasean por allí hasta aguas residuales o la basura de las casas. Será porque uno se acostumbra rápido o porque hay numerosos puestos donde se cocina comida a pié de calle o se queman esencias, las calles no huelen especialmente mal. Al menos a mi no me lo pareció. Eso sí, pasear por la noche es correr un alto riesgo de pisar el particular regalo de alguna vaca.


 En Varanasi hay que estar dispuesto a contemplar estas imágenes


 Un grupo de búfalos sobre las escaleras

La cabra en el pedestal observando el río

 Este es el punto en el que la calle principal llega al Main Ghat




Más allá de las estrecheces junto a los Ghats, las calles se ensanchan y aparece el tráfico rodado, imposible en las calles estrechas a excepción de las motos que se meten por todos lados. Los coches sólo pueden llegar a una distancia aproximada de 500 metros de la orilla. A partir de un determinado punto, no pueden acceder, aunque la calle siga siendo ancha. Ello no impide que el tráfico siga siendo horroroso y peligroso, porque la calle se llena de motos, bicicletas, rickshaws y carromatos de todo tipo, sin contar los animales que son omnipresentes en cualquier lugar de la India.







Si se reserva un hotel a la orilla del Ganges hay que asumir que el taxi sólo podrá llevarnos hasta esa distancia y que los últimos cientos de metros tendremos que llevar la maleta a rastras o contratar un ciclo-rickshaw para que nos lleve lo más cerca posible. Aún así, los últimos metros tendremos que hacerlos por calles estrechas donde no caben ni los rickshaw. Lo suyo es avisar al hotel para que alguien venga a buscarnos al punto donde paran los taxis y que nos ayude con el equipaje hasta la recepción.



 No lo dudéis: un hotel a orillas del Ganges es la mejor opción si visitáis la ciudad. Estas son las vistas nocturnas desde nuestra habitación, con la ceremonia en el Dasashwamedh desarrollándose al fondo, llena de luz y sonido y gente disfrutándola desde los botes. Procurad que el hotel no esté muy alejado de este ghat.


El Ganges tiene fama de estar muy contaminado. Parece que si te tocan sus aguas se te puede caer la piel a tiras. Los indios se bañan sin problemas, pero es como si fuera un río prohibido para occidentales. No quise irme de Varanasi sin romper con este mito. Pero tampoco es cuestión de ponerse un bañador y bajar por un ghat hasta la orilla. Hay que ser respetuoso con los rituales y no me parece adecuado hacer una "turistada" de ese calibre. Nosotros buscamos a un Brahman y le solicitamos una ceremonia de buena suerte para la familia. Nos citamos con él a las 7 de la mañana en la orilla de la playa y allí, entre la niebla matinal y mientras el sol se alzaba poco a poco, sentados sobre unas esterillas bajo una rudimentaria carpa de tela, participamos en un ritual lleno de calma, en el que acabamos ofreciendo nuestra vela encendida al río y, finalmente, nos mojamos hasta las rodillas. Una experiencia inolvidable.
 Descargando mi inseparable mochila


 El escenario de la ceremonia


 La playa con la niebla matinal

 



Ram llevándonos de nuevo a la ciudad, cubierta de niebla

Plantearse un viaje a India para ir directamente a Varanasi puede resultar un poco duro. En Varanasi se concentra lo más extremo de India, desde su vertiente religiosa, con las cremaciones como símbolo, hasta el propio atractivo del Ganges, el bullicio y el tráfico agobiantes, las olores, la suciedad, etc. Todo nos parecerá exagerado, inmenso, extraño, desconcertante. Por ello, en mi opinión, antes de llegar a Varanasi sería aconsejable conocer un poco el país y su cultura, pasando algunos días en Delhi y aprovechando para visitar el Taj Mahal, por ejemplo. Yo no pondría Varanasi al principio de una ruta por India, creo que es una ciudad que se disfruta más si se conocen un poco las costumbres indias y uno sabe ya manejarse por sus calles, entre su tráfico, en sus restaurantes, con sus tuc-tucs o rickshaws, etc. De cualquier modo, si se viaja a India, hay que visitar Varanasi. Hay vuelos directos desde los principales aeropuertos de entrada al país, por lo que es una ciudad que se puede incluir sin dificultad en cualquier visita al país.



 Escenas de las calles de Varanasi





 Para llamar la atención, la persona que tenía amaestrado a este mono decía "Paquistaní, paquistaní"


 La vaca como monumento y como una realidad omnipresente


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