martes, 17 de febrero de 2009

SOBRE LA TEORÍA DE LA RELATIVIDAD

Hace un par de años me propuse entender en lo posible el concepto de la Teoría de la Relatividad de Albert Einstein. Pensé que, tras casi un siglo, siendo sólo un aficionado podría llegar a comprender al menos la idea que hay detrás del concepto. Bueno, al menos lo intenté. Este artículo es el resumen de todo lo que descubrí.




LA TEORÍA DE LA RELATIVIDAD


Albert Einstein



I. La Teoría ESPECIAL de la Relatividad

Para entender el alcance de las teorías de Einstein se hace necesario hacer referencia a otro gran pensador: Isaac Newton. En 1686, una de las cabezas más privilegiadas que ha tenido nunca la humanidad, fue capaz de capturar en su imaginación el conocimiento de las leyes que rigen la naturaleza. Por primera vez, alguien postulaba unas normas matemáticas de obligado cumplimiento en el cosmos y daba a la humanidad una visión del universo capaz de ser entendible. Las leyes de Newton explicaban tantas cosas (desde las fluctuaciones de las mareas hasta el movimiento de los planetas, desde la trayectoria de una bala de cañón hasta por qué no somos lanzados al espacio exterior si el planeta gira a nuestros pies a centenares de kilómetros por hora), que aunque a él se le reconoció su valía desde el principio y pasó el resto de su vida siendo honrado como el brillante científico que fue, costó mucho tiempo de asimilar por el resto de los mortales el alcance de sus teorías.



Los “Principios Matemáticos de Filosofía Natural”, conocidos como los “Principia”, se resumen en las tres leyes newtonianas del movimiento que postulan que
* Un objeto se mueve en la dirección que se le empuja
* Y seguirá moviéndose en línea recta hasta que otra fuerza actúe para aminorar o desviar el movimiento
* Y que cada acción tiene una reacción igual y contraria,

y la ley de la gravitación universal que establece que cada objeto del universo ejerce una atracción sobre los demás.

En estas breves líneas tan simples de enunciar, se contiene una explicación clara y contundente de todos los fenómenos que suceden a nuestro alrededor o, al menos, de todos los que podemos imaginar los simples mortales con inteligencias normales. Durante dos siglos, los postulados de Newton fueron intocables y dominaron el mundo de la física y las leyes naturales y, aunque a lo largo del siglo XX han sido muchos los descubrimientos que han abierto amplias fosas en sus teorías, aún hoy en día, más de tres siglos después de la publicación de los Principia, todos nos agarramos a sus pensamientos para seguir contemplando el universo (aunque aceptemos que las cosas ya no son tan claras y simples).

A finales del siglo XIX, las investigaciones sobre electromagnetismo empezaron a socavar la universalidad de los postulados newtonianos. Los científicos se dieron cuenta de que las observaciones de un mismo fenómeno físico podían ser diferentes si un observador se encontraba en movimiento a una velocidad cercana a la de la luz, frente a otro observador estático. Así, por ejemplo, un campo magnético podía ser observable por una de ellas y ser inexistente por la otra, y ello en el mismo espacio físico. Esto no podía ser posible con las leyes de Newton en la mano, pero los cálculos de los científicos conducían a estas conclusiones.

Albert Einstein partió de estas paradojas para dar luz a sus teorías. Fue en 1905 cuando publicó su primer artículo relacionado con este asunto, en un año que los físicos de todo el mundo celebran como un año “mágico” en el sentido de que representó un cambió radical en el pensamiento y el abordaje de las leyes físicas que habían dominado el mundo desde los Principia de Newton. En 1905, con solo veintiséis años, Einstein publicó uno tras otro cinco artículos en una prestigiosa revista de ciencia alemana de física que revolucionaron el mundo científico:

* Sobre la producción y la transformación de la luz, donde explica la esencia de la luz (por sus aportaciones en este terreno recibió el Premio Nobel de Física en 1921).
* Sobre las dimensiones moleculares, donde relaciona la viscosidad de los líquidos con el tamaño de las partículas.
* Sobre los movimientos de las partículas, donde prueba la existencia de los átomos.
* Sobre la electrodinámica de los cuerpos en movimiento, el artículo que revolucionó el mundo científico, con una nueva visión del espacio y del tiempo: su teoría especial de la relatividad.
* Sobre la inercia y la energía de los cuerpos, basado en el anterior, donde plantea que la masa y la energía son intercambiables. Dos años después, resumirá este concepto en su famosa fórmula E = mc2

Solo una mente privilegiada, única, sólo repetible de siglo en siglo (o más), es capaz de atrapar en su interior y saber canalizar hacia el mundo pensamientos de tamaño tan enorme. Cualquiera de esos cinco artículos hubiera significado por sí solo una fama merecida, ¡pero Einstein los publicó los cinco el mismo año siendo un veinteañero!.


La cosmovisión newtoniana nos decía que el espacio es un receptáculo en el que se ubica de forma precisa la materia y que el tiempo es el receptáculo de los acontecimientos en sí, de los cambios. Para Newton ambos conceptos son absolutos y fijos, están separados el uno del otro y son independientes de todas las cosas. De hecho siguen siendo así en la mayoría de nuestras cabezas. Einstein dedujo que no era así. Y para esta deducción utilizó dos postulados iniciales:

* Todo movimiento es relativo.
Siempre que se hable de un movimiento y, en consecuencia, de la velocidad de un objeto, estamos obligados a hacerlo en relación a otro objeto. Sin un observador, que puede también estar sometido a movimiento o permanecer estático, no podemos establecer la velocidad de nada. No se puede determinar la velocidad “absoluta” de ningún objeto. Los conceptos de “reposo” y “movimiento” tienen un carácter relativo en este postulado, perdiendo su categoría de conceptos “absolutos”. Es más, Einstein también postula en este punto que las leyes de la naturaleza tienen que ser las mismas independientemente del estado del observador (es decir, son las mismas tanto si eres el observador como si eres el observado). Este es un postulado importante, ya que establece unas “normas” básicas que deben servir para cualquier estado del sistema y para cualquier situación de inercia o movimiento en el que se encuentre un observador.

* La velocidad de la luz es constante.Este fue el segundo postulado inicial de Einstein. La velocidad de la luz en el vacío es constante, independiente del observador u observadores y de si éstos están en movimiento o en reposo.

Supongamos un vehículo que circula por una carretera de noche. Emite luz hacia delante por los faros delanteros y hacia atrás por los traseros:



¿Cuál de los dos rayos de luz se mueve con mayor velocidad en relación al suelo?

Según la Mecánica Clásica de Newton, la respuesta sería el delantero, pues se le debería sumar la velocidad del vehículo. Pero siendo Einstein un niño, los físicos comprobaron que la respuesta correcta es que los dos rayos se mueven exactamente a igual velocidad: la velocidad de la luz es constante, sin importar quién ni cómo la emite.

La velocidad de la luz es de 300.000 km./segundo. Para hacernos una idea, a esta velocidad se llegaría a la luna en 1,3 segundos, al sol en 8 minutos y 19 segundos y a la estrella más cercana del sol en 4,2 años (lo que por otra parte nos da también una idea de lo “vacío” que está el universo, ya que cada año la luz recorre nada más y nada menos que 9,46 millones de millones de km. – 9,46 x 1012 Km es lo que se llama un “año luz” – ).

Basándose en estos dos postulados y utilizando como herramienta de trabajo las matemáticas, Einstein dedujo las propiedades y las ecuaciones que constituyen el cuerpo fundamental de su Teoría Especial de la Relatividad (Einstein pensó en llamarla “Teoría de los invariantes”, por la idea de que las leyes de la física no varían en los diferentes sistemas inerciales, pero su colega el físico Max Planck sugirió el término “relatividad” para resaltar la noción de transformación de las leyes de la física entre observadores moviéndose relativamente entre sí).


1. Pérdida de referentes absolutos.
La primera implicación de los principios que Einstein anuncia en 1905 es la inexistencia de un tiempo absoluto válido para todos los observadores. Aún más, en realidad no existe ningún sistema de referencia absoluto, las descripciones de los fenómenos de la naturaleza dependen del sistema de referencia en el cual se hace la observación.

Así, según Einstein, el tiempo no es absoluto sino que está vinculado al movimiento del observador y depende de su velocidad. Desde puntos de observación y a velocidades diferentes, los resultados también son diferentes. Y aquí llegamos a la genialidad: el tiempo de un observador que se desplaza a gran velocidad se “dilata” en relación a otro situado en la Tierra, por ejemplo. Para ambos personajes, el tiempo transcurre “igual”, es decir, un minuto es un minuto y los relojes lo marcan de la misma forma, pero los relojes del observador que se desplaza a gran velocidad son más lentos.

Un ejemplo muy utilizado para ilustrar este punto es de los dos gemelos, uno de los cuales emprende un viaje por el espacio a una velocidad próxima a la de la luz mientras el otro permanece en Tierra. Una vez transcurridos veinte años para el gemelo que ha permanecido en Tierra, la nave regresa pero para el gemelo viajero el tiempo ha trascurrido “dilatado”, por lo que para él sólo ha transcurrido un año y de pronto es ¡19 años más joven que su hermano!.




Así pues, los intervalos temporales entre sucesos dependen del sistema de referencia en que se miden.

Hagamos un inciso aquí para responder a una pregunta que muchos nos habremos hecho alguna vez: ¿son “posibles” los viajes en el tiempo, más allá de una simple conjetura mental?. La respuesta nos la dio Einstein hace más de un siglo: hacia el futuro sí, sin ninguna duda. Nuestro cerebro se resiste a comprenderlo, pero hay que hacer el esfuerzo necesario de pensar que el tiempo es como el espacio: si podemos dar saltos en el espacio, también podemos hacerlo en el tiempo. Si tuviéramos vehículos que fueran capaces de alcanzar velocidades muy superiores a las que hoy en día somos capaces de generar (100 ó 200 mil veces superiores a las que puede alcanzar el avión supersónico más veloz, por ejemplo –y esas velocidades son menos difíciles de imaginar para nosotros como era hace tan sólo unos pocos siglos el simple concepto de “viaje espacial”-), una persona que emprendiera un viaje espacial a esas velocidades y estuviera unos pocos años fuera de la Tierra, al regresar se encontraría con un mundo en el que habrían transcurrido cientos, miles o incluso millones de años.


(1g: aceleración que produce una fuerza igual a la de la gravedad de la Tierra –viajaría a una aceleración constante de 1g-)

Hacia el pasado es más complejo. Las teorías de Einstein no lo predicen, no disponemos de ninguna demostración teórica física o matemática. Al contrario, un viaje al pasado contradiría numerosos conceptos físicos. Son demasiadas las paradojas que este viaje podría producir (alguien viaja al pasado y asesina a un antepasado suyo…). En las últimas décadas han sido muchas las teorías que se han postulado intentando demostrar la posibilidad de estos viajes. En el Universo podrían existir un tipo especial de agujeros negros llamados “agujeros o túneles de gusano” que vendrían a ser una especie de conexión entre dos agujeros negros que podrían permitir el desplazamiento entre distancias enormes de forma rápida. Pero este viaje rápido entre lugares enormemente distantes también debería permitir aparecer en esos lugares en tiempos diferentes, es decir, podrían posibilitar los viajes al pasado.

En conclusión: viajar hacia el futuro es una posibilidad real que sólo depende de disponer de medios de locomoción adecuados y muy veloces. Viajar hacia el pasado de momento está en manos de teorías complejas no demostradas, pero a pesar de las paradojas a las que nos tendríamos que enfrentar, al final también podría ser posible.

2. El concepto de no simultaneidad.Es una consecuencia del concepto anterior. Si el tiempo es relativo, un mismo fenómeno puede ser observado en momentos no simultáneos por parte de observadores distintos.

Pongamos también un ejemplo. Imaginemos un tren que circula a gran velocidad (a una velocidad cercana a la de la luz). Estamos en la estación viendo como pasa el tren y en ese momento caen dos relámpagos “a la vez”, paralelos a la vía pero a unas docenas de metros uno del otro. Para nosotros, sentados en los bancos de la estación, no hay duda, los dos han caído de forma simultánea y así los hemos percibido.



Pero, ¿cómo los habrá observado una persona situada dentro del tren a mitad de la distancia de donde han caído?. Los relámpagos son señales de luz y ésta necesita desplazarse y ocupar un tiempo para llegar hasta donde está el observador. Como el observador se acerca a gran velocidad hacia el relámpago caído por delante de él y se aleja del mismo modo del que ha caído por detrás, observará primero el relámpago de la cabecera del tren e instantes después el de cola, pero nunca de forma simultánea. He aquí un mismo fenómeno que resulta simultáneo para un observador y no simultáneo para otro.


3. La relación entre masa y energía.En una de las fórmulas matemáticas de mayor éxito mediático (probablemente la que más), Einstein dedujo la relación entre masa y energía. En realidad, para Einstein la masa es energía latente, a cada cantidad de masa le corresponde otra de energía. La fórmula que probablemente todos recordamos es la famosa E = mc2 .


“E” energía, “m” masa y “c” velocidad de la luz

A velocidades cercanas a la velocidad de la luz, masa y energía se fusionan. La conversión de masa en energía explica el funcionamiento de las centrales nucleares, las bombas atómicas y la producción de energía en el interior de las estrellas como nuestro sol. Un ejemplo para darnos idea de la inmensa cantidad de energía que contiene una unidad de masa: sólo el 1% de la masa de una estrella cualquiera, como nuestro sol, está destinada a producir energía. ¡El sol lleva 5 ó 6.000 millones de años produciendo una inimaginable cantidad de energía y sólo ha destinado apenas el 1% de su masa a ello!. En realidad “c” al cuadrado es un multiplicador grande, muy grande…

Continuado con la cuestión de la posibilidad de viajar en el tiempo, si tenemos en cuenta la inmensa cantidad de energía que contiene la más minúscula cantidad de masa, ¿alguien duda que algún día seremos capaces de generar la energía suficiente para dar impulso a un vehículo que alcance velocidades hoy por hoy inimaginables?. Sabemos donde está la fuente de combustible (¡en cualquier objeto!) y sólo es cuestión de tiempo para que seamos capaces de dominarla y aplicarla. La salida y entrada de la atmósfera terrestre, que podrían plantearse como los principales problemas, por la fricción con las partículas del aire, el calentamiento que ello produce y la necesidad de tomar tierra de forma muy pero que muy suave para evitar dañar a los ocupantes de las naves, son cuestiones que ya tenemos resueltas. Una vez en el espacio, da lo mismo moverse a 10.000 km./h. que a 100.000 km./seg. (obviamente, aceptando un cierto grado de exageración en este comentario). Podemos imaginar un futuro no tan lejano en el que exista un aeropuerto especial para dar la bienvenida a las naves provenientes del pasado remoto…

Una implicación de la relación entre masa y energía es que pone límites superiores a las leyes físicas. Ninguna masa puede alcanzar la velocidad de la luz. Cuando un objeto se acerca a la velocidad de la luz, la cantidad de energía requerida para seguir aumentando su velocidad aumenta hacia el infinito, por lo que en la práctica es inalcanzable. (Sólo partículas sin masa, como los fotones, pueden alcanzar la velocidad de la luz y, de hecho, se mueven a esa velocidad).

Einstein dio a entender que la idea de unión intrínseca entre masa y energía era la consecuencia más importante de su teoría de la relatividad especial.



II. La Teoría GENERAL de la Relatividad


Einstein en 1922 en Paris explicando su Teoría General de la Relatividad


Pero tras la publicación y los enunciados de la Teoría Especial aún estaba por venir lo mejor. Dicen algunos autores que de no haber sido Einstein quién anticipó los postulados de la Teoría Especial, no mucho más tarde lo hubiera hecho otro de los grandes científicos de su tiempo. Lo que realmente hizo grande a Einstein fueron las deducciones de lo que llamó la Teoría General. En palabras de Boorse, Motz y Weaver, tres relevantes físicos de mitad del siglo XX, la Teoría General de Einstein, “como creación de una sola inteligencia es sin duda alguna el logro intelectual más elevado de la humanidad”. Aunque se trata de físicos elogiando a un colega, realmente las ideas de Einstein constituyen un hecho relevante, ya que cambiaron la concepción del mundo y del universo hasta el extremo que, casi un siglo después, aún nos cuesta subirnos a su carro y bajarnos de las explicaciones de la realidad previas a las deducciones de su mente.

Einstein se dio cuenta que en sus artículos de 1905 trataba sobre cosas que se movían en un estado libre de trabas. Pero, ¿qué ocurría cuando las cosas, la luz por ejemplo, se encontraba con un obstáculo como la gravedad?. Además, sus conceptos relativos de la observación de los fenómenos, según la situación de los observadores y de la velocidad, chocaba con el concepto universal de la gravedad postulado por Newton, donde la fuerza gravitatoria de la Tierra, por ejemplo, era la misma observada desde la luna o desde cualquier otro lugar del Universo.

Por otra parte, Einstein se dio cuenta de que la Teoría de la Gravedad de Newton chocaba con su postulado de una velocidad de la luz constante pero concreta. Supongamos que la Luna sufre el impacto de un meteorito y cambia su posición respecto a la Tierra (se sitúa más cerca, por ejemplo).




Según Newton, las fuerzas de atracción de la gravedad son propias de los cuerpos, por lo que la Tierra notaría de forma “instantánea” la nueva posición de su satélite. En 0,0 segundos la Tierra y la Luna se verían atraídas por la gravedad. Es decir, según Newton la atracción de la gravedad se transmite a una velocidad infinita. Esto ahora sabemos que es imposible, pues la máxima velocidad que se da en la naturaleza es la velocidad de la luz.

Además, Einstein no veía lógica alguna en la idea de que los cuerpos actuaran directamente sobre otros cuerpos mediante alguna fuerza invisible, como había descrito Newton en sus estudios sobre la gravedad. Para hacernos una idea de este concepto, imaginémonos un imán cuando atrae un trozo de hierro. No lo hace actuando directamente sobre el hierro a través del espacio vacío intermedio, sino creando algo físicamente real y explicable (y constatable) en ese espacio circundante (en este caso un “campo magnético”) que, a su vez, actúa sobre la pieza de hierro. Con este principio abordó Einstein el concepto de gravedad.

En 1917 publicó su artículo “Consideraciones cosmológicas sobre la Teoría General de la Relatividad”. Lo que en ese artículo dio a conocer al mundo, de no haber sido pensado y expuesto por él, aún podríamos estar esperando que alguien lo hiciera.

Todos los conceptos contenidos en la Teoría de la Relatividad son poco intuitivos y chocan con nuestro cerebro cartesiano. Un tren de 100 m. circulando a la mitad de la velocidad de la luz, para una persona sentada en la estación, tendría tan solo 80. Si ese observador, además, pudiera ver el interior del tren, escucharía como las voces de las personas que viajan en el mismo se alargan como en un disco a bajas revoluciones y que sus movimientos son lentos y pesados. Vería también como las agujas de los relojes de los viajeros funcionan de forma mucho más lenta. Pero, y aquí está la gracia del asunto, la gente del tren no tendría la menor sensación de esas distorsiones. Aunque no es fácil, con un cierto esfuerzo podemos llegar a imaginarlo. Lo que ocurre es que no hay nada de lo que nos rodea y podamos observar que alcance esas velocidades (salvo la luz). Un avión puede alcanzar velocidades de 2.000 ó 3.000 km./h. o incluso algo más, pero eso representa bastante menos de un km/segundo, y la velocidad de la luz recorre 300.000 en ese brevísimo espacio de tiempo. Es decir, son conceptos que se nos escapan porque no podemos observarlos en nuestra vida cotidiana, pero podemos llegar a entenderlos. Lo mismo ocurre con la relación entre masa y energía. Una pelota de béisbol lanzada a 160 km/h aumentará su masa en 0,000000000002 gr. Estos efectos son reales y se han medido, pero para nosotros son imperceptibles. Pueden ayudar a entenderlos otros conceptos de relatividad que sí estamos acostumbrados a percibir. El más claro es el del sonido. Todos conocemos las distorsiones que se producen en el sonido si nos desplazamos o estamos estáticos, o la no simultaneidad de la observación del sonido de los truenos según la situación del observador.

Pero con la Teoría General Einstein fue más allá, hasta el límite de lo irracional. Einstein aplicó un pensamiento lateral al problema de la gravedad y rompió literalmente con las ideas del pasado, dando un paso de gigante en el pensamiento humano. Dedujo que la gravedad no era una fuerza como había dicho Newton, sino la consecuencia de la curvatura del espacio y del tiempo como consecuencia de la presencia de la masa de un cuerpo. Y es esta curvatura la que determina tanto los movimientos de los planetas como la trayectoria de la luz.

En un espacio curvo, además, suceden cosas curiosas que contradicen aspectos que teníamos por “universales y absolutamente irrefutables”. Veamos la siguiente imagen:




En el centro,b), tenemos un triángulo sobre una superficie plana, sin curvatura. En este caso se cumple que la suma de sus ángulos es 180 grados, como todos aprendimos en el colegio. Por otra parte, como parece lógico, en este caso las líneas paralelas nunca llegan a encontrarse. Pero al curvar el espacio puede ocurrir lo que vemos en a) donde una curvatura positiva da lugar a un triángulo cuyos ángulos suman más de 180 grados y a unas líneas paralelas que tienden a chocar, o al contrario, en una curvatura negativa, como en c), la suma de los ángulos de un triángulo es inferior a 180 grados y dos líneas paralelas tienden a separarse.

Tendemos a pensar en espacios planos y líneas rectas por el tamaño del espacio que abarcamos y en el que nos movemos. La percepción de un espacio plano permitió la construcción de todas las leyes geométricas en época de los griegos (el espacio euclidiano). Pero Einstein lo vió de otro modo, en realidad supo ver más allá de sus percepciones. Cuando paseamos por una calle larga y plana, nos parece estar seguros de estar haciéndolo en una línea recta, pero ¿en realidad es así?. Lo es en la medida de lo ínfimo que resulta el espacio recorrido en comparación con la superficie terrestre. Pero si lo viéramos desde las alturas, nos daríamos cuenta que en realidad siempre estamos avanzando a través de líneas curvas, pues así lo exige el espacio en el que nos movemos. Nuestra escala de distancias horizontales es de unos 10 a 50 Km. y de unos 5 a 10 Km. de alto, que corresponde a montañas o aviones en vuelo. La Tierra tiene 6.400 Km. de radio, por lo que a escala humana parece plana. Cuando un avión estima la ruta a tomar en vuelos transcontinentales, lo que está introduciendo en su ordenador no son rectas, sino curvas geodésicas (a las curvas de menor longitud sobre una superficie curva se les da el nombre de «geodésicas»).


En el espacio del Universo ocurre algo parecido. Para entenderlo, imaginemos un colchón de textura blanda. Situemos sobre el mismo, en su centro por ejemplo, una bola de hierro de unos cuantos kilos de peso. Inmediatamente el colchón se “hunde” por el peso de la bola. Este hundimiento crea una depresión alrededor de la bola. Si colocamos diferentes bolas de distintos tamaños y pesos sobre la misma cama, las depresiones que cada una de ellas causarán tendrán efectos sobre las demás. Así por ejemplo, una bola pequeña situada cerca de una gran bola, se verá desplazada hacia ésta última dada la pendiente creada por la depresión mayor. El sol curva el espacio-tiempo a su alrededor y la Tierra sigue esa curvatura en su movimiento de traslación.


Vamos a intentar explicarlo con imágenes:

Cuando no hay gravedad, es decir, si no hay ningún cuerpo en el espacio-tiempo, en una especie de rejilla cuadriculada de dos dimensiones, el espacio sería plano y la forma de cada celdilla sería exactamente la misma:



Si colocamos ahora un cuerpo (una estrella, por ejemplo) en medio de este espacio, la rejilla se curvará adoptando un espacio tridimensional y, además, se verá modificado el tamaño de las celdillas cercanas al objeto:



Veámoslo en otra imagen:



Imaginemos ahora la situación de la Tierra respecto al Sol y lo veremos más claro:



Y veamos cómo se realiza el movimiento alrededor del sol:



O lo que es lo mismo:



Siguiendo con el sencillo ejemplo del colchón, el cosmos podría ser algo así (haciendo un gran esfuerzo por imaginar la situación en todas las dimensiones del espacio y no sólo “plana” como se ve en el ejemplo):




No me resisto a ilustrar este punto con una imagen que ilustra lo compleja, pero a la vez bella, que puede resultar la configuración del espacio en el universo:



Para hacernos una idea, la Tierra, que tiene una masa de 6 × 1024 Kg. y un radio de 6.400 Km., provoca en el espacio-tiempo una curvatura insignificante, casi despreciable. En cuanto al universo, dada su inmensidad, las distancias que se dan en él son casi inconmensurables pero, sin embargo, la cantidad de materia que aloja por unidad de volumen es bajísima cuando se compara con un cuerpo como la Tierra. Si se observa el universo a grandes escalas astronómicas, es decir, a millones de años luz, el espacio que se distingue es casi plano como una hoja de papel, no como el que podemos ver en la ilustración anterior.

El ejemplo del colchón y las bolas de hierro nos facilitan la comprensión de la distorsión del espacio, pero no permiten incluir en el dibujo el concepto del tiempo. Es un ejemplo que se queda a medias, porque lo que Einstein postuló es la existencia del espacio-tiempo, incluyendo a este último como una parte más de las dimensiones del cosmos. Tenemos así un espacio-tiempo tetradimensional (tres dimensiones del espacio más una que es el tiempo). Del mismo modo que se comba el espacio por efecto de los objetos, con el tiempo ocurre lo mismo, lo que lo convierte también en algo relativo. No podemos visualizarlo en las imágenes y, aún más, apenas podemos llegar a imaginarlo en nuestras mentes que están “atrapadas” a conceptos inculcados desde generaciones en nuestra forma de visualizar el cosmos:

O bien de forma “bidimensional”, cuando pensamos en un objeto sobre un plano:



O bien tridimensional, cuando lo que buscamos es una situación en el espacio “real” :



¡Qué familiares nos resultan estos gráficos!. Pero imaginar un espacio-tiempo, eso es otra cosa. Podemos entender fácilmente que un movimiento es un cambio en la posición espacial a lo largo del tiempo. Por otra parte, estamos en un universo en que todo está en continuo movimiento. Por ello, para los físicos, la unión de espacio y tiempo es inseparable. Hoy se concibe el universo como un continuo de espacio-tiempo tetradimensional, en contraposición a la idea que aprendimos en el colegio de considerar por un lado el espacio como un hecho tridimensional y el tiempo como algo distinto, no relacionado con el espacio y, además, inmutable. Por ejemplo, si consideramos el movimiento de un planeta como la Tierra, hemos de tener en cuenta el espacio o lugar que ocupa en cada momento y el tiempo que tarda en pasar de un punto a otro. Tiempo y espacio, siempre unidos, como los vio Einstein en su pensamiento.

Un matemático ruso llamado Herman Minkowski ha intentado representar la
imagen tetradimensional del espacio-tiempo de la siguiente forma:



El dibujo ilustra la órbita de un planeta (la bola roja) alrededor de una estrella (la bola amarilla en el centro). Cada uno de los planos cuadriculados representa la posición espacial en un momento determinado del planeta respecto a su estrella. Los planos sucesivos representan situaciones también sucesivas del planeta a lo largo del tiempo. Este último se representa con el continuo de planos alternativos y se ilustra con la flecha central. La flecha roja señala la trayectoria de la órbita del planeta a lo largo del tiempo. En fin, un poco complejo pero nos ayuda a entender el concepto.

Es un concepto que está en el límite de donde podemos llegar con nuestros humildes cerebros. Imaginar una dimensión que incluya tres partes de espacio por una de tiempo, todo ello entretejido como los hilos de una tela, está más allá de la mente del común de los humanos. Por ello cabe considerar este concepto como una idea enormemente grande para un joven que simplemente observaba el mundo con una visión muy personal.

Del mismo modo, los rayos luminosos procedentes de otras estrellas se curvan cuando pasan por la depresión que genera el sol a su alrededor. Esta fue una de las formas de confirmar estos postulados, ya que dos años después de la publicación de esta Teoría General, el 30 de mayo de 1919, se produjo un eclipse solar que mantuvo en vilo a todos los físicos del mundo, ansiosos por descubrir qué había de cierto en las teorías de Einstein. Y así se comprobó cómo la luz que procedía de otras estrellas, al pasar cerca del sol cambiaba de dirección por efecto de esa curvatura del espacio-tiempo tan difícil de creer e imaginar.

Consideremos una estrella situada en una posición determinada del espacio (E). Esta posición la podemos determinar con facilidad cuando su luz nos llega sin interferencias del sol. Supongamos ahora un eclipse solar, en el momento en que la luna se sitúa entre la Tierra y el Sol. La luz de la estrella nos llega y, si siguiéramos la trayectoria de la estrella de forma lineal nos llevaría a situarla en otra posición (E’). Lo que ocurre en realidad es que la luz de la estrella se “curva” cuando pasa cerca del sol, como vemos representado en la figura C:




Visto de otro modo:




Siendo el origen de la línea roja continua el espacio real de la ubicación de la estrella y el de la discontinua el que se extrapolaría por la inclinación de la luz que nos llega a la Tierra (bola azul).


Pero aún hay más. Con la idea de la curvatura del espacio podemos explicar, por ejemplo, cómo funciona un agujero negro (o al revés, el conocimiento de los agujeros negros permite confirmar los postulados de Einstein). Veámoslo a continuación.

Los agujeros negros
Cuando tiramos un objeto al aire, éste ineludiblemente cae al suelo después. Pero esto sólo es así porque no lo tiramos a la velocidad necesaria. Concretamente, cualquier objeto que saliera disparado de la tierra a 11,2 km/seg. escaparía de la Tierra para siempre. A esta velocidad se la llama “velocidad de escape”.

La Luna, por ejemplo, tiene una “velocidad de escape” estimada en tan sólo 2,4 km./seg. A esta velocidad, nuestro satélite dejaría de dar vueltas a nuestro alrededor y saldría disparado al espacio estelar.

Ahora imaginemos una masa enorme, muy pero que muy enorme, concentrada en un objeto muy pequeño. Según la teoría de Einstein, esta masa enorme pero muy concentrada provocaría una alteración del espacio muy singular. Podemos imaginárnosla de este modo:



Cualquier otro objeto que cayera en semejante depresión espacial tendría que disponer de una gran “velocidad de escape” para poder salir de la misma. Lo que ocurre con los agujeros negros es que esa velocidad necesaria para escapar de los mismos es superior a la de la luz y como ya hemos dicho que nada puede viajar a mayor velocidad que la de la luz… ¡nada puede escapar de la atracción de un agujero negro si tiene la desgracia de acercarse demasiado al mismo!. (No puede escapar ni siquiera la propia luz, por eso les llamamos “agujeros negros”).



Para hacernos una idea, para provocar un agujero negro, la Tierra tendría que concentrar toda su masa en una bolita de tan sólo 9 milímetros de radio. El sol tendría que ser una esfera de 3 km. de radio para provocar lo mismo (si eso ocurriera, no hay que pensar que los planetas del sistema solar caerían sin remedio en ese enorme agujero del espacio, ya que dicen los físicos que para caer en un agujero negro hay que acercarse tanto como el radio del objeto que lo provoca…).

Einstein nunca habló de agujeros negros, pero sus teorías los hacían posibles (y de hecho, todo aquello que es posible, dado lo infinito del Universo tiene que existir). Han tenido que pasar docenas de años para poder tener pruebas claras de su existencia.

El conocimiento de los agujeros negros, además, ha propiciado la investigación de las posibilidades del viaje al pasado. No volveremos sobre este tema, pero veamos unas interesantes imágenes que pueden dar más idea del concepto que un corto comentario:

Dos agujeros conectados que nos desplazan a dos planos espaciales (y temporales) distantes, en una superficie del cosmos que se curva sobre sí misma:












Visto de otro modo:






El Universo podría estar lleno de este tipo de vías rápidas de desplazamiento entre distintos lugares del espacio-tiempo. Incluso se estima que podrían crearse para utilizarlas a nuestro antojo. De momento son sólo teorías incipientes sobre las que están trabajando los físicos, pero en el futuro podrían ser mucho más.



Los conos de luz
Si un pulso de luz es emitido desde un punto concreto del espacio en un momento determinado (ambas cosas son absolutamente necesarias de concretar), la expansión de la luz se producirá en forma de una esfera de luz de manera que, a la millonésima de segundo la luz se habrá esparcido y el radio de la esfera será de 300 mts. A las dos millonésimas de segundo, el radio será ya de 600 mts., y así sucesivamente. Será como las ondas que se extienden por la superficie de un estanque cuando tiramos una piedra. Si imaginamos que cada momento es un corte espacial y ponemos un corte sobre otro, la imagen que nos aparece es la de un cono: ésta es la figura que dibuja el avance de la expansión de la luz en el tiempo a través del espacio. Veamos si soy capaz de explicar en los siguientes gráficos que he dibujado en el ordenador en los que he intentado representar esta visión del universo:


Si pudiéramos realizar una visión superior (desde “arriba”) de ese cono de luz, veríamos lo siguiente:

Y si imaginamos todos los sucesos que están ocurriendo en el universo, la imagen tendría que ser más o menos ésta multiplicada hasta el infinito:


Esta particular visión del Universo tuvo gran trascendencia. Antes de estos postulados de Einstein, se creía en un universo estático, como una especie de marco fijo en que los acontecimientos tenían lugar. Infinito, sí, pero siempre igual. Este concepto dinámico del espacio y del tiempo, así como la especial interrelación que tienen ambos, daba al Universo un dinamismo impensable antes de Einstein. Si bien no fue él el primero que aventuró la idea de una especie de “big-bang” original, fue él quién puso las bases para que otros, muy pocos años después, pensaran en ello y lo teorizaran.


La grandeza de Einstein

Hoy seguimos estudiando en el colegio y utilizando para las cosas prácticas y para comprender el Universo las leyes de Newton, ya que entre sus predicciones y las de las teorías de Einstein apenas hay diferencias en las situaciones que nos afectan en nuestro día a día. Las Leyes de Newton, además, son de más fácil explicación y comprensión (hay una anécdota de los años veinte sobre un conocido astrónomo inglés experto en las teorías de Einstein al que un periodista le dijo que había oído que sólo había tres personas en el mundo que las pudieran entender, a lo que el experto, tras una pausa, replicó “Estoy tratando de pensar en quién es la tercera persona”) .

Por otra parte, en los últimos decenios del siglo pasado, la investigación en física parece haber estado más centrada en el mundo minúsculo de las moléculas que en el macromundo del Universo. Es más, cada paso que se da en el conocimiento de ese pequeño mundo, se contradicen más cosas que parecen estar claras en el mundo “grande”. Como si hubiera dos formas de explicar los fenómenos, una a escala menor, que intenta explicar la física cuántica, y otra a escala mayor, sobre la que Einstein aportó tanto al conocimiento científico. Einstein pasó los últimos años de su vida buscando una teoría que fuera capaz de unificar ambos puntos de vista. Pero esta “Teoría unificadora” o “Teoría del todo”, aunque científicos de todo el mundo llevan decenios tras ella, aún está por descubrir.


Más tarde o más temprano el reinado de Einstein terminará, como terminó el de Newton. La mayoría de científicos piensan que no está lejos el día que otra mente privilegiada nos abra la puerta a nuevas formas de enfocar la visión del cosmos. Ya existen hoy en día un buen número de teorías gestándose, pujando por ser las ganadoras en esta carrera. Un universo con varias dimensiones paralelas con distintas realidades, unas constantes “universales” que pueden ser diferentes en otras dimensiones inabarcables para la observación humana, telas del espacio-tiempo no regulares como las cuadrículas que imaginó Einstein, sino divididas en trozos irregulares e indivisibles, un universo formado por cuerdas vibrantes, etc. Sea lo que sea, nada nos quitará ya la agradable sensación de haber disfrutado durante un siglo de ese genio brillante con aspecto de niño grande que ha representado una especie de modelo de inteligencia al que mirarse.

lunes, 16 de febrero de 2009

SOBRE LOS GENOCIDIOS

SOBRE LOS GENOCIDIOS
(Diciembre 2006)

¿Por qué?

Respuestas, respuestas, siempre respuestas. Creemos que para todo hay un “por qué” y nos esforzamos por contestar a la pregunta, sin darnos cuenta de que, a veces, las cosas simplemente suceden.

Cuanto más graves o relevantes resultan las consecuencias de los actos humanos, bien colectivos o individuales, tanto más nos asaltan las preguntas, los “por qués”. Y de todos los actos colectivos que pueden realizar los humanos, ninguno que más preguntas plantee sobre sus causas que los genocidios, los ataques masivos de humanos contra humanos, la eliminación sistemática del “otro”, del que es diferente. A todos nos recorre un escalofrío cuando pensamos que podríamos haber sido víctimas inocentes, pero pocos pensamos que también podríamos haber formado parte de los verdugos.

Salvajes ataques entre grupos étnicos, como los ocurridos en Ruanda, exterminios masivos de poblaciones por motivos religiosos como los que tuvieron lugar en la Guerra de los Balcanes o, en la máxima expresión del terror, el holocausto nazi, son los hechos dramáticos que nos vienen hoy a la mente al pensar en genocidios, como si éstos solo hubieran sucedido a lo largo del siglo XX. Pero sólo hay que dar un vistazo a la historia para darse cuenta de que el hombre nunca ha tenido límites a la hora de infringir daños masivos sobre los “otros”, el enemigo, el infiel, el distinto, el incapacitado. Los genocidios han sido una constante en la evolución de la humanidad, en todas las civilizaciones y en todos los continentes.

Lo que ocurre es que en el siglo pasado nos creíamos curados de la posibilidad de que estos actos salvajes volvieran a repetirse. Habíamos llegado a creer que la civilización, la información, la cultura, el conocimiento, la educación e incluso la democracia, nos ponían a salvo de estos ataques colectivos de locura que llamamos genocidios. Y no fue así.

Definición de genocidio
La definición de genocidio aparece por primera vez en la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio y fue plasmada en una resolución de las Naciones Unidas en 1948. Se define el genocidio o asesinato de masas como la comisión, por funcionarios del Estado o particulares, de actos con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso. Estos actos comprenden la muerte y lesión a la integridad física o moral de los miembros del grupo, el exterminio, la adopción de medidas destinadas a impedir los nacimientos en el grupo o el traslado forzoso de niños.
Esta definición fue recogida en el Estatuto de la Corte Penal Internacional en 1988, donde se especifica que se trata de un delito internacional.

Algunas pautas de frecuente repetición
¿Podríamos encontrar pautas comunes que nos den alguna respuesta?. Podemos intentarlo.

1. El caldo de cultivo: las guerras civiles

En los precedentes inmediatos de muchas explosiones genocidas encontramos guerras civiles larvadas (o no tanto). Guerras civiles que bien por sí mismas, en su avance, han sido la causa directa de actos salvajes, o bien han propiciado la llegada al poder de individuos o facciones que se han encargado después de aplicar la ley del más fuerte.

Una guerra civil larvada es la que había en la Alemania de los años veinte, cuando grupos obreros con ideas prosoviéticas pugnaban con los grupos fascistas por hacerse un hueco en el frágil estado Alemán nacido tras el fin de la I Guerra Mundial. Resultado de este clima fue el apoyo creciente que fue ganando el fascismo nacista, resultado del cual acabó obteniendo una destacada representación parlamentaria que fue el primer paso para alcanzar el poder total.

La Guerra de los Balcanes también puede considerarse como una guerra civil, entre ciudadanos que durante decenios habían compartido estado, la antigua Yugoslavia. De las ansias de independencia a la exaltación de las diferencias, de éstas al odio, del odio al salvajismo, en una escalada sin fin.

También una guerra civil imperaba en Ruanda en 1994, año del genocidio. La explosión de violencia de los miembros de la etnia hutu contra los tutsis, tratándolos a todos por igual como miembros de la guerrilla opositora, fue una consecuencia anunciada a gritos por la violencia creciente existente en el país justo antes del inicio de los ataques masivos. Casi un millón de personas pagaron con su vida las consecuencias.

2. Las voces mesiánicas

Cuando el caldo de cultivo es el apropiado, el populismo tiene pocas barreras para hacerse con el poder. Y no hace falta que ese ambiente propicio sea exageradamente turbulento, como sería el caso de una guerra civil declarada (caso de los Balcanes). En la Alemania previa a la II Guerra Mundial, no había una guerra civil manifiesta, pero el ambiente era propicio para el populismo. El país estaba pagando las consecuencias de su derrota en la I Guerra y de las duras condiciones impuestas por los países vencedores en el Tratado de Versalles. Los alemanes se sentían maltratados. Una nueva generación, que no había participado en aquella guerra, sufría las consecuencias de miseria, paro e incluso hambre que los gobiernos occidentales permitían sin pudor. Era una situación propicia para que surgiera alguien que levantara la voz contra esa injusticia y, sobre todo, que clamara al orgullo de país. Y para desgracia de todos, incluyendo los propios alemanes, esa persona fue Adolf Hitler.

Más de medio siglo más tarde, ese papel lo ocupó también en un pais europeo, Slobodan Milosevich, que alentó con su voz y desde su púlpito de Presidente del pais, el sentimiento serbio, haciéndoles creer que sus vecinos eran sus enemigos.

3. Los dictadores

Si el populismo sabe manipular a las masas, a las dictaduras ni siquiera les hace falta esa capacidad. La fuerza de las armas dota de un poder absoluto a los líderes militares. Es el caso de las dictaduras Argentina o Chilena. Los miles de desaparecidos, ajusticiados sin juicio y sin posibilidad de defensa, cuyos cuerpos, además, fueron ocultados y enterrados en fosas comunes escondidas, pueden calificarse también de genocidio.

Muchas voces populistas, una vez en el poder, se transformaron en los más duros dictadores. Es el caso de Mussolini en Italia o del mismo Hitler. Llegaron al poder utilizando los resortes que les ofrecían los sistemas políticos participativos imperantes en sus países, pero una vez en el poder, se encargaron de cambiar las leyes para perpetuarse y convertirse en puros y duros dictadores.


4. La distorsión de los medios de comunicación

Los nazis fueron pioneros en darse cuenta del poder que tenían los medios de comunicación. La prensa y, sobre todo, la radio, se convirtieron en armas de cautivar a las masas. La intoxicación de la información fue vital para perpetuar en el poder al nacionalsocialismo y, sobre todo, para mantener a la población alemana muy lejos de conocer las barbaridades que se estaban llevando a cabo desde el estado durante la guerra.

Todos los aprendices a dictador del mundo reconocen el valor de los medios de comunicación y saben que una de sus primeras misiones para hacerse con el poder y evitar voces contrarias, es conseguir el dominio de la prensa, la radio y la televisión.

Con el dominio de los medios de comunicación, a base de destilar constantes falsedades, puede conseguirse que una mayoría social esté a favor o en contra de determinadas actuaciones, incluyendo las más incomprensibles, como podían ser las leyes anti-judías que fueron apareciendo en Alemania en los años inmediatamente anteriores a la II Guerra Mundial.

Y si pensamos que hoy en día la gente está más informada y que es más difícil conseguir adhesiones inquebrantables sobre decisiones incomprensibles, no hay más que dar un vistazo a lo que ocurre en nuestro país con los asuntos políticos. Un ejemplo: muchas personas fuera de nuestra Comunidad Autónoma creen de verdad que en Catalunya se vive en un clima de crispación social explosivo. Los medios de comunicación siguen gozando de un gran poder de convencimiento.

5. Los desastres económicos

Desde nuestra atalaya privilegiada, tras más de medio siglo sin hambrunas y sin miseria colectiva, creemos que un desastre económico es un punto más o menos de inflación o que los tipos de interés suban unas décimas más o menos. Pero un desastre económico, un verdadero desastre económico no es eso. La miseria, el hambre, las injusticias sociales, la pobreza masiva, el desatendimiento de las necesidades más básicas, son motivo más que suficiente para provocar revoluciones y levantamientos sociales, con odio y sed de venganza que pueden desencadenar en masivas muertes violentas.

Un ejemplo de ello sería la revolución bolchevique que se vivió en Rusia en 1917. La miseria de las masas campesinas rusas no tenía igual en ningún otro país europeo. En cuanto un partido supo aunar las voces de los hambrientos, la revolución estaba servida. Y las venganzas y los asesinatos masivos. Lo que ocurrió después en época de Stalin fue otra cosa.

6. Las amenazas

Desde sus orígenes como especie, el ser humano ha aprendido a defenderse de las amenazas. Varios miles de años atrás, el encuentro ocasional con miembros de otra tribu desencadenaba un ataque defensivo y un enfrentamiento a muerte. Con los años hemos aprendido a tolerarnos, básicamente porque ya no es posible vivir en pequeñas poblaciones separadas por grandes distancias entre unas y otras. Pero las amenazas siguen latentes en nuestros genes. La amenaza del enemigo político provocó en Rusia, en tiempos de Stalin, uno de las mayores genocidios de toda la historia de la humanidad, sino el mayor, ya que fueron entre 20 y 50 millones, según las fuentes, los rusos que pasaron por los campos de concentración y fallecieron en ellos.

También fue el miedo a la amenaza del “otro” lo que convirtió un enfrentamiento entre cuerpos militares hutus y tutsis en una auténtica masacre entre dos etnias que habían convivido juntas desde hacía siglos.

7. Las fobias, el racismo


Del mismo modo que desde un punto de vista médico hay que buscar explicación a las fobias desde la psicología, el racismo tampoco tiene un significado racional. Los judíos o los gitanos no representaban una amenaza para nos nazis. Era puro y simple racismo. Un odio ancestral hacia determinados grupos sociales o razas. En estos casos, cualquier motivo es bueno para emprender una campaña violenta contra el otro.

El racismo o los odios ancestrales o las falsas o forzadas convivencias han sido motivo de enfrentamientos desde tiempos inmemoriales. No sólo es el caso de los nazis, este motivo también está detrás de las barbaridades cometidas en Bosnia o en Ruanda.


8. La confianza en la falsa democracia

Las recién nacidas democracias europeas, surgidas tras el fin de la I Guerra Mundial y el triunfo de las ideas liberales, pudo generar una falsa sensación de confianza entre los ciudadanos. Por una parte, si el poder estaba en las urnas y la población elegía sus gobernantes, era imposible que se instaurara una dictadura. Por otra, las decisiones tomadas por un Parlamento soberano, en el que en teoría convivían gobierno y oposición, tenía que ser una garantía para que las decisiones tomadas no carecieran de sentido común. Ambas cosas se mostraron como falsas en Alemania. Fue a través de elecciones libres que el partido de Hitler ocupó sus escaños en el Parlamento Alemán y, más tarde, el propio Hitler se hizo con la cancillería del país para a continuación poner en marcha los medios de acallar la disidencia. Y fue esa aparente democracia dominada por los nacionalsocialistas la que consiguió que millones de ciudadanos alemanes aceptaran la promulgación de leyes que ofendían a la dignidad humana. ¿Cómo pudieron aceptar los ciudadanos que muchos de sus vecinos tuvieran que ir por la calle con brazaletes que los identificaban como judíos?.

9. La explosión, la locura de las masas.

Y al final se desencadenan los acontecimientos. Salvo en aquellos genocidios planificados desde el poder, como el ruso o el alemán, es habitual que se produzca una chispa, un primer momento que dispara la furia colectiva. Todo lo comentado hasta ahora, la miseria, el hambre, la pobreza, el miedo a la amenaza, el odio irracional del racismo, la intoxicación creada por la falsa información, la voz omnipresente de los dictadores mesiánicos, todo ello se mezcla en una olla a presión incontrolada que puede llegar a explotar. Y cuando lo hace, es difícil contener sus consecuencias. Los seres humanos protegemos nuestra individualidad. Somos y queremos ser distintos y únicos. Pero cuando nos encontramos en medio de una masa de personas con los instintos desatados, perdemos la individualidad y nos convertimos con facilidad en seres irracionales capaces de cualquier cosa. Si se produjera una emergencia, un incendio o un ataque terrorista, en un estadio de fútbol ocupado por 100.000 personas, podríamos salir del lugar de forma ordenada, por los pasillos correspondientes y ayudando a los niños y los ancianos. Pero el riesgo de perder los estribos y dejarnos arrastrar por la masa depende tan sólo de unos pocos que pierdan los nervios y motiven al resto. Son docenas las personas que han muerto en estadios de deporte por este motivo. Lo mismo pudo ocurrir con las tropas serbias que realizaron atrocidades en los pueblos musulmanes bosnios. ¿Todos los soldados eran asesinos racistas?. ¿O se produjo un estado de histeria y violencia colectiva que arrastró a las tropas hacia las mayores salvajadas?.

Pautas comunes

No creo que haya pautas comunes que se repitan en todos los casos de genocidio, pero si pienso que hay unas causas que se repiten en muchos de ellos. Las que he comentado podrían agruparse en:

Sociales: las amenazas, el racismo.
Económicas: la pobreza, el hambre, la miseria
Políticas: las guerras, el populismo, las dictaduras, las falsas democracias, la manipulación de los medios de comunicación.

También podríamos diferenciar entre una mayor o menor planificación. El ejemplo de planificación más fría y estricta es el holocausto nazi, donde se planificó el exterminio de millones de personas de una forma consciente y estudiada. También estuvieron bien planificados los genocidios ruso y camboyano, por ejemplo, que contaron con sus campos de internamiento o “reeducación”. En otros casos, la dinámica de la guerra, con sus odios y sus atrocidades, fue el principal motivo, bajo mi punto de vista, del exterminio. Sería el caso de los Balcanes.

A todo ello podríamos añadir otros elementos que pueden favorecer los genocidios, pero que no son imprescindibles:
- Un bajo nivel de educación.
- Las desigualdades sociales
- Las injusticias del pasado que desencadenan en venganzas

La responsabilidad social

Podríamos diferenciar entre la responsabilidad de la sociedad previa al desencadenamiento del genocidio, la que podemos considerar que ocurre durante y la posterior.

1. La responsabilidad previa

Los genocidios no surgen de la nada. Todos tienen un más o menos largo periodo de preparación. Y es en este periodo cuando la sociedad puede intervenir para detener el desastre. En la década de los años treinta, fueron constantes los ejemplos que dio el poder alemán sobre lo que podría ocurrir con los judíos. Las leyes anti-judías se proclamaron una tras otra, a cual peor, y la sociedad alemana miró hacia otro lado o creyó que alguna razón debería tener el gobierno para actuar así y, en cualquier caso, pensó que el tema no iba con ellos. No hay signos inocentes o de poco alcance, cualquier movimiento dirigido a dañar a un grupo concreto de ciudadanos, sea por motivos raciales, políticos o religiosos, debe ser criticado y detenido por parte de la sociedad. Esa fue una gran enseñanza que pudimos aprender de la época nazi.

2. La responsabilidad durante

Algo parecido ocurre cuando se desencadena el desastre, si bien en este momento los verdugos son conscientes de la necesidad de amortiguar a las buenas conciencias y utilizan todos los medios posibles para desinformar o torturar la información par que la sociedad no sea conocedora de lo que ocurre. Coincido con la opinión de los que creen que la mayoría de la sociedad alemana no era conocedora o conocía solo muy parcialmente lo que estaba ocurriendo en los campos de concentración. Alemania estaba en guerra y los ciudadanos alemanes tenían muchas cosas por las que preocuparse. Una desinformación bien manejada por parte del poder pudo tener a millones de personas alejadas de la realidad. A pesar de ello, puedo comprender el sentimiento de culpa que arrastró una generación entera de alemanes, cuando al finalizar la guerra se destaparon las atrocidades llevadas a cabo por el poder alemán.

3. La responsabilidad después

¿Quién debe pagar por los crímenes cometidos?. ¿Sólo los verdugos directos?. Es imposible juzgar con la razón hechos que han sido cometidos con locura fanática. ¿Cuántos fueron los ruandeses hutus que actuaron como verdugos durante las masacres de tutsis del año 1994?. Probablemente miles de personas se dedicaron durante semanas a matar a machetazos a sus conciudadanos y docenas de miles las que consintieron las matanzas. ¿Qué ocurrió?. ¿A quién juzgar, condenar y castigar?. Es difícil llegar a conclusiones. Los verdugos directos son culpables, pero detrás hay una sociedad que apoyó y alentó las matanzas. Después, con el tiempo y la reflexión, también son miles los que sienten un sentido de culpa atroz. Ocurrió en Ruanda, y también en Alemania. Los militares alemanes que en base a la obediencia debida (¡se jugaban su propia vida si desobedecían!), o muchos ciudadanos que sí tuvieron suficiente conocimiento de lo que ocurría y no actuaron (¿cómo actuar si la oposición era masacrada y tratada como una víctima más?), arrastraron durante el resto de su vida un sentimiento de culpa considerable.

¿Estamos nosotros libres de este mal?

La respuesta en mi opinión es muy clara: no, un no rotundo. Nadie está libre de convertirse en consentidos o incluso en verdugo. Ni la educación, la cultura, el bienestar económico, la democracia, nada nos libra de ese mal. Reconozco que en parte todo lo anterior son buenas medidas para dificultarlo, pero no sirven para erradicarlo.

Podemos poner muchos ejemplos del riesgo en el que todos estamos inmersos.

- Han sido millones los franceses que han apoyado las ideas racistas de Le Pen. Hasta un 15% de la población francesa llegó a votar a su partido en algunas elecciones.

- Son frecuentes los brotes de violencia nazi que atacan inmigrantes, queman los albergues o se manifiestan por nuestras calles. Son miles los europeos seguidores de las ideologías más extremistas, incluso en nuestro propio país, donde no es difícil encontrarlos en determinados lugares de reunión. Aunque el proselitismo nazi está prohibido, no es anecdótico encontrar jóvenes con la esvástica en su ropa o tatuada en su piel.

- ¿Qué hubiera ocurrido en España si la autoría de los atentados del 11-M de Madrid se hubiera conocido desde el primer momento?. ¿Qué hubiera ocurrido si en el momento de mayor dolor, cuando aún se estaban contando los muertos, hubiera aparecido en televisión un seguidor de Al-Qaeda diciendo que los españoles somos unos infieles, que todos merecemos la muerte, etc.?. La reacción tras los atentados fue un ejemplo para todo el mundo. No se produjo ninguna reacción contra los musulmanes que viven con nosotros. Pero, ¿quién está seguro de que las cosas no podrían haber sido muy distintas?. Sólo hubiera hecho falta una mecha, algo que hubiera hecho saltar un resorte en una parte afectada de la población para entrar en la dinámica de la locura colectiva, ¿o no?.
- ¿Qué decir cuando un camionero parece atropellar a una niña, cosa que en realidad no ocurrió pues apenas la rozó, y en un momento es linchado en plena calle por vecinos y familiares que se encontraban en el lugar?. ¿Todos ellos eran unos asesinos?. La locura colectiva previa al genocidio puede aparecer en cualquier momento y en cualquier lugar.

¿Qué podemos hacer?

Se me ocurren algunas cosas que podríamos hacer para alejar el peligro:

* Educar, educar y educar. Seguir aumentando el nivel cultural de la sociedad. La cultura nos hace sabios y más independientes y la sabiduría puede alejarnos de la locura colectiva.

* Implicarnos en la política. A los jóvenes parece no interesarnos demasiado la política. La verdad es que lo políticos tampoco hacen mucho para que nos interesemos. Pero dejar que los políticos actúen sin crítica e inhibirse en los momentos cruciales, como son las elecciones, es peligroso.

* Hacer oídos sordos a los populistas que calientan a determinados grupos sociales en contra de otros. No sólo no escucharlos, sino utilizar la crítica social para desacreditarlos.

* Elegir los medios de comunicación más independientes, alejarnos de los extremos. Exigir transparencia y cordura a los responsables de los medios de comunicación.

* Abrir nuestras mentes a la diferencia. En el mundo del siglo XXI ya no son posibles las naciones “puras”. La mezcla, el libre movimiento de ciudadanos por el mundo son el futuro. Tenemos que potenciar aquello que nos une por encima de nuestras diferencias de raza, culturales o religiosas. Hay unos valores comunes que hemos de poner por encima de todo.

* Ser intransigentes con los pequeños detalles. Un simple chiste racista no es nada inocente. No sólo hay que evitarlos, sino criticarlos cuando aparecen en una conversación.

Ni estamos libres de ser víctimas ni de ser verdugos, pero podemos hacer cosas para mantenernos lejos de caer en este terrible mal.


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domingo, 15 de febrero de 2009

Una propuesta de diez puntos a tener en cuenta en nuestro trabajo

SOBRE EL LIBRO "UNA BREVE HISTORIA DE CASI TODO"

SOBRE LAS COMPARACIONES CURIOSAS
DEL LIBRO "UNA BREVE HISTORIA DE CASI TODO"

* El punto de una “i” como ésta contiene unos 500.000 millones de protones.
* En el primer minuto tras el “Big-bang” inicial, el universo ya tenía un millón de miles de millones de kilómetros de anchura
* Si alguien encendiera una cerilla en la luna, los instrumentos astronómicos actuales permitirían detectarla de inmediato.
* Si Plutón se colocara encima de Europa occidental, apenas llegaría a cubrirla por entero.
* Viajando a la velocidad de la luz (300.000 km/seg.) tardaríamos 7 horas en llegar a Plutón.
* La velocidad máxima alcanzada por un artefacto humano es la de las naves espaciales Voyager 1 y 2, que están ahora alejándose de nosotros a unos 56.000 km/h. (930 km./seg. aproximadamente).
* El sol, los planetas del sistema solar y todos los asteroides y cometas que hay en él ocupan menos de una billonésima parte del espacio disponible.
* Neptuno, por ejemplo, está cinco veces más lejos de Júpiter que la distancia que separa a éste de La Tierra.
* En un dibujo a escala y con La Tierra del tamaño de un guisante, Júpiter estaría a 300 metros de distancia y Plutón… ¡a 2,5 kilómetros!., y sería del tamaño de una bacteria… A esta escala, la estrella más próxima, “Alfa Centauri” estaría a 16.000 km. de distancia de nosotros (unos 40 millones de millones de km. a escala real…). Aunque lo redujéramos todo de escala y Júpiter fuese tan pequeño como un punto de este texto y Plutón fuese del tamaño de una molécula, este último planeta aún estaría a 10 metros de nosotros…
* Desde Plutón el sol tiene el tamaño de la cabeza de un alfiler.
Plutón no es el último objeto de nuestro sistema solar. Tras él se encuentra el cinturón de asteroides llamado “nube Oort” que se halla muchísimo más lejos de lo que podemos imaginar. Si Plutón está a una distancia de la Tierra que es unas 40 veces mayor que la distancia de la Tierra al Sol, que es de unos 150 millones de km. (es decir, Plutón está a 150x40=6.000 millones de km…), el centro de la nube Oort se encuentra… ¡a 50.000 veces esta distancia! (a 7,5 millones de millones de km. de la Tierra…). La anchura de este cinturón se estima en unos dos años luz, es decir, unos 18 millones de kilómetros…. Si recorrer la distancia de la Tierra a la Luna (386.000 km.) ya es una proeza, pensar en salir del sistema solar es inimaginable.



En conclusión:
Distancia desde la Tierra (Kilómetros) / Tiempo en llegar a la velocidad de la luz (300.000 km./seg.)

Al Sol: 150.000.000 / 8 min. y 19 seg.

A la Luna: 386.000 / 1,3 segundos

A Plutón: 6.000.000.000 / 7 horas


Al centro del cinturón de asteroides: 7.500.000.000.000 / 10 meses

A la estrella más cercana (Alfa Centauri): 40.000.000.000.000 / 4,3 años

* A la velocidad de nuestras naves espaciales, tardaríamos 25.000 años en llegar a Alfa Centauri.
* Para saltar a la siguiente estrella, Sirio, tendríamos que volver a recorrer otros 4,3 años luz…, es decir, otros 25.000 años de viaje.
* Se calcula que existen unas 140.000 millones de galaxias como la Vía Láctea y que es ésta hay de 100.000 a 400.000 millones de estrellas… por lo que la probabilidad de que exista vida en el Universo es inmensa.
* Si las galaxias fuesen guisantes congelados, su número sería suficiente para llenar hasta el techo un gran auditorio como el Palau Sant Jordi, por ejemplo.
* En el Universo puede haber 10.000 millones de billones de planetas… Pero el vacío que hay entre ellos es tan absoluto que si “cayéramos” de pronto en el Universo, las posibilidades de caer sobre un planeta o cerca de uno serían de tan sólo… ¡una entre 1.000 billones de billones!... Hay mucho vacío en el Universo.
* La Estrella Polar podría haberse apagado hace 680 años, que es el tiempo que tarda en llegarnos la luz desde donde se encuentra.
* Desde la Tierra sólo son visibles a simple vista en el cielo unas 6.000 estrellas y sólo 2.000 pueden verse desde un punto cualquiera.
* Hace 4.600 millones de años se acumuló en el espacio donde estamos un gran remolino de gas y polvo de unos 24.000 millones de km. de anchura. El 99,9% de su masa formó el sol. El resto dio lugar a los planetas del sistema solar. La Tierra se formó en menos de 200 millones de años.
* Hace unos 4.400 millones de años un objeto del tamaño de Marte chocó con la Tierra. El material desprendido de ese choque y de la explosión que lo acompañó formó nuestro satélite, la Luna. Durante los 500 millones de años siguientes, la Tierra siguió sufriendo un bombardeo de impactos de cometas, meteoritos y demás objetos galácticos. Hace entre 3.800 y 4.000 millones de años la Tierra empezó a estabilizarse. La vida surge casi de forma inmediata…
* La Tierra tiene 43 km. más medida en el ecuador que si se mide de “arriba abajo” pasando por los polos.
* La Tierra pesa 6.000 millones de billones de toneladas métricas (una tonelada métrica equivale a 1.000 kg.).
* Nuestro cuerpo contiene aproximadamente unos 7x10 elevado a 18 julios de energía potencial que, si supiéramos cómo liberarla, podría estallar con la fuerza de una treintena de bombas de hidrógeno.
* A nivel del mar y a una temperatura de 0 grados centígrados, un centímetro cúbico de aire (más o menos el tamaño de un terrón de azúcar) contendrá 45.000 millones de millones de moléculas.
* Cada uno de los átomos que poseemos ha tenido que pasar por varias estrellas y ha formado parte de millones de organismos antes de llegar a formar parte de uno de nosotros. Seguro que todos tenemos átomos que han pertenecido en el pasado a otras personas.
* Si dividimos un milímetro en mil espacios iguales, cada uno de ellos constituirá una micra. Esta es la escala de los microorganismos. Un paramecio, por ejemplo, tiene unas dos micras de ancho (0,0002 milímetros). Para ver a un paramecio en una gota de agua tendríamos que agrandarla hasta un tamaño de 12 metros de anchura. Pero para ver los átomos en esa misma gota de agua… tendríamos que agrandarla hasta un tamaño de 24 kilómetros de anchura… Para descender al tamaño de los átomos tendríamos que coger una micra y dividirla en 10.000 pedacitos más pequeños. Esta es la escala de un átomo: una diezmillonésima de milímetro. Un átomo es respecto a la longitud de un milímetro lo que la anchura de una hoja de papel respecto al Empire State.
* Si se expandiese un átomo hasta el tamaño de una catedral, el núcleo sería sólo del tamaño aproximado de una mosca (aunque una mosca miles de veces más pesada que la propia catedral…).
* Los átomos son principalmente espacio vacío y la solidez que notamos en los objetos es pura ilusión. Cuando dos objetos se tocan, en realidad no lo hacen, sino que lo que ocurre es que las cargas eléctricas de los electrones de ambos se repelen entre sí. Si no fuese por esas cargas eléctricas, los objetos pasarían unos a través de otros sin problemas. Cuando nos sentamos en una silla, en realidad lo que hacemos es levitar encima de ella a una altura de un angstrom (una cienmillonésima de centímetro), con los electrones de la silla y los nuestros repeliéndose entre sí.
* Si distribuyésemos todo el ozono presente en la atmósfera en una capa uniforme alrededor del planeta, ésta tendría sólo un par de milímetros de grosor.
Europa y Norteamérica se están separando a la velocidad que crece la uña de un dedo, unos dos metros en el transcurso de una vida humana.
* Si miramos un globo terráqueo, lo que vemos es una foto fija de los continentes tal como han sido durante sólo una décima del 1% de la historia de la Tierra.
* Hay más de cien millones de asteroides mayores de 10 metros de diámetro que cruzan las órbitas terrestres. Unos 2.000 tienen el suficiente tamaña como para representar una seria amenaza para la vida. Su velocidad es superior a los 100.000 km./h. En 1993 se detectó uno que erró en el blanco por 145.000 km., en términos cósmicos, el equivalente a una bala que atraviesa una manga sin tocar el brazo. Y no se detectó hasta que ya había pasado…
* Un objeto de un centenar de metros de ancho no podría captarse con ningún telescopio hasta que estuviese a unos pocos días de nosotros. Y captarlo sería una casualidad muy improbable, dado el escaso número de telescopios que se dedican a ello.
* El meteorito que produjo la extinción de los dinosaurios, al final del Cretácico hace unos 60 millones de años, medía no más de 10 km. de diámetro y provocó un cráter de 200 km. de anchura y 50 de profundidad, debajo de la península de Yucatán, cráter hoy en día sepultado por dos o tres km. de tierra caliza y con su mayor parte situado en el fondo del mar.
* Una mole como esa, aproximándose a la Tierra, sólo sería visible cuando se calentase, es decir, al entrar en la atmósfera… 1 segundo antes del impacto…
* Un cuerpo a esa velocidad entrando en la atmósfera, no permitiría que el aire se quitara de en medio debajo de él, por lo que éste se comprimiría como en el bombín de una bicicleta. Ese aire se calentaría hasta temperaturas 10 veces superiores a las de la superficie del sol. Al impactar, el objeto se evaporaría, pero se produciría una explosión que haría estallar mil kilómetros cúbicos de roca, tierra y gases supercalentados. Todo tipo de vida a 250 km. a la redonda quedaría eliminada de forma instantánea. Se produciría una onda de choque que irradiaría hacia fuera a una velocidad de docenas de miles de kilómetros por hora. Fuera de la zona inmediata de devastación, la imagen que veríamos sería la de un fogonazo de luz cegadora seguido al instante por la visión de una pared rodante de oscuridad que llegaría hasta el cielo y se acercaría a una velocidad impensable ocupando todo el campo de visión. Se movería en un silencio hechizante, pues lo haría a una velocidad superior a la del sonido. Este efecto arrasaría en unos pocos minutos todo lo que hubiera en un diámetro de 1.500 km. Pero esto sería sólo el choque inicial, las consecuencias vendrían después: terremotos, volcanes entrando en erupción, maremotos de consecuencias inimaginables. Al cabo de una hora del impacto, el cielo se habría cubierto completamente con una nube oscura que escupiría rocas en llamas por todo el planeta. El sol quedaría tapado por una capa de hollín y ceniza durante meses y posiblemente años, lo que afectaría a la vida en toda la Tierra.
* El centro de la Tierra se halla a 6.370 km. de la superficie de los que apenas sabemos nada. Los pozos excavados sobre la superficie terrestre de mayor profundidad son unas minas surafricanas de oro de unos 3 km.
* La escala de Richter de medición de la potencia de los terremotos es exponencial, es decir, un temblor de 7,3 es 50 veces más potente que un terremoto de 6,3 y éste, a su vez, es 2.500 veces más potentes que uno de 5,3.
* A 4 km. de profundidad en el mar, la presión equivale al peso de 14 camiones de cemento cargados uno encima del otro.
* El porcentaje de superficie de la Tierra óptimo para la vida humana (ni demasiado frío, ni excesivamente caluroso, ni muy seco, ni demasiado empinado…) es de tan sólo el 12%. Si incluimos la superficie del mar, ese porcentaje se reduce al 4% de toda la superficie del planeta.
* Si la Tierra estuviera un 1% más cerca del Sol o hasta un 15% más lejos, la vida tal como la conocemos no hubiera sido posible.
* Si la Tierra fuera perfectamente lisa, estaría cubierta por completo de agua hasta una profundidad de 4 km.
* La Luna se está librando de la atracción terrestre a un ritmo de 4 cm. al año. Dentro de 2.000 millones de años se habrá alejado tanto que ya no ejercerá el efecto estabilizador del movimiento terrestre que efectúa hoy en día.
* Hace unos 4.400 millones de años, un objeto del tamaño de Marte impactó con la Tierra e hizo que se desprendiera material suficiente para que se creara a partir de él la Luna.
* Las gotas de lluvia nos dejarían inconscientes si no fueran frenadas en su caída por la atmósfera.
* La atmósfera se extiende hacia arriba hasta unos 190 km. de altura. Parece mucho visto desde el nivel del suelo, pero si contemplamos el globo terráqueo en su conjunto como si fuera uno de los que se venden para estudiantes, equivaldría a un par de capas de barniz.
* La Tierra gira a 1.675 km./h. en el ecuador. Esa velocidad disminuye si nos desplazamos hacia los polos. En Londres, por ejemplo, es ya de tan sólo 900 km./h. En cualquier punto del planeta se tarda 24 h. en regresar al mismo punto de partida, por lo que es lógico que cuanto más cerca de los polos la velocidad de giro sea inferior, pués la distancia a recorrer en un giro es también muy inferior a la del ecuador (unos 40.000 km.).
* El 97% del agua del planeta está en los mares, la mayor parte en el Pacífico que contiene el 51,6% del total del agua oceánica. El Atlántico representa el 23,6% y el Indico el 21,2%. El 3,6% restante se lo reparten el resto de mares.
* La profundidad media oceánica es de 3,86 km., con unos 300 mt. más de media en el Pacífico que en el Atlántico y el Indico.
* El 60% de la superficie del planeta es un océano de más de 1,6 km. de profundidad.
* Nuestro planeta tendría que llamarse “Agua” y no “Tierra”.
* El océano Pacífico es 45 cm. más alto a lo largo de su borde occidental, debido a la fuerza centrífuga que crea la rotación de la Tierra.
* La sal presente en los océanos sería suficiente como para cubrir toda la tierra del planeta con una capa de 150 mt. de espesor.
* Si cogiésemos todas las bacterias del interior de la Tierra y las vertiésemos en su superficie, cubrirían el planeta hasta una altura de 15 metros.
* Si sumásemos toda la biomasa del planeta, es decir, todos los seres vivos, los microbios constituirían como mínimo el 80% del total.
* Sólo ha conseguido formar parte del registro fósil una especie de cada diez mil, sobre el resto sólo podemos especular.
* Si pudiésemos volar hacia atrás por el pasado a la velocidad de un año por segundo, tardaríamos media hora en llegar a la época de Cristo y algo más de tres semanas en llegar a los inicios de la vida humana. Pero nos llevaría veinte años llegar al principio del periodo Cámbrico.
* La historia de la vida es una historia de eliminaciones masivas seguidas de diferenciación dentro de unos pocos linajes supervivientes y no el cuento convencional de una excelencia, una complejidad y una diversidad continuadas y crecientes.
* Como humanos nos inclinamos a pensar que la vida tiene que tener un objeto. Tenemos planes, aspiraciones y deseos. Queremos sacar el máximo provecho a nuestra existencia. Pero, ¿qué es la vida para un liquen?. Sin embargo, su impulso para existir es igual de fuerte que el nuestro, incluso puede que más. Si nos dijeran que tendríamos que pasar la vida siendo una costra peluda en una roca de un bosque perdido, no nos haría mucha ilusión. La vida, en suma, sólo quiere ser y, en general, no quiere ser gran cosa.
* Se calcula que si sumáramos todas las diferentes especies de seres vivos que han existido alguna vez sobre la Tierra, serían varios miles de millones (entre 4 y 30.000 millones). El 99,9% de ellas ya no está con nosotros.
* En el periodo Ordovícico (hace 440 millones de años) se extinguieron entre el 80 y el 85% de las especies que existían entonces, la misma cifra que en el Devónico (hace 365 millones). En el Triásico (hace 210 millones) se extinguieron entre el 70 y el 75%, lo mismo que en el Cretácico (hace 65 millones). Pero el récord lo tiene el Pérmico (hace 245 millones de años), que alzó el telón para la larga era de los Dinosaurios. En el Pérmico se extinguieron el 95% de las especies…
* La extinción del Cretácico sobrevino por el impacto con un asteroide, una roca de apenas 10 km. de ancho. Si hiciésemos estallar una bomba atómica como la de Hiroshima por cada persona viva en la Tierra, aún nos faltarían unos mil millones de bombas para igualar la fuerza de ese impacto.
* Sobre la vida podemos enunciar cuatro postulados: La vida quiere ser, la vida no siempre quiere ser mucho, la vida de vez en cuando se extingue y la vida sigue.
* Tenemos una idea muy pobre del número de especies de seres vivos que existen hoy en día. Las estimaciones van desde los 3 millones a los 200 millones. Pero algunos científicos opinan que el 97% de las especies aún están por descubrir…
* Si pudiésemos visitar el interior de una célula cuyos átomos tuvieran el tamaño de guisantes, nos encontraríamos dentro de una esfera de unos 800 metros de anchura, sostenida por un entramado complejo de vigas llamado citoesqueleto. Dentro de esa esfera, millones de objetos van de un lado a otro como balas, unos del tamaño de balones, otros del tamaño de coches. No habría sitio dónde estar sin ser aporreado por miles de objetos por segundo.
* Si retrocedemos unas 8 generaciones, nos encontraríamos en la época de Charles Darwin y tendríamos que contar con unas 250 personas de cuyas uniones en el momento oportuno depende que nosotros estemos aquí. Si seguimos más atrás hasta la época del Quijote, necesitamos contar con más de 16.000 personas, nuestros ancestros. Veinte generaciones atrás ya son más de un millón las personas que han procreado en nuestro beneficio y cinco generaciones más atrás, la cifra se eleva a unos 33 millones de hombres y mujeres de cuya unión ha dependido nuestra existencia. Treinta generaciones atrás la cifra asciende a más de 1.000 millones. Si retrocediésemos hasta la época de los romanos, es decir, unas 60 generaciones atrás, necesitamos contar con más de un trillón de antepasados directos, una cifra superior a todos los humanos que alguna vez han poblado este planeta… Obviamente esto no es así porque nuestras líneas de ascendencia no son puras. ¡Todos estamos emparentados entre nosotros!.
* Si se juntara el ADN de una sola persona en un filamento, habría suficiente para llegar a la Luna y volver.
* Tres cuartas partes del agua dulce de la Tierra está solidificada en forma de hielo en los casquetes polares.
* Si se fundiese todo ese hielo, los niveles del mar ascenderían 60 metros, la altura de un edificio de 20 pisos.
* Deben haber existido varios miles de millones de humanos desde que existe nuestra especie y nuestro registro fósil no supera la cifra de 5.000 individuos.



sábado, 14 de febrero de 2009

UN LARGO AMOR

Un largo amor


Un largo amor es una travesía oceánica
con muchos puertos.
Un largo amor está plagado de bahías
costas y ensenadas.
El amor breve, en cambio,
apenas permite un corto paseo
a pocas millas de distancia.
¿Cómo apreciar el efecto del viento,
las mareas, las noches estrelladas,
las estaciones, el vuelo de las gaviotas,
las tormentas y los amaneceres?.


Un largo amor no permite engaños
ni fraudes sostenidos
ni alardes permanentes.
El amor breve se consume en fantasías,
consciente de su brevedad,
se reconoce acabado antes de estarlo
y se inunda de prisas y ansiedad,
fugaz y efímero, sin historia ni destino.
El amor breve es una sequía
que se anuncia detrás de desbordamientos
e inundaciones,
una previsión inquebrantable
de batallas por ganar,
de derrotas seguras.
El largo amor, al contrario,
es una tregua cálida y suave,
una solemne declaración de paz.
Un largo amor, como el nuestro,
además, es un enorme álbum de recuerdos.

Cuando te conocí, tenías dedos largos
y muy delgados, como ahora,
y una interminable cabellera rubia,
que se ofrecía como un enorme trigal.


Tus ojos y tu boca eran anchos,
como un universo de promesas,
y sonreías con desparpajo.
Te recuerdo con una camisa fina,
de larga carretera de botones,
sin atajos ni saltos ni sorpresas,
como estaciones de tren a las que ir llegando,
y unos vaqueros sin marca
colmados de atisbos y señuelos.
Éramos jóvenes, muy jóvenes,
apenas una quincena de años
y apenas un indicio de vida.
No recuerdo haber pensado mucho en el futuro,
tú estabas ahí y eso era todo.
Sí recuerdo que escribí un largo poema,
tan largo que te lo iba entregando por capítulos.
Hablaba del paso del tiempo,
de la vida, la muerte y la tristeza.
No sé, nunca lo entendí.
Tampoco ahora lo entiendo
pero fue mi forma de decirte
que ya no había futuro para mi sin ti.
Fue una noche, en un vetusto baile de pueblo,
(si no fue allí, me quedo con ello)
donde nos besamos por primera vez.
Sentí como si de pronto naciera el Amazonas
con su anchura y su caudal,
y fuera abriéndose camino por bosques tupidos,
cavando cañones, saltando precipicios.
Yo creo que ambos supimos ya entonces
que el baile iba a ser largo.
Llevamos más de treinta años bailando.


Por aquel entonces yo llevaba el pelo largo,
con rizos que le daban un aire desordenado.
Lo del bigote fue algo más tarde.
Escuchaba música rock que tú no entendías
(ni falta que hacía)
y tenía veinte centímetros de menos
para ser alto
y diez de más para ser demasiado bajo.
Hablaba mucho de cosas trascendentes
y decía eso de que la luz de las estrellas
tarda miles de años en llegarnos
y muchas las vemos pero ya no existen.

Aquel año inicial
pasó en un sí, no, no, sí
y un día, sin saber cómo ni por qué,
estábamos sentados en el rompeolas de Barcelona.


Nos gustaba ir al rompeolas.
Tú no eras de mar y yo aún no lo amaba,
pero ya tenía algo profético que nos atraía.
Allí juntos sólo había presente, tú y yo,
un par de coca colas y tus manos.
Nunca calculamos años, metas,
deseos por cumplir, horizontes lejanos.
Sólo estábamos juntos en un tic-tac permanente.


Luego tuvimos un dos caballos de hojalata
que fue nuestro primer hogar
y que era capaz de alcanzar los 90 km. por hora.
Ah, cuantas horas de estudio y lectura,
cuanto tiempo de guardia
en el garaje de mi padre,
cuantos libros leídos, cuántas cosas.
Éramos jóvenes, muy jóvenes,
pero estábamos juntos y eso era todo.
Tú me regalabas tu amor,
yo flores y poemas.
Comíamos en casa de tus padres los domingos
y tenías que estar temprano en casa.

Un día, de pronto, acabé la carrera,
me prometieron un título
y el estado me envió a Canarias
a prestar el servicio militar.
Nunca entendí lo de prestar,
ya que nadie me ha devuelto ese tiempo,
ni lo de servicio, ya que no fui útil a nadie,
ni lo de militar, si alguien lo interpreta
como cosas de guerra y fusiles.
Pero estuve un año en Tenerife,
de enero a diciembre, de Reyes a Navidad.


Después de tantos años juntos, fue como un cisma,
yo te escribía poemas y el tiempo se hacía abismo.
Regresé ahogado de distancia
y convertí mi ahogo en un error.
Por fortuna los augurios eran muy fuertes
y un día salío el sol y lo ví claro:
sin tus manos, las mías estaban vacías,
sin tus ojos, no había horizontes,
sin tus besos, no había quimeras,
sin ti era imposible.


Con mi licenciatura de Farmacia en la mano
me estrené de taxista, así son las cosas
y así avanza la vida por nosotros.
El taxi trajo un sueldo y el sueldo ilusiones.
Tras diez años de un poema capitular,
nos dijimos sí, un frío día de abril.
Me recuerdo de pié en el altar,
las manos juntas por no buscarte,
y tú entrando, blanca y pálida,
tus ojos clavados en mí,
y en esas flores que faltaron.


La iglesia estaba en la calle Pujades,
pero no fue un pronóstico,
veintidós años después
ha habido más pendientes suaves,
que altas escaladas.
Qué poco sabíamos del mundo.
Nos fuimos de viaje a recorrer Europa,
con un anciano Renault que supo portarse bien.
Conocimos Roma, Pompeya, Venecia, Pisa y París.
Y tras tres semanas y 6.000 kilómetros,
estrenamos una casa que ahora es hogar,
con un par de maletas grises,
un ajuar escaso y cinco mil pesetas en el banco.


El taxi daba para anécdotas y poco más,
pero un día la fortuna quiso viajar conmigo
y me paró en la calle Pedro IV esquina con Maresma.
Y del que hace un chico como tú en un sitio como éste,
pasé a estrenar traje, corbata y futuro.


Algo había escrito en algún sitio
cuando fue una editorial la que me sacó del taxi.
Podría haber sido una gestoría,
un supermercado, una panadería
o una correduría de seguros.
Pero fue una editorial, médica para más señas.
Y en esto que ocurrió un hecho insólito:
la luna se hizo llena y dejó de dar vueltas,
colgada permanentemente en nuestro cielo.
Como vimos que iba para largo,
le pusimos nombre y Mónica se llama.


Y cuándo aún estábamos cautivados por ello,
ocurrió lo mismo con el sol.
No hay que buscar explicación, fue así.
Y al sol le llamamos Daniel.


Con la constelación completa una cosa llevó a la otra,
y el embalse se cubrió de pañales primero,
de idas al pediatra y tareas escolares después
y de fiestas de cumpleaños, noches en vela,
lloros y risas, muchas risas y alegrías.
Pero el tiempo es muy sagaz
y sabe avanzar cauteloso, sin hacer ruido.
Así que un día habían pasado dieciocho años,
como dieciocho rosas, de luna llena
y sol radiante ocupándolo todo.
Y mi pelo era ya blanco,
y si antes fuimos jóvenes, ya no lo éramos.

Es curioso como se pasa del aún soy joven
a la orilla de la cincuentena en un parpadeo.
Con tanto quehacer y mucho no hacer,
el poso de múltiples heridas banales
era una montaña inexpugnable.
Un día te encontré mirándome
como el que mira a un extraño.
Tuve la tentación de darme la vuelta,
por si había entrado un desconocido,
pero era yo.
Y al caer en el espacio que había entre ambos,
allí, sentados en el sofá, tranquilamente leyendo,
descubrí que se había abierto un cráter
de dimensiones inconmensurables.
¡Qué desconcierto!
Un océano inabarcable.
Pero decidiste coger el timón
para navegarlo juntos, de la mano.
Y aquí estamos: casi medio centenarios,
en este largo amor,
varando en nuevos puertos,
recorriendo millas a fuerza de entusiasmo.


¿Qué nos queda?
Una memoria de olas y mareas
y un horizonte que alcanzar
y al que por fortuna nunca llegaremos,
lleno de augurios, sueños y proezas.
Más de tres décadas es mucho tiempo.
O no. Depende. Da gusto tenerte aquí,
sentada con tus crucigramas,
mientras busco en internet
reproducciones de códices mayas.



Y el silencio ahora es abrigo
que nos cobija y da calor.
¿Cómo describir la maravilla que nos une?
Un largo amor que ahora tomamos a sorbitos,
con delicadeza, en unas tacitas
de preciosa porcelana China.


Ah, Marisol, qué feliz renacimiento.



Josep Crusellas
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